✂️ Corte y confección a la medida de la ambición
Nos juran por la Patria, con la mano en el pecho y el ceño fruncido, que no abrigan la menor tentación dictatorial. Sin embargo, en un despliegue de dinamismo legislativo digno de mejor causa, la fracción del Partido Pueblo Soberano acaba de sacar las tijeras, las agujas y la cinta métrica para tomarle las medidas al traje del continuismo. La iniciativa de reforma al artículo 132 constitucional —acompañada del flamante artículo 132 bis— busca desmantelar de un plumazo el periodo de enfriamiento de ocho años y habilitar la reelección presidencial consecutiva en Costa Rica.
🎭 Las excusas de siempre para el caudillo de turno
Para justificar el remiendo a la Carta Magna, el oficialismo apela a la acostumbrada retórica de la “continuidad democrática” y la necesidad de “premiar a quien hace bien su trabajo”. Sin embargo, el barniz democrático se les descascaró por completo en la voz de sus propios voceros. El legislador José Miguel Villalobos, despojándose de cualquier pudor retórico o disimulo institucional, admitió abiertamente que la propuesta “tiene el nombre y apellidos de la voluntad popular”, para de seguido rematar sin rodeos: “Es para Rodrigo Chaves, sí”.
🏛️ La sabiduría constitucional frente al sesgo personalista
Semejante confesión desnuda la verdadera naturaleza del proyecto. La prohibición de la reelección inmediata no es un capricho burocrático ni una traba innecesaria; es un candado histórico diseñado por el constituyente para evitar que la maquinaria del Estado, los recursos públicos y la plataforma de la Casa Presidencial se transformen en la gerencia de campaña del gobernante en ejercicio. Alterar las reglas fundamentales del juego republicano para favorecer las aspiraciones individuales de un individuo en particular no es un ejercicio de soberanía popular; es pura y simple sastrería autocrática.
⚖️ El freno legislativo al caudillismo de ocasión
El peligro de confeccionar reformas constitucionales a la medida de un cliente específico radica en que la prenda termina ahogando las instituciones democráticas. Pretender que el país modifique su pacto social supremo en función de las simpatías hacia un rostro del presente demuestra una miopía política alarmante. La alternancia en el poder es el oxígeno de la República; sin ella, el debate público se degrada en un culto a la personalidad donde el Estado deja de ser de todos para convertirse en la finca privada del mandatario de turno. Por fortuna para la estabilidad del país, la barrera de los 38 votos requeridos en la Asamblea Legislativa se perfila como un muro infranqueable contra esta tentación reeleccionista.
🦂 El Aguijón
Dicen que no aspiran a una dictadura, pero les urgen los trajes a la medida; confunden el mandato popular con el título de propiedad y olvidan que, en una democracia madura, la Constitución se respeta, no se acorta al tamaño del ego de quien habita en Zapote.
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