Luis Paulino Vargas Solís

Carvajal vino y nos explicó que, en vez de impuestos, el gobierno buscará incrementar los ingresos fiscales.
¿Cómo se llegará a tan loable meta?
Mediante el combate a la evasión tributaria, lo cual, a su vez, se logrará mediante el combate al contrabando.
¡Genial!
Pero, tal cual ya lo hice ver en comentarios anteriores, lo que el gobierno propone tiene, potencialmente, la misma consecuencia que tendría un incremento de los impuestos.
En uno y otro caso se buscará incrementar los ingresos.
En uno y otro caso, alguien, que no le está dando dinerito al gobierno hoy día, deberá empezar a dárselo. Son dos caminos diferentes para llegar al mismo destino.
No hay ahí ningún misterio.
Pero donde la cosa se pone más intrigante es cuando formulamos la pregunta: ¿y quién es ese “alguien” que hoy no le paga al gobierno y que deberá empezar a hacerlo?
En la propuesta del gobierno, centrada en combatir el contrabando, la cosa tiene respuestas bastante claras.
Los primeros que sentirán el látigo gubernamental será los pequeños negocios –formales e informales– que hoy comercializan los productos contrabandeados.
Los segundos que sientan el latigazo serán los consumidores –gente común y silvestre– que hoy compran esos productos, los cuales les salen más baratos gracias a que provienen del contrabando.
Esas personas, hijos de vecinos cualesquiera, deberán pagar más caro.
¡Eureka!
De ahí –precisamente de ahí– saldrá el “incremento de ingresos” que dice Carvajal que el gobierno ambiciona lograr: del bolsillo de esa gente de a pie.
¿No nota usted cierta ausencia en todo esto?
Así es. Acertó usted: los ricos no aparecen por ningún lado. A los “ticos con corona” ni se les menciona en todo esto.
Quedaron cubiertos y protegidos por la red de cuido de Fernández y de Chaves.
De hecho, desde el primer momento, cuando la atención se enfocó en la evasión y el contrabando, los “ticos con corona”, los ricos-ricos, quedaron invisibles y blindados.
En primer lugar, porque se habló de “evasión”, pero se eludió totalmente mencionar la “elusión” de impuestos.
Tengamos claro: las grandes corporaciones y los ricos-ricos generalmente no evaden impuestos. Ese es un mecanismo chambón, más bien primitivo, al que apelan los pequeños.
Es que la “evasión” implica violentar la ley directamente. Y los muy ricos, como las grandes corporaciones, cuidan de su “imagen” con gran esmero.
¡Diosguardisísimo ser pillados en cosas ilegales!
Lo suyo es la “elusión”, que, explicado en sencillo, consiste en pagarle dinerales a lujosos bufetes de abogados y prestigiosas firmas de contaduría, de modo que, mediante sofisticadas operaciones de ingeniería financiera, se logre burlar el espíritu de la ley para reducir sustancialmente el monto de los impuestos pagados.
De ahí esa plétora de grandes empresas que sobreviven en medio de terribles sacrificios y penurias sin cuento, siempre con ganancias cero.
O, al menos, eso es lo que le reportan al fisco: ganancias cero.
El planteamiento del gobierno omite, absolutamente, toda referencia a esta problemática. La invisibiliza y, al invisibilizarla, también hace invisibles a los ricos-ricos y a las grandes corporaciones, incluyendo los grandes “holdings” empresariales.
Es la red de cuido en su máxima expresión. Son los “ticos con coronas” amorosamente protegidos por Fernández, Chaves, Cisneros y Nogui.
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