La paz de los pastores, el desvarío demencial del prepotente

Luis Paulino Vargas Solís

Luis Paulino Vargas

Si me pidieran resumirlo en pocas palabras yo lo diría de la siguiente manera: Trump es la expresión más corrupta del capitalismo en su versión más descompuesta.

Es un capitalismo cuyo leitmotiv, cuya fuerza motriz y cuya única razón es la adoración del becerro de oro.

El becerro de oro de la adoración del dinero y la concentración extrema de la riqueza en muy pocas manos.

El becerro de oro de la exaltación idolátrica del poder y del ejercicio desalmado y cruel de ese poder.

El becerro de oro que no tolera el pluralismo de las ideas ni la deliberación democrática.

El becerro de oro que repudia, lo mismo la luz de la inteligencia que la bondad del corazón.

El becerro de oro que persigue la expresión del disenso, que oprime la libertad para pensar, para decir, para organizarse y para manifestarse.

El becerro de oro del desprecio a quien es débil y vulnerable, a quien es pobre y sufre marginación, a los pueblos de piel oscura, a quienes de alguna forma difieren del estándar que impone el supremacismo blanco o sus nociones, restrictivas y asfixiantes, sobre familia, sexualidad y moral.

El becerro de oro de la guerra, de la destrucción y el aplastamiento de comunidades enteras, de países y pueblos y naciones completas.

El becerro de oro que canta himnos al poderío militar, a la destrucción causada por las bombas y los misiles, al embrujo de tecnologías convertidas en poderosas armas de aniquilación.

Es en ese contexto en que el se sitúa la polémica suscitada alrededor de las figuras del papa León XIV y el arrogante y barbárico presidente Trump.

León XIV, a imitación de su antecesor Francisco, y queriendo ser digno continuador del legado y el ejemplo de Francisco, se esfuerza por ser fiel al mensaje del Jesús de los evangelios, aquel Jesús dulce y bueno, lúcido en cada palabra dicha, bondadoso en cada una de sus acciones. Ese Jesús que se hacía acompañar, y que departía y comía y conversaba y reflexionaba, a la par de los más humildes y los más pobres, de los más carenciados y los más necesitados. A la par, en especial, de los más despreciados y humillados. Y, en lugar importantísimo, a la par de las mujeres, tan oprimidas y ninguneadas en aquella sociedad rígidamente patriarcal, y, también, junto quienes padecían enfermedad y habían sido desahuciados.

El mensaje de León XIV es un mensaje por la paz que, de inmediato, se transmuta en un mensaje por la vida de los más débiles y vulnerables y de los más pobres y necesitados. Tal cual lo enseñaba el Jesús evangélico, tal cual lo habría hecho el papa Francisco.
Sin proponérselo, el papa León XIV se está convirtiendo en el símbolo de una humanidad sedienta de paz y justicia, que hoy, como nunca, necesita retornar al sendero del amor, del raciocinio y la sensatez.

Economista jubilado

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