A todo gas

Pablo Gámez Cersosimo*

Pablo Gámez

Costa Rica es reconocida por su liderazgo climático, pero como consumidor de la Inteligencia Artificial (AI) contribuye activamente a bloquear la transición energética que tanto defiende.

Desde una perspectiva integral, la sostenibilidad no se mide solo por lo que producimos en casa, sino por lo que consumimos globalmente. Es una aberración defender ser sostenible conforme se profundiza el uso de la IA sin cuestionar su cadena de suministro energética (estadounidense).

Mientras nos enfrentamos a la descarbonización, la inteligencia artificial (IA) acelera a fondo con gas natural. Once (nuevos) proyectos de gas vinculados a campus de centros de datos en Estados Unidos, tienen el potencial de emitir más gases de efecto invernadero que todo Marruecos en 2024 (superando 129 millones de toneladas de CO₂ al año).

Estos son, tan solo, un puñado de los mega proyectos puestos en marcha por OpenAI, Meta, Microsoft y xAI, asomando la punta del iceberg de un sector depredador de electricidad (y agua). En su agenda de soberanía digital, la administración Trump dio rienda suelta para que se construya la infraestructura que garantice la supremacía estadounidense de la IA. Sin interesar el impacto ecológico que conlleve, reclamando los recursos naturales que exija.

Los centros de datos globales usaron alrededor de 415 TWh en 2024 (1,5 % de la electricidad mundial), y las proyecciones de la Agencia Internacional de Energía indican que podrían duplicarse a casi 945 TWh para 2030.

El agua tampoco escapa. Se estima que la IA demandará 1.125 millones de metros cúbicos anuales para refrigeración. La evidencia científica revela un efecto rebote (paradoja de Jevons) estructural en el caso de la IA. Cada ganancia en eficiencia energética no reduce el consumo global, sino que lo impulsa. Más eficiencia genera mayor demanda, más cómputo y más infraestructura. Por lo que es atrevido asegurar que el uso de IA sea compatible con el desarrollo sostenible.

Los hechizos de esta tecnología van de la mano del ascenso en las emisiones por un sector que nos prometió la desmaterialización. Con un agravante: el uso del carbón y el gas natural se está intensificando (como si presenciáramos un regreso de la Revolución Industrial) para que el pensamiento mágico digital nos alumbre, tergiversada divinidad.

Costa Rica es un consumidor (cada vez mayor) de IA. La infraestructura que responde a nuestras demandas está ubicada mayoritariamente en EE.UU., precisamente en esos centros de datos que están funcionando a todo gas.

Es cierto que no construimos las turbinas, pero las pagamos con nuestra demanda. Tenemos una responsabilidad climática de entender el impacto depredador de la IA.

* Investigador, periodista, escritor.

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