La seriedad de la política en broma y con fisga
William Hayden Quintero

De ingrato recuerdo son las vallas que pusieron en marzo del 2025 en lugares públicos de la Gran Area Metropolitana (GAM) exigiendo sus renuncias, pagadas a hacer por un venezolano de dudosa hombría y medio mafioso según trascendió en los medios, de nombre Boris Marchegisni, residente en Quepos en donde es propietario y administra un hotel de visitación exclusiva de la comunidad gais, quien fue nombrado por Laura embajador de nuestro país ante la ONU en New York, en compensación de esta felonía y una contribución de 14.8 millones de colones al partido Pueblo Soberano para la campaña electoral y quien trascendió esta semana que le tiene un perro amarrado al Banco Nacional de USD$8.3 millones que no ha querido pagar y que jocosamente propone pagar en abonos polacos terminando en el año 2052, de aquí a este año es posible que él esté bajo tierra y no exista el banco. También su hotel es moroso con la CCSS. Con todas estas lacras en su haber personal a la presidenta no se le ocurrió hacerle al “Borisito” la prueba del polígrafo para detectar la clase de bicho que es, al contrario, se hizo la maje y lo exoneró dándole uno de los cargos diplomáticos más honrosos del país y deshonrando la carrera diplomática.
De esos funcionarios uno de los más odiado por la parejita presidencial Chaves-Fernández es Carlos Diaz el fiscal general. La persecución en su contra comenzó en junio del 2022 cuando la fiscalía a petición del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) acogió la denuncia del financiamiento paralelo de Chaves y del Partido Progreso Social Democrático (PPSD) que crearon fideicomisos para ocultar los financiamientos paralelos de la campaña, era obligación de la fiscalía en cumplimiento de sus funciones aceptar la petición y comenzar con las indagaciones, nada que ver con una persecución política de la fiscalía en contra del presidente. La relación se agrió aún más con el caso Barrenador, el chorizo con los alquileres de los Ebais a cinco cooperativas de salud con sobreprecios escandalosos, y ha pecadito, el Fiscal llevó a Marta Esquivel (la niña de los ojos de Chaves) y a otros directores de la CCSS en perreras a las cárceles del OIJ para iniciar las indagaciones correspondientes. Con estos hechos y casi cien acusaciones que acumuló el mandatario por supuestos delitos en que la fiscalía no podía hacerse la maje para estar bien con el presidente, Carlos Díaz pasó a ser el enemigo público número uno del gobierno. Chaves comenzó a pedir su renuncia e hizo gestiones ante la Corte para su destitución. Como no logró ni lo uno ni lo otro, organizó una marcha nacional de protesta exigiendo la renuncia del fiscal la cual se realizó el martes 18 de marzo del 2024. Para este efecto el Partido Pueblo Soberano trasladó a cientos de simpatizantes del chavismo trayéndoles en buses desde diferentes zonas del país, les pagaron el viaje y les dieron almuerzos y refrigerios de gratis. La marcha abarcó parte de la Avenida Segunda, estuvo frente al edificio de la Corte Suprema de Justicia y concluyó frente a la fiscalía en el barrio Francisco Peralta en San José. El mandatario llegó frente a las oficinas de la fiscalía en un auto oficial rodeado de 50 policías y miembros de la Unidad Especial de Intervención (UEI) vestidos de civil para no chotearse ni dar la sensación de militarismo en una dictadura. Lo acompañaron su gabinete, ministros y presidentes ejecutivos de todas las instituciones públicas y los diputados oficialistas. Encaramado en una tarima que le prepararon al efecto comenzó a dar su discurso de odio. “Estas instituciones están heridas de gravedad, las ha capturado las ratas. Gentes como Carlos Diaz y sus cómplices, sus proxenetas del Poder Judicial y sus cómplices en la Asamblea que dirige Rodrigo Arias. Ellos desde las sombras, a escondidas, han hecho una maquinaria para proteger a los poderosos. El sistema judicial no les sirve a ustedes, el sistema judicial lo capturaron para intereses mezquinos de una élite que quiere seguir ordeñando al pueblo. Yo soy la voz del pueblo para gritarle a los magistrados- Yo soy el que me puedo dar el lujo de gritarle a los magistrados lo que ustedes quieren decirles. Se los vengo a gritar en la cara. Compatriotas, yo soy nada más que un humilde servidor de ustedes, que siente el sufrimiento que sienten ustedes”.
Doña Laura heredó ese odio y persecución contra al fiscal y el mismo 2 de febrero de este año contentísima de su triunfo electoral tuvo tiempo para meterse con el fiscal. Dijo en esta oportunidad: “He sido muy crítica del rol del fiscal general, quien ha instrumentado su cargo para fines políticos. Pero bueno, ya lo juzgará Dios, el pueblo de Costa Rica y el Poder Judicial”. Cada vez que puede sigue con el mismo telele pidiendo su renuncia.
Esta semana Carlos Díaz fue invitado a la Asamblea Legislativa a la Comisión de Seguridad y Narcotráfico y Nogui Acosta aprovechó, siguiendo el guión presidencial, de atacarlo, lo mismo hicieron otros diputados oficialistas, uno de ellos, lo cuestionó porque no se hace las pruebas de polígrafo para ver su idoneidad, a lo que el fiscal lanzó el reto de que él con gusto se hace las pruebas, a condición de que lo haga la presidenta, los diputados y miembros del Gabinete, con los polígrafos de la DEA o del FBI, y no por los pagados por casa presidencial a una empresa privada que se prestan para manipular los resultados, porque es bien sabido que quien paga la música manda el baile. El reto está lanzado.
Por qué la presidenta anda con el polígrafo buscando culpables, corruptos, posibles delincuentes, y no lo usó para el nombramiento de 10 diputados del Pueblo Soberano que acumulan 72 causas pendientes de delitos varios ante la Fiscalía, por qué Rodrigo Chaves no se hace la prueba para ver su mácula y que se deje de seguir atacando al fiscal al que antes llamaba RATA y el pasado miércoles lo llamó despectivamente PRINCESITO. Sigue ofendiendo en las conferencias de prensa, en las que ahora son dos los que ofenden. El y la ofenbacha.
Al principio de la Humanidad los dioses castigaban a los hombres sin dar explicaciones, su poder infinito y su omnisciencia excusaban cualquier justificación. Más adelante los hombres se atribuyeron la facultad divina de juzgar y castigar a sus semejantes sin sentir tampoco la necesidad de argumentar sus decisiones. Esta arbitrariedad no podía continuar y se convino en que el poder de juzgar y castigar debía hacerse con un principio moral: La Justicia (*). Hoy aquí nuestra presidenta con un polígrafo debajo del brazo se cree dueña de la Justicia y castiga a los que salen mal en la prueba. Esperemos que continue este jueguito con ella en las máquinas de la DEA o las del FBI. El ejemplo entra por casa.
(*) Carlos Castresana. “Bajo las Togas”. Errores judiciales y otras infamias.
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