El famoso desayuno francés

Crónicas interculturales

Por Remy Leroux Monet

Remy Leroux

Mi primera estancia en Inglaterra para mejorar mi aprendizaje del inglés de colegio, cuando tenía apenas 16 años, solito, como paying guest (huésped pagando), en una familia acomodada de la High con varios hijos, constituyó un extraordinario y temprano laboratorio de observación sociológica cuyos resultados todavía están presentes en mi diario vivir… y comer.

Consideramos hoy el tema del desayuno.

Para romper el ayuno (to break the fast), allá, había que alistar una combinación de platos que a mis ojos se parecía mucho a una verdadera comida formal. ¡Sí! ¡Había que cocinar para el desayuno! Entre varios ingredientes, el bacon (un tipo de tocineta), las papas (para hacer hash browns), las salchichas, los huevos, etc., según el menú establecido y diferente cada día, y hasta calentar la leche para el porridge y los otras cereales.

Acompañaba todo eso unas tajadas de un extraño pan blanco, cuadrado, suave, insípido, que se podía tostar en una incontrolable y tan sofisticada máquina para un intelecto francés mediano, que todavía no entiendo cómo funciona.

Además, había que pasar a la mesa ya todos bañaditos y vestiditos y a una hora fija. Nada de perecear en pijama o en bata.

Estos descubrimientos constituyeron experiencias sumamente estrambóticas para este humilde jovencito franchute, que todavía no había visto nada del mundo en vía de globalización ni mucho menos conocido el famoso English breakfast… que hoy da la vuelta en restaurantes y hoteles de todo el orbe.

Su horizonte familiar matutino se limitaba a un buen trozo de baguette añejo o tostado-quemado, untado con una ligera capa de mantequilla. La mermelada sobre la tartine era eventualmente cosa del Día del Señor.

¿Cuál bebida iba con todo aquello? En la Gran Isla, se acompañaba estos alimentos con varias nice cups of tea, líquido de color indefinido hirviendo que mi mamá ni una sola vez tomó en su vida y que mi hermano llama simple agua caliente…

En el país galo, se servía un café negro fuerte en un bol (escudilla). Eventualmente se le agregaba una nube de leche fría. Pero existía una delicia extra: cuando se mojaba la tartine en el bol…

Poco tiempo después de mi instalación en Costa Rica, escuché en una popular emisora de radio un restaurante pregonar con un elevado presupuesto publicitario el famoso desayuno francés para atraer clientes. Nunca pude entender de qué se trataba… El desayuno francés tradicionalmente es el más pobre del mundo, frente a los calóricos gallo pinto, American breakfast y English breakfast.

La rica y variada gastronomía francesa no respeta en nada esta famosa recomendación de los nutricionistas: desayunar como un rey, almorzar como un príncipe y cenar como un pordiosero…

¿Y qué pasa con los croissants (cangrejos)? Antes de la invención de la pasta congelada, que tiene una duración de vida de doce meses, era una fantasía sólo para dominguear. Ahora se les calienta en el microonda y ¡ya! En aquel entonces, nos tocaba a los chiquillos de cada familia ir a comprarlos a la panadería más cercana frescos y recién horneados.

Eventualmente, como hoy día, se les ofrecía en la terraza de los bistros con un café expresso. Otro famoso desayuno francés cuando uno no está en casa…

Moraleja: ¡cuidado con la publicidad engañosa!

Remy Leroux Monet, ciudadano francés, visitó por primera vez Costa Rica en 1978, y desde entonces no se ha separado nunca de nuestro país. En 1993 migró definitivamente. Siendo un atento observador de su entorno, tiene por afición resaltar diferencias entre sus dos países, el de nacimiento y el de adopción.


Revise también

Hernán Imhoff

Código QR: el efecto perverso

Hernán Imhoff En sociología existe un concepto bastante difundido para explicar cómo en algunas circunstancias …

Comentar en Cambio Político

Cambio Político
Este sitio usa cookies. Leer las políticas de privacidad.