A propósito de las recientes audiencias orales en la Corte Internacional de Justicia (CIJ)

Este lunes 11 de mayo se han inaugurado en La Haya las audiencias orales en el histórico litigio que enfrenta a Guyana y Venezuela ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ). Este proceso marca una etapa decisiva en una controversia territorial que supera el siglo de existencia y que hoy se presenta bajo condiciones de alta tensión diplomática y económica.
La disputa, centrada en la validez del Laudo Arbitral de 1899, no solo define fronteras terrestres, sino que tiene implicaciones directas sobre la proyección marítima de una zona rica en recursos naturales. Este escenario de tensión recuerda cómo la geopolítica internacional sigue siendo moldeada por herencias coloniales no resueltas.
El fondo de la controversia
Guyana solicita formalmente a la Corte que confirme la validez legal y el efecto vinculante del Laudo de 1899, el cual delimitó la frontera con la entonces Guayana Británica. Por su parte, Venezuela sostiene que dicho laudo fue producto de una componenda política y que el único instrumento jurídico vigente para resolver la disputa es el Acuerdo de Ginebra de 1966.
Esta lucha por la soberanía territorial se da en un momento donde el control de los recursos estratégicos —como ocurre con el litio en otras latitudes del continente— dicta las prioridades de las potencias globales y las empresas transnacionales que operan en la región.
La CIJ y el Derecho Internacional
El inicio de estas audiencias orales es el resultado de un largo camino procesal. Cabe recordar que Venezuela ha cuestionado la jurisdicción de la Corte desde el principio, prefiriendo la mediación directa bajo el mecanismo de “buenos oficios” de la ONU. Sin embargo, tras el fracaso de dichas gestiones, el Secretario General de las Naciones Unidas remitió el caso a la CIJ en 2018.
La decisión que emane de La Haya tendrá un impacto profundo en el sistema interamericano. Al igual que los debates locales sobre la modernización y soberanía de infraestructuras críticas, este caso subraya la necesidad de marcos jurídicos sólidos frente a las presiones externas de los grandes intereses económicos.
¿Qué sigue en el proceso?
Las audiencias orales permitirán a ambos Estados exponer sus argumentos finales sobre el fondo del asunto. Venezuela, tras haber optado inicialmente por no comparecer, ha decidido finalmente participar activamente para defender sus derechos históricos sobre el territorio Esequibo.
Se espera que la Corte delibere durante varios meses antes de emitir una sentencia que será definitiva e inapelable para ambas partes, cerrando —en teoría— uno de los capítulos más complejos del derecho internacional en el hemisferio occidental.
Este artículo se publica con la autorización del autor. Puede consultar la versión técnica y las notas adicionales en el blog Derecho Internacional (Costa Rica) del Dr. Nicolas Boeglin.


