Luis Paulino Vargas Solís

Por ejemplo, es usual que la prensa cite datos del INEC provenientes de la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO), para hablarnos del “20% más rico” el cual es comparado, muy a menudo, con el “20% más pobre”.
Esa referencia a segmentos del 20% proviene de la forma como el INEC publica los datos de la ENAHO.
Lo que se hace es dividir el total de los hogares en “quintiles”, o sea, en cinco porciones o estratos, cada uno correspondiente al 20% de los hogares. En la encuesta más reciente disponible (julio 2025), cada uno de esos “quintiles” está formado por alrededor de 378.000 hogares. En total son poquito menos de 1,9 millones de hogares.
Sobre esa base, la encuesta nos da el dato acerca del ingreso promedio de los hogares de cada quintil, el ingreso promedio por persona en cada hogar y, también, los respectivos promedios nacionales.
Pues bien, siendo que la prensa (y muchos profesionales) hablan del “quintil 5” como el que reúne a la gente “rica” vale la pena preguntarse: ¿a partir de qué nivel de ingreso un hogar aparece en ese quintil “de los ricos”?
Pues bien, en julio 2025 bastaba que el ingreso del hogar fuese de ₡1.570.000 para ser considerado “rico”.
Pongamos por caso un hogar de cuatro miembros: mamá, papá, una niña y un niño. Supongamos que mamá es profesora de secundaria y su esposo trabaja en un puesto técnico en un banco.
Es muy posible que en ese hogar el ingreso exceda de ese límite que mencioné.
¿Podemos considerarlo como un hogar rico? Claramente no. Es lo que diríamos “clase media”.
De hecho, se puede ser parte, no digamos del 20% superior, sino incluso del 10% superior sin ser rico. Para ser parte de este último grupo bastaría que el hogar tenga un ingreso un poco arriba de los ₡2 millones. Muchos hogares formados por parejas profesionales, que viven sin penurias pero sin lujos, alcanzan y superan esa cota.
Los que son verdaderamente ricos no aparecen en las estadísticas del INEC. Las razones de su ausencia son varias: como son ingresos extremadamente altos difícilmente caen en la muestra estadística que se realiza, pero, además, tiende a ser gente inaccesible, que vive detrás de grandes muros o en lujosos apartamentos a muchos pisos sobre el nivel de la calle. La cultura de ese grupo tiende a ser muy secretista, reacia a dar información, siempre a la defensiva procurando evitar los impuestos.
Pero lo cierto es que para hablar de los verdaderamente ricos no bastaría referirnos al “5% más rico”. Deberíamos remitirnos al 1% o, incluso, al 1 por 1000 (0,1%) más rico.
Y, por cierto, no debemos interesarnos tan solo en el ingreso, que es la variable en que se enfoca siempre el interés de la prensa, los políticos y los técnicos, sino que también debe interesarnos la riqueza o patrimonio (casas, automóviles, terrenos, edificios de alquiler, acciones de empresas, inversiones en fondos inmobiliarios, etc.).
De hecho, la riqueza debería interesarnos incluso más porque su distribución es más desigual y porque es un factor que profundiza progresivamente la desigualdad como efecto derivado del “interés compuesto”: rendimientos generados a lo largo del tiempo que se suman al patrimonio y lo hacen crecer exponencialmente.
La World Inequality Database –una base de datos de alcance mundial para la que colaboran más de 100 investigadores del todo el mundo– indica que, en 2023, el 1% más rico de la población de Costa Rica recibía el 18,3% del total del ingreso y poseía un 28,6% de la riqueza o patrimonio total.
Ahí es donde están los verdaderos ricos.
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