La necesidad de construir una visión de país

Análisis

Óscar Arévalo y Carmen Lía Meoño

Costa Rica atraviesa una crisis multidimensional que no puede explicarse únicamente por la actuación de un gobierno ni resolverse mediante respuestas coyunturales o medidas aisladas. Se necesita una reflexión crítica acerca de las bases económicas, políticas, sociales y culturales de nuestro modelo de desarrollo y de nuestras expectativas de futuro.

Desgraciadamente, buena parte del debate público se concentra en los acontecimientos inmediatos y en la identificación de responsables individuales. Ese enfoque corre el riesgo de dejar en segundo plano las contradicciones estructurales que alimentan el descontento social, debilitan las instituciones y erosionan la convivencia.

La defensa de las conquistas democráticas y sociales es indispensable, pero no suficiente. Resistir el deterioro no equivale a construir una alternativa. Necesitamos recuperar la capacidad de formular propuestas de mediano y largo plazo, discutir el sentido del desarrollo y ofrecer un horizonte colectivo que convoque a sectores diversos.

Debemos responder a interrogantes como: ¿Qué país queremos construir? ¿Sobre qué modelo económico, qué instituciones, qué relaciones sociales y qué valores culturales? ¿Cómo recuperar las expectativas colectivas en una sociedad atravesada por desigualdades, fragmentación y desconfianza?

Como provocación para la discusión, presentamos un esquema preliminar de cinco dimensiones interrelacionadas. No es un diagnóstico exhaustivo ni un conjunto de conclusiones definitivas: es una invitación a cuestionar, enriquecer y profundizar los problemas que aquí se identifican.

1. Crisis económica y fiscal

  • Vulnerabilidad del modelo de crecimiento basado en zonas francas y exportaciones, con débiles encadenamientos productivos y un mercado interno desigual.
  • Endeudamiento público oneroso y restricciones fiscales que reducen el margen para la inversión social y productiva.
  • Debilidades estructurales del sistema tributario, de la recaudación y de la capacidad redistributiva del Estado.
  • Incertidumbre geoeconómica internacional, cambios en los mercados y tensiones entre potencias.
  • Expansión de economías ilícitas y de su influencia sobre actividades económicas y territorios.

2. Crisis política e institucional

  • Debilitamiento de proyectos ideológicos y de propuestas programáticas capaces de ofrecer alternativas de largo plazo.
  • Pérdida de confianza y capacidad de representación de partidos, sindicatos y otras organizaciones tradicionales.
  • Descontento social acumulado ante desigualdades y expectativas insatisfechas, canalizado por distintas fuerzas políticas.
  • Personalización de la crisis política que puede ocultar problemas estructurales, especialmente los fiscales y distributivos.
  • Dificultades para construir acuerdos democráticos y sostener respuestas públicas de largo plazo.

3. Crisis sociocultural y simbólica

  • Exclusión territorial y social: concentración de oportunidades, servicios e inversión en determinados espacios, con persistente rezago de regiones periféricas.
  • Reconfiguración de los vínculos comunitarios: creciente papel de iglesias evangélicas y otras organizaciones religiosas como redes de apoyo, identidad y movilización.
  • Debilitamiento de horizontes ideológicos compartidos y de relatos colectivos capaces de articular expectativas de futuro.
  • Transformación del ecosistema informativo: pérdida de centralidad de medios tradicionales, fragmentación de audiencias y debilitamiento de referentes comunes.
  • Mayor incidencia de la comunicación política gubernamental y de actores partidarios en medios digitales y plataformas emergentes.
  • Centralidad de redes sociales en la información y formación de opinión, con dinámicas de inmediatez, desinformación y polarización.
  • Insuficiencia de recursos públicos para la creación, circulación y acceso a la cultura; precarización del trabajo artístico y escasa valoración de su aporte social.
  • Identidad nacional en transformación por el envejecimiento demográfico, las diferencias generacionales y una composición social y cultural cambiante.
  • Debilitamiento de expectativas de progreso colectivo y predominio de respuestas inmediatas frente a problemas complejos.

4. Crisis ecológica, territorial y de infraestructura

  • Insuficiente prevención, adaptación y planificación frente a los impactos del cambio climático.
  • Crisis de movilidad urbana, congestión y desigualdad en el acceso a transporte eficiente.
  • Deterioro y rezago de infraestructuras y servicios públicos, con brechas territoriales acumuladas.

5. Crisis de convivencia y seguridad

  • Aumento y diversificación de manifestaciones de violencia económica, social, política y cotidiana.
  • Percepción de inseguridad y debilitamiento de la confianza entre personas e instituciones.
  • Riesgo de normalización de discursos y respuestas autoritarias ante conflictos sociales y problemas de seguridad.

Una provocación para la discusión

Estas crisis no actúan de forma aislada. Sus relaciones y causas deben discutirse colectivamente para pasar de la resistencia al deterioro a la construcción de alternativas. Una visión de país compartida requiere reconocer los problemas estructurales, deliberar sobre prioridades y recuperar la capacidad de imaginar un futuro común.

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