Nos invaden, nos invaden… (Desde Suiza No. 8)

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Mauricio Castro Salazar
mauricio.castro.salazar@gmail.com

Mauricio Castro

Esta vez no les contaré de conversaciones con amigos, ni de vinazos, ni de lo que he ido viendo durante la pandemia, la cuarentena y las Assouplissement des mesures, les contaré algo que me pasó en estos días de locura…

Primero algo de mi vida…Yo crecí en Liberia cerca de la Ermita La Agonía, que se construyó en el siglo XIX. En algún momento de la historia apareció un reloj de 4 caras en el pueblo, los cuentos dicen que iba para Liberia, África, vía Punta Arenas de Chile, pero lo bajaron en nuestro Puntarenas y lo enviaron para mi Liberia. No tenían donde ponerlo, y con esa imaginación muy nuestra, le hicieron una torre de madera a la iglesia y encaramaron el reloj ahí, hoy ya lo quitaron…

Desde La Mina

No recuerdo si funcionó siempre, medio me acuerdo que sonaban las campanas cada media hora, por lo que oíamos campanas 48 veces al día. Nosotros vivíamos a escasos 50 metros del improvisado campanario, así que no había forma de no oír las campanas. No recuerdo que fuera molesto, solo que de tanto en tanto las campanadas de las 12 de la noche me daban un toque de miedo porque decían que los muertos de la guerra de 1856 que fueron enterrados ahí a esa hora se levantaban…

En Nyon vivimos a 100 metros de un templo, la antigua Iglesia de Notre Dame, construida entre el siglo XII y el XV, hoy es del culto evangélico reformado, tiene un campanario, y las campanas “tañen mudas” 44 veces en el día, pero 4 veces: a las 10 am, a las 12md, a las 7 pm y a las 9 pm, los curas reformistas se desquitan y las repican 5 minutos a todo meter, y cuando digo a todo meter… es a todo meter.

Desde La Mina

Es tan a todo meter que han habido protestas de vecinos que han llegado hasta los Tribunales de la Confederación Suiza y la respuesta ha sido simple, muy lógica, muy suiza, diríamos al puro estilo de don Ricardo Jiménez: ¿cuándo usted compró su vivienda la iglesia ya estaba ahí o la construyeron después?

Las campanas suenan tan fuerte que cuando toda Suiza decidió aplaudir y agradecer como una sola voz a los médicos y sanitarios a las 9 de la noche, ni los aplausos, ni los “merci” ni los “bravo” se podían escuchar por las campanadas y la gente de la Grand Rue, donde vivimos, desistió de seguir abriendo la ventana y sumarse a los aplausos y vítores.

Yo no sé si ustedes han recibido los miles de videos llenos de teorías conspiradoras, diciendo casi todos que el coronavirus es un virus chino, que fue creado en un laboratorio chino, hecho para quebrar el mundo occidental y hacer que China se apodere de todo, hasta han mostrado cifras de como China ha ido comprando acciones de muchas compañías. Los videos han vendido que el coronavirus es la punta de lanza de la invasión china. ¿Los han visto?

Me imagino también que en estos días Netflix les ha “sugerido” películas de pandemias, desastres, destrucción del planeta y la existencia de unos cuantos sobrevivientes, que dicho sea de paso algunas de esas series son increíblemente bien hechas. Hemos vistos varias y también algunos documentales históricos de las guerras mundiales, auge y caída del Imperio Romano y del Otomano…un común denominador en todas las películas y series, sin importar si son históricas o de ficción, son los campanarios y las campanas que repicaban para emergencias o para celebrar victorias. Y en muchas de las series ambientadas en tiempos más modernos aparecen refugios, todos bien equipados.

Déjenme contarles —y no sé por qué todavía, y solo espero que no sea algo parecido a la disposición que tenía la municipalidad de Alajuela hace añales que no te daba permiso de construcción para tu casa sino tenías instalada en el lote la pila de lavar ropa—que desde 1971 todos los habitantes de Suiza tienen que tener un campo establecido, de un metro cuadrado, en un “refugio” para protegerse de las bombas clásicas, las nucleares y las bacteriológicas, además construidos sismorresistentes, contra inundaciones y deslizamientos, y por supuesto bien equipado para eliminar desechos, con agua potable y demás, “…dicho de otro modo…si algún día se desencadena el Apocalipsis, los únicos supervivientes serán suizos. Y la Tierra del futuro será repoblada por ellos.” Hoy por hoy hay cerca de 30 mil refugios.

Como vivimos en la parte antigua de la Villa de Nyon, que dicho sea de paso fue fundada por el gran Julio César, en un edificio construido a finales de los 1800, no tiene refugio propio pero tiene asignado uno, que por supuesto no nos hemos tomado la molestia de saber cuál es…

Supongo que ustedes también han leído que durante la cuarentena la mente funciona distinto, hemos recibido tantísima información falsa, verdadera o fantasiosa que su procesamiento nos ha llevado a muchos cambios muy rápidos, dicen que por un lado las fechas dejaron de ser importantes, que la apariencia física también y por otro, que lo sueños cambiaron radicalmente y que se confunde la ficción y la realidad.

En mi caso lo de apariencia física no solo no cambió sino que mejoró (ya les conté mi rutina diaria ante el espejo) pero sí he notado dos cambios: las fechas dejaron de ser importantes para mí y mis sueños han sido fuera de lo normal. Ahora ya no soy Bruce Lee, ni el goleador del Mundial, ni la estrella de los Lakers, ni campeón de natación, ni la estrella de la maratón de Nueva York, ni el pistolero más rápido del oeste, ni el mejor montador de toros de las fiestas de Santa Cruz y de Liberia, ni un rescatistas de niños secuestrados por terroristas, ni el pitcher estrella de los Cubs de Chicago, no he dicho ni una sola vez my name is Bond James Bond, ni he sido galán sin ventura…

En estos días de cuarentena en mis sueños he sido el único sobreviviente de un desastre en la Tierra que mira lloroso todos los días las fotos de sus seres queridos, el padre que busca por el mundo destruido a sus hijos, he sido salvador del planeta, científico que descubre la vacuna salvadora, piloto de la nave interestelar que salva la humanidad, jefe de la colonización de otros planetas, ingeniero diseñador de sofisticados refugios contra todo y más, padre que rescata a sus hijos de los alienígenas que invadieron la Tierra, comandante victorioso contra los invasores…

Pues casi un mes después de haber empezado la cuarentena –no sabía en ese momento la fecha porque como les dije me dejaron de importar— todavía hacía frío y amanecía pasadas las 7 de la mañana…de repente me despertaron las campanas, era un escándalo aquello, primero todo asustado pensé que me había despertado a las 10 de la mañana, hasta me regañé por perezoso, pero cuando vi que el reloj del celular marcaba las 6:00 me sorprendí enormemente porque era la primera vez que sonaban a esa hora… pensé –como ingeniero que soy– que se les había descompuesto el mecanismo que las hacía “tañer mudas”.

Cuando ya llevaban más de 5 minutos me empecé a extrañar, pero cuando ya llevaban 8 minutos me empecé a preocupar y cuando ya llevaban más de 10 …me dije: “—¡puta, la invasión! ¡nos invadieron los chinos! ¡era verdad que el coronavirus era la punta de lanza!” y mientras en mi mente corría el tema de la invasión también iba haciendo números de lo que debía echar en la mochila: pasaportes, atunes, candelas, fósforos, papel higiénico, focos, baterías…. y a ubicar –para llevar también— ropa de invierno, abrigos, las compu, los celulares y cargadores, y por supuesto la dirección del refugio que nos tocaba, que sobra decir no la encontré y en el desespere y con el corazón a mil por hora me hablé y me dije: “—Castro Salazar calmate, respirá hondo, seguí la norma aprendida en tus visitas a puertos y refinerías… observá, pensá y corré…entonces aplicando la regla me asomé por la ventana, revisé la calle, traté de ver qué es lo que pasaba, luego pensé, si veo gente corriendo, entonces también tenemos que correr, pero primero determiná hacia dónde…”.

La calle estaba oscura, hacía frío, solo se veían las hojas moverse por el viento, no se veía ni un alma…

Entonces tratando de entender lo que pasaba googlié y vi que era Domingo de Resurrección, y decía que normalmente al despuntar el día, a la hora canónica de laudes, las campanas “tañen y cantan” con alegría: resucitó, resucitó, el Señor resucitó…

Lejos estaban de dar una alerta diciendo: invasión, invasión, los chinos nos invaden…

Tranquilo me volví a la cama, y nos despertamos con las campanadas de la 10.

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2 comentarios

  1. Gustavo Elizondo

    Gracias don Mauricio, una historia muy amena y divertida, creo que en medio de esta situación, es bueno no perder el sentido del humor.

  2. Mauricio Castro Salazar

    Muchas gracias Gustavo. No hay que perder el humor, aunque sea en malos tiempos/Saludos

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