
Luis Paulino Vargas Solís
Haciendo ostentación de una ignorancia insondable y de un fanatismo ideológico de vértigo, la presidenta Fernández afirmó que el Partido Liberación Nacional es comunista.
Pero eso es absolutamente falso. El PLN jamás fue, ni por asomo, comunista, cuando más bien, durante los últimos 42 años, viró hacia posiciones de centroderecha y se cubrió con los ropajes de un neoliberalismo vergonzante.
De hecho, el PLN nació alimentado por una posición claramente anticomunista. Ello posiblemente fue la consecuencia del feroz enfrentamiento que la sociedad costarricense vivió a lo largo del decenio de 1940. Los que, pocos años después, serían fundadores del PLN, se ubicaban entonces en la acera de oposición a los gobiernos calderonistas del período 1940-1948, cuyo principal aliado era el Partido Comunista liderado por Manuel Mora. Y siendo que este último era la avanzada más beligerante de aquella coalición (que incluía a la Iglesia Católica), la cual trajo a Costa Rica las reformas sociales, seguramente los jóvenes socialdemócratas de la época –Pepe Figueres por un lado, Rodrigo Facio y sus muchachos por el otro– creyeron ver ahí a su enemigo principal.
El triunfo del grupo de don Pepe en la guerra civil de marzo-abril de 1948 y el gobierno de la Junta Fundadora de la Segunda República (abril 1948-noviembre 1949), respetó y luego fortaleció las grandes reformas sociales de inicios del decenio y, por su propia cuenta, introdujo otras reformas importantísimas. Todo esto, en su conjunto, construyó la Costa Rica democrática y pacífica que en los decenios siguientes ganaría prestigio a nivel mundial como un ejemplo de progreso económico con justicia social.
Pero también es cierto que esa Junta desató una violenta persecución contra los opositores, muy especialmente los comunistas. He ahí la gran mancha que percude su legado.
Eso abrió heridas y dejó cicatrices. Y entre esas muchas heridas, quizá la más grande, que sigue abierta y sangrante, fue la muerte en el exilio, en México, de nuestra queridísima María Isabel Carvajal, Carmen Lyra, en mayo de 1949.
En los decenios siguientes el PLN lideró un proyecto político ambicioso. Era un programa reformista que se inspiraba en la economía de Keynes, el “New Deal” de Roosevelt, la socialdemocracia europea y el proyecto desarrollista latinoamericano de la CEPAL.
Ese proyecto era liderado desde el Estado y buscaba satisfacer y compatibilizar dos grandes objetivos: la modernización y diversificación del capitalismo costarricense, y, a la par, la construcción de un Estado de bienestar que pretendía que la salud y la educación fuesen derechos universales, que la prosperidad también llegase al campo, y que, en lo posible, la pobreza y la desigualdad se redujesen.
Todavía en aquellos momentos el legado ideológico y cultural de las viejas clases oligárquicas vinculadas al café mantenía relativa vigencia. Los gobiernos de Echandi (1958-1962) y Trejos (1966-1970) fueron una expresión política de esa realidad social profunda.
A ese antiliberacionimo conservador se le hizo difícil aglutinarse políticamente, y a lo largo de aquellos años, fueron y vinieron entre una y otra organización partidaria.
Pero, de cualquier manera, una cosa sí era cierta: el choque entre el PLN y esa oposición antiliberacionista era muy encendido.
Durante esos años, a lo largo de los decenios de los sesenta y setenta, se hizo habitual que esa oposición calificara de “comunista” al PLN.
Incontables veces lo hicieron. Esa fue una acusación reiterada contra Daniel Oduber en la campaña electoral de 1965-1966. La cosa alcanzó los más ridículos extremos del histerismo cuando, a inicios de 1968, se dio a conocer el “Manifiesto de Patio de Agua”, elaborado por un grupo de jóvenes dirigentes del PLN, el cual ofrecía una propuesta socialdemócrata de alcances más ambiciosos.
Y, por cierto, era desde las páginas de La Nación que se lideraba aquella ruidosa alharaca contra el “comunista” PLN.
Fue por entonces cuando se popularizó la figura de la sandía para referirse al PLN: “verdes por fuera, rojos por dentro”.
Pero, en rigor, decir que el PLN de los años sesenta y setenta del siglo pasado era comunista, obligaba a decir que los partidos socialdemócratas europeos de ese mismo tiempo eran comunistas. Incluso, eso obligaría a afirmar que el “New Deal” de Roosevelt era comunista y que Keynes y la CEPAL era comunistas.
O sea: una completa estupidez.
Debemos saber entender que la tradición reformista asociada a esos nombres y a esas experiencias históricas difiere del comunismo tanto como pueda diferir del capitalismo desalmado propio del liberalismo económico decimonónico. Y no es que esté en el “centro” entre ambos. Eso sería caricaturesco. Es que sencillamente es una propuesta política distinta.



Bueno el artículo LA SANDÍA LIBERACIONISTA de LPVS .