Guterres pide “atar cabos” entre desigualdad y protesta callejera

23 de octubre, 2026

ips
Manifestantes en medio de una nube de gases lacrimógenos junto al Arco de Triunfo en París. El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, censuró la violencia y desmanes en que degeneraron algunas demostraciones en ciudades europeas, pero advirtió la necesidad de “atar cabos” entre la protesta y la desigualdad y falta de oportunidades de futuro para los jóvenes. Imagen: Andrs / Adobe Stock

Corresponsal de IPS

NACIONES UNIDAS – Con el telón de fondo de las protestas juveniles y obreras que agitan a una docena de países, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, propuso este jueves 22 “atar cabos” entre las manifestaciones callejeras y la desigualdad que le sirve de combustible.

“En Europa y otras regiones, muchos han salido a la calle frustrados por el aumento del costo de la vida. Y para los jóvenes, la promesa de un futuro mejor se aleja cada vez más de su alcance”, expresó Guterres.

A lo largo de octubre, manifestaciones callejeras en reclamo de educación, vivienda y otras reivindicaciones, han cruzado numerosas ciudades en España, Francia, Italia, Albania, Grecia, Polonia, Serbia, Bélgica, Alemania, Austria, Irlanda, India, Chile, Costa Rica y Colombia.

También en Portugal, país que Guterres gobernó como primer ministro entre 1995 y 2002. El primero de enero entregará el cargo de secretario general de la ONU, que ocupa desde 2017.

En varias ciudades europeas las manifestaciones degeneraron en desórdenes, incendios y saqueos, fuerte represión policial con heridos y centenares de detenidos, y varios gobiernos aumentaron prohibiciones y castigos para encarar las protestas.

“Permítanme ser claro”, dijo Guterres a periodistas en la sede de la ONU poco antes de emprender viaje a Egipto: “La violencia y la destrucción que hemos visto en las calles son inaceptables, y los responsables de las actividades delictivas deben rendir cuentas”.

Pero “al mismo tiempo, no podemos permitir que la violencia intolerable eclipse las quejas legítimas y muy reales de los numerosos manifestantes pacíficos”.

“Debemos atar cabos y comprender mejor hasta qué punto esas quejas, tan reales y expresadas de forma pacífica, están íntimamente relacionadas con la agitación generalizada que se vive en nuestro mundo”, agregó el veterano político y diplomático.

Presentó la desigualdad como combustible de las protestas y de la guerra; “En todas partes aumentan las presiones por el precio de los alimentos, el combustible y otros básicos. Los tipos de interés han subido, para las personas y los países. Y para los jóvenes, la promesa de un futuro mejor se aleja cada vez más”, insistió.

En su opinión, ese panorama “expone la injusticia fundamental de un sistema económico que obliga a quienes menos tienen a absorber los mayores choques”.

Planteó una vez más que la comunidad internacional debe combatir la desigualdad y evitar que las guerras se expandan, para garantizar un mundo más seguro para todos.

Mencionó las guerras en Medio Oriente, Ucrania, Sudán y Yemen, donde los civiles y las infraestructuras civiles son atacadas deliberadamente, y dijo que “el conflicto alimenta el conflicto. Y las consecuencias viajan cada vez más lejos y más rápido”.

«Pero las consecuencias no se detienen en las zonas de combate, ya que la guerra altera los mercados energéticos, el transporte marítimo, las cadenas de suministro y los sistemas financieros”, agregó.

Esos choques “golpean a un mundo que ya era profundamente desigual, donde algunos pueden absorber precios más altos, mientras que otros deben elegir entre comer o calentarse”.

Además, mientras algunos países pueden pedir prestado más barato para proteger a su población, otros deben elegir entre pagar la deuda o invertir en salud, educación y futuro, y “la guerra no crea todas estas desigualdades, pero las alimenta y explota”.

Por ello insistió en que se debe “abordar las desigualdades que dividen a las sociedades y detener los conflictos que multiplican el sufrimiento humano, hacen subir los precios, drenan recursos del desarrollo y separan aún más un mundo ya de por sí desigual”.

“La gente de todas partes quiere seguridad. Quiere dignidad. Quiere que los gobiernos y las instituciones internacionales cumplan”, concluyó.

A-E/HM

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