Centennials: La generación del 0 a 0

Ana Ruth Quesada B.

Centennials

En Costa Rica, los que hoy tienen entre 25 y 35 años, definidos como la Generación Z o ‘Centennials’ crecieron con la promesa de que eran la generación del talento, la del bilingüismo, los nativos tecnológicos. Hoy se les ve más cómodos en el comentario, la crítica y la opinión, que en el entrenamiento o el trabajo. No son estudiosos ni rigurosos, y eso se nota donde más nos duele a los ticos: en la cancha y en el aula.

Ni en la cancha

La Selección no fue al Mundial 2026, porque perdió por un golazo de último minuto, perdió si, pero por falta de consistencia. Costa Rica y Honduras empataron 0-0 en San José y quedaron fuera, sin siquiera repechaje. La crónica fue clara: dos de las selecciones más tradicionales de Centroamérica, Costa Rica y Honduras, no lograron asegurar su boleto al mundial.

Ese 0-0 es el marcador perfecto de una generación que juega a no perder. Los centennials de 25 a 35 llenan las gradas virtuales, opinan en redes sociales, hacen memes del Piojo Herrera, pero no sostienen 90 minutos de disciplina. El fútbol tico siempre vivió de garra y esfuerzo, de ir al encuentro y tropiezo mil veces. Esta camada de nuestra selección actual, prefiere la apariencia al proceso. Quieren ser Keylor sin los entrenamientos de madrugada en Pérez Zeledón.

Ni en el aula

Lo mismo pasó con el examen del Colegio de Abogados y Abogadas. En marzo de 2024 la reprobación alcanzó un récord de 95%, con solo un 5% de 1.212 aspirantes aprobando. Dos años después, año 2026, la cifra fue peor: solo 13 de 1.123 personas aprobaron, un 1,1%.

No fue un examen imposible. Fue un examen que pedía lo básico: leer completo, memorizar, argumentar, sin copy-paste. La generación que creció con resúmenes de YouTube, con apuntes compartidos en WhatsApp y con la idea de que “con un 70 paso”, chocó contra una nota de 80 y se quebró. Las universidades con 0% de aprobación no son la excepción, son el síntoma. Y esta generación de centennials, es solo la punta del Iceberg, de una nueva cultura global, de una ruptura en la identidad y la idiosincrasia nacional.
¿Qué les pasó a los de 25 a 35?

1. La educación del “no lo lastimes”

Muchos crecieron con padres que los sobreprotegieron del fracaso. Maestros sin autoridad, medallas por participar, “usted es especial”. Buena intención, mal resultado: aprendieron que el error es vergüenza, no maestro. Entonces evitan el reto difícil. En la cancha eso es tocar para atrás. En el aula es no estudiar lo que no es indispensable. Crianza con refuerzo positivo, adecuación + maestros sin rigor = adultos que le huyen al 80 porque cuesta más que el 70.

2. Crianza a distancia: padres ausentes, niños encerrados, tablets de niñeras

Esta generación se crió en casas donde el papá llegaba tarde del trabajo y la mamá llegaba de trabajar cansada también, para medio revisar en carrera las tareas y pendientes de la escuela. Presentes físicamente, ausentes emocionalmente. La conversación en la mesa se cambió por un “cállate un ratito y vea la tele”.

Por el aumento de la criminalidad y por los barrios sin parques seguros, en los años 90’s y 2000’s se encerró a los niños. Se dejó de jugar pelota en la calle. Se dejó de aburrirse en la acera. El recreo pasó de ser patio, sudor y rodillas raspadas a ser corredor y dispositivos electrónicos. La tablet y el celular fueron el “chupete digital” que sustituyó la comunicación. Niños de 8 años saben cómo desbloquear YouTube, pero no contar cómo les fue en la escuela. El silencio de un niño con audífonos, se volvió sinónimo de “está tranquilo”.

Consecuencia: analfabetismo emocional, atención fragmentada y búsqueda de validación externa. Si tus papás no te vieron jugar, buscas 1000 likes que sí te vean. Por eso opinan más de lo que entrenan o estudian.

3. Cultura del mínimo

Aprendieron a estudiar lo indispensable, no a profundizar. Si se puede pasar con lo justo, ¿para qué matarse? El problema es que ni el deporte ni en la academia se desarrollan con el mínimo.

4. Inmediatez como virtud

Quieren resultados en 90 segundos, no en 90 días de preparación. El algoritmo premia la opinión rápida, no la tesis bien citada.

5. Miedo al rigor

Rigor suena a castigo. Para nuestros jóvenes suena a “toxicidad”. Entonces cambian de carrera, de equipo, de entrenador, antes que cambiar de hábito. Los padres les dijeron “no aguantes nada tóxico”, y confundieron disciplina con maltrato.

6. Identidad prestada

Se definen por lo que consumen, no por lo que producen. Saben la alineación del Real Madrid, pero no la del Municipal Pérez Zeledón. Saben citar un TikTok de motivación laboral, pero no el artículo 69 del Código de Trabajo.

Conclusión

El 0-0 no es solo un marcador ni una nota. Es el indicio de una generación que reproduce los síntomas de una cultura global, de consumo compulsivo y superficialidad. Los centennials de 25 a 35 tienen talento, tienen voz y tienen herramientas que nadie antes tuvo. Pero el talento sin convicción se vuelve comentario, y la voz sin rigor se vuelve ruido.

Costa Rica no perdió por falta de jóvenes capaces. Perdió porque confundimos “habilidad” con “aprendizaje y empeño”. El Mundial y el Colegio de Abogados solo recordaron algo viejo: la garra no se hereda, se entrena. La disciplina no se tuitea, se consigue con esfuerzo.

Si esta generación quiere dejar de ser “la del 0-0”, tiene que cambiar el chip: menos likes, más madrugadas. Menos opinión rápida, más información documentada. No se trata de volver al pasado. Se trata de entender que no hay atajos para lo que vale: ni en la cancha, ni en el aula, ni en la vida.
Porque al final, las generaciones no se definen por lo que aparentan. Se definen por lo que construyen, por su legado y por sus logros.

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