El Castillo de San Marcos

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Carlos Revilla Maroto

Carlos Revilla

En la visita a la ciudad de San Agustín en Florida Estados Unidos, tuve la oportunidad de visitar el Castillo de San Marcos, una fortaleza española que se construyó para proteger la ciudad de los de los ataques de los piratas y que simboliza el vasto imperio español en el Nuevo Mundo. Es una fortaleza defensiva de gran tamaño, de las había muchas por las colonias de España por todo el Caribe. En su origen hubo varias fortalezas de madera, hasta que un importante ataque pirata obligó a hacer una construcción en piedra, porque la ciudad necesitaba una fortaleza mejor. El fuerte es impresionante, además está muy bien conservado. Está justo al lado del centro de la ciudad. Es una fortaleza de estrella y para construirla trajeron población de Cuba, ya que en la región no había suficientes trabajadores para una obra así.

Construido entre 1672 y 1695, esta fortaleza de coquina remplazó una serie de fuertes de madera que habían protegido a la ciudad durante más de cien años. Las mejoras realizadas a mediados de 1700 ayudaron a que el castillo, con su guarnición y cañones, pudiera mantener a raya a los británicos y piratas. España controlaba la Florida y este castillo ayudaba a mantener a sus enemigos alejados de las rutas marítimas en la Corriente del Golfo. Las flotas del tesoro de España utilizaban este rumbo para transportar azúcar, tabaco, perlas, plata y oro hacia Europa.

Cuando Florida pasó a manos británicas en 1763, le cambiaron el nombre a nombre a Fort St. Mark. La ciudad pasó a ser la capital de la región y el castillo se utilizó como fortaleza, pero cuando fue devuelta a España en 1784 no volvió a tener importancia militar. Cuando España vende Florida a Estados Unidos en 1821, pasa a ser territorio estadounidense, le cambian el nombre a Fort Marion. La fortaleza se utiliza como prisión militar durante todo el siglo XIX, especialmente durante las guerras con los indios seminolas. En 1900 perdió su condición militar, y en 1924 fue declarado monumento nacional. En 1942, recuperó su nombre histórico original de Castillo de San Marcos.

La fortaleza fue objeto de ataques desde que comenzó a construirse en 1672. En una oportunidad la ciudad fue atacada durante dos meses por las tropas inglesas de Carolina del Sur. Pese a que atacaron la ciudad con cañones, la muralla resistió y los ingleses finalmente tuvieron que quemar toda su flota y escapar por tierra cuando llegó una flota de naves españolas procedentes de Cuba. Aunque destruyeron la ciudad de San Agustín, los cañonazos enemigos atacaron las murallas del Castillo ocasionando pocos daños.

Al recorrer la fortaleza, se observan tres tipos de artillería: morteros, obuses y cañones. Tanto los atacantes como los defensores tenían acceso a muchos tipos de armas, teniendo cada arma tenía sus puntos fuertes y débiles. El cañón era el mejor en disparar lejos, el mortero tiraba proyectiles explosivos y un obús era una mezcla de los dos. Las batallas para conquistar la fortificación a menudo duraban mucho tiempo. Elegir la artillería adecuada podía ser la diferencia entre la victoria o la derrota.

El Castillo de San Marcos se construyó con coquina, una piedra caliza local. Esta piedra caliza porosa se forma a partir de millones de conchas de mar comprimidas durante miles de años. Los españoles cubrieron los muros de la fortificación con enlucido hecho de conchas de ostras para impermeabilizar la estructura. Sin embargo, la incesante embestida del tiempo y el clima han tenido un impacto visible. Los equipos de preservación del Servicio de Parques Nacionales inspeccionan el Castillo constantemente y llevan a cabo obras de preservación. Las secciones donde la coquina está más brillante son muestra de que se ha completado una obra recientemente. El color más intenso se desvanecerá con el tiempo y se asimilará al resto de la piedra. La muralla es la que muestra el mayor daño ocasionado por el agua de más de un siglo.

Durante cientos de años, el Castillo de San Marcos protegió San Agustín. Hoy en día es un Monumento Nacional de los Estados Unidos, a cargo del Servicio de Parques Nacionales de ese país, siendo la fortaleza de mampostería más antigua de los Estados Unidos continentales.

Vale la pena escribir un poco sobre el foso del Castillo.

Tras el asedio por parte de los británicos en 1702, quedarse en la ciudad era peligroso, así que sus pobladores se trasladaron a la fortaleza para estar protegidos, trayendo con ellos su ganado. Los agricultores trajeron sus recientes cosechas para extender las raciones almacenadas. Por más de un mes, unas 1 500 personas se abarrotaron en el castillo, dependiendo de estas provisiones hasta que terminara el asedio. Esta excavación ancha y seca hacía el castillo menos vulnerable ante los ataques de infantería. Combinado con otras defensas, el foso protegía la parte inferior de las murallas del fuego de los cañones enemigos. La extensión de tierra sin resguardo también exponía cualquier posible atacante a los fusilazos de los soldados en el terraplén. En 1938 alguien tuvo la “brillante idea” de llenar el foso de agua, y estuvo así hasta 1996, cuando el Servicio de Parques Nacionales lo drenó para reflejar su aspecto original y ayudar a estabilizar los cimientos del castillo.

La entrada al Castillo es de $6 (16 años o más), con la ventaja que el pase es válido por siete días. Los niños no pagan tarifa de entrada, pero deben estar acompañados de un adulto. Lo bueno es que los exteriores se pueden recorrer sin necesidad de comprar la entrada, aunque vale la pena ingresar para ver la céntrica Plaza de Armas, que está rodeada por los almacenes a prueba de bombas, donde también hay salas con exhibiciones que destacan varios capítulos de la larga historia del fuerte, que se asienta en la ciudad de San Agustín, en la tierra que Juan Ponce de León llamó “La Florida”.

En el anexo transcribo la traducción del texto “Puesto de avanzada del Imperio”, de la página oficial del Servicio de Parques Nacionales, que describe en detalle la historia del lugar.

Preparé una bonita galería de imágenes, la mayoría originales, tanto del exterior como del interior de la fortaleza; con solo unas pocas tomadas del internet para redondear la experiencia visual.

 
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Texto elaborado con la ayuda de los afiches informativos y folleto del SPN.

Anexo

Puesto de avanzada del Imperio

El Castillo de San Marcos fue durante muchos años el puesto de avanzada más septentrional del vasto imperio español en el Nuevo Mundo. Es el fuerte de mampostería más antiguo y el ejemplo mejor conservado de una fortificación colonial española en los Estados Unidos continentales. Anclaba las defensas del este de Florida, que se extendían hacia el norte hasta el río St. Marys, hacia el oeste hasta el St. Johns y hacia el sur hasta el Fuerte Matanzas. Protegía a San Agustín de las incursiones de los piratas y del principal rival de España, Gran Bretaña, durante una época en la que la costa de Florida-Georgia-Carolina era un explosivo campo de batalla internacional.

Las raíces de la historia del Castillo se remontan a los años inmediatamente posteriores al último viaje transatlántico de Cristóbal Colón, cuando los conquistadores forjaron un vasto y rico imperio de ultramar para España, primero en el Caribe y luego en las tierras principales de México, Centroamérica, Colombia, Venezuela y Perú. Los productos de estos territorios tropicales y montañosos alcanzaban precios elevados en el continente, y los galeones españoles volvían a casa cargados de tintes exóticos, azúcar, tabaco, chocolate, perlas, maderas duras y plata y oro. Estas llamadas «flotas del tesoro» convirtieron a España en la nación más poderosa y envidiada de la Europa del Renacimiento.

Gracias a los viajes de Ponce de León en 1513, los navegantes españoles sabían que la mejor ruta de regreso de las ricas posesiones españolas en el Caribe era a lo largo de la corriente del Golfo, a través del canal de las Bahamas, y pasando por las costas de Florida. Los españoles sabían que debían defender esta península para evitar que los enemigos utilizaran sus puertos como refugios desde los que asaltar las flotas del tesoro que pasaban.

En 1513, España reclamó Florida mediante la expedición de Ponce de León, pero Francia consiguió el primer punto de apoyo allí al establecer Fort Caroline en el río St. Johns en 1564. Viendo esto como un desafío a las reclamaciones de España y una amenaza para las flotas del tesoro, el rey Felipe II envió una expedición al mando de Don Pedro Menéndez de Avilés para eliminar la amenaza francesa y establecer asentamientos en Florida. Llegó a la desembocadura del río San Juan en septiembre de 1565.

Tras intentar sin éxito abordar los barcos franceses allí anclados, Menéndez navegó hasta un puerto situado más al sur y estableció San Agustín como base para futuras operaciones. Casi inmediatamente una flota francesa navegó hacia el sur para atacar. Pero los barcos fueron expulsados hacia el sur y naufragaron por una violenta tormenta y la misión fracasó. Al darse cuenta de que Fort Caroline estaría poco vigilado, los españoles marcharon hacia el norte, capturaron el fuerte y ejecutaron a la mayoría de sus habitantes. La misma suerte corrieron los supervivientes de la flota francesa, a quienes los españoles capturaron y mataron en una ensenada a 14 millas al sur de San Agustín. El episodio dio nombre a la zona: Matanzas, que en español significa «matanza».

Inglaterra se convirtió en el siguiente contendiente de España por Florida. Los españoles habían observado con recelo a los ingleses desde que Sir Francis Drake atacó e incendió San Agustín en 1586. Se volvieron aún más vigilantes después de que los ingleses se establecieran en Jamestown en 1607. Los piratas británicos volvieron a saquear San Agustín en 1668, y este ataque, seguido del asentamiento inglés de Charleston en 1670, hizo que España construyera el Castillo de San Marcos.

Iniciado en 1672 y terminado en 1695, el Castillo sustituyó a nueve fortificaciones de madera sucesivas que habían protegido San Agustín desde su fundación. La ubicación del fuerte, en la orilla oeste de la bahía de Matanzas, permitía que sus cañones protegieran no sólo la entrada del puerto, sino también el terreno al norte contra un ataque por tierra.

El bautismo de fuego del Castillo llegó en 1702, durante la Guerra de Sucesión Española, cuando los ingleses ocuparon San Agustín y asediaron sin éxito el fuerte durante 50 días. Los ingleses quemaron la ciudad antes de marcharse, pero el Castillo salió indemne, convirtiéndose así en un vínculo simbólico entre la antigua San Agustín de 1565 y la nueva ciudad que resurgió de sus cenizas.

Para reforzar las defensas, los españoles levantaron nuevas líneas de tierra en los lados norte y oeste de San Agustín, convirtiéndola así en una ciudad amurallada. Sin embargo, la ensenada de Matanzas seguía sin estar fortificada cuando las tropas británicas del general James Oglethorpe, procedentes del fuerte Frederica en Georgia, atacaron San Agustín en 1740. De nuevo el Castillo fue asediado y la ensenada de Matanzas bloqueada. Pero los españoles no flaquearon durante los 27 días de bombardeo británico. El ataque también enseñó a los españoles el valor estratégico de la ensenada de Matanzas y la necesidad de contar con un fuerte puesto de avanzada allí. En consecuencia, en 1742, completaron la actual torre de coquina.

En 1763, como resultado de la Guerra de los Siete Años (francesa e india), España cedió Florida a Gran Bretaña a cambio de La Habana, Cuba. Los británicos guarnicionaron Matanzas y reforzaron el Castillo, manteniendo los dos fuertes durante la Revolución Americana. El Tratado de París de 1783, que puso fin a la guerra, devolvió Florida a España.

España mantuvo Florida hasta 1821, cuando las graves tensiones hispano-estadounidenses llevaron a su cesión a Estados Unidos. Los estadounidenses rebautizaron el Castillo con el nombre de Fort Marion y lo utilizaron para alojar a los prisioneros indios durante la Guerra de los Seminoles de 1835-42. Las tropas confederadas lo ocuparon brevemente durante la Guerra de Secesión y posteriormente se retuvo a los indios capturados en las campañas militares del oeste. La última vez que se utilizó fue durante la Guerra Hispanoamericana como prisión militar.

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