El día que Eslovenia le cantó las cuarenta al mundo

Nataša Pirc Musar
Nataša Pirc Musar, la actual presidenta de Eslovenia.

La diplomacia internacional nos tiene acostumbrados a un desfile de discursos lavados, aburridos y cargados de un protocolo hipócrita que no dice nada mientras el mundo se cae a pedazos. Por eso, cuando alguien se para en el atril más importante del planeta y dice la verdad sin anestesia, nos vuela la cabeza.

Eso fue lo que hizo Nataša Pirc Musar, la actual presidenta de Eslovenia —uno de los tantos países que nacieron tras la sangrienta disolución de Yugoslavia—. En lugar de leer el típico guion diplomático diseñado para no ofender a nadie, miró de frente a la platea de mandatarios de la Asamblea General de la ONU y les cantó las cuarenta en la cara.

Sin rodeos ni anestesia

La mandataria eslovena no anduvo con vueltas. Fue directa al grano y les soltó que si lo único que tienen para ofrecerle a la humanidad es terror, guerras, contaminación y desigualdad, entonces hay que dejar de caretearla: son todos cómplices de un crimen contra la civilización. Así de corta. Dijo que ya nadie ahí adentro puede hacerse el distraído ni mirar para el techo.

Pirc Musar exigió recuperar la dignidad humana y demostrar de una buena vez que la ONU sirve para algo más que para sacarse fotos chetas y firmar papeles que nadie cumple. Sentenció que es hora de bajarse del pony de la arrogancia geopolítica y dejar de cerrar los ojos frente a las guerras de agresión.

Y ahí, clavando la mirada en los líderes de las potencias mundiales, metió el dedo en la llaga más profunda y dolorosa de la historia reciente.

Las tres bofetadas de la historia

Recordó, con una crudeza demoledora, que el mundo no tuvo los reflejos para frenar el Holocausto. Que tampoco movieron un dedo para parar el genocidio de Ruanda ni la masacre de Srebrenica. Y con ese peso histórico sobre los hombros de los presentes, plantó la bandera con una frase que resonó en cada rincón del salón.

Casi masticando la bronca, la presidenta eslovena lanzó su veredicto final:

“La historia juzga nuestras acciones, no nuestras palabras. No tuvimos los reflejos para detener el Holocausto. No detuvimos el genocidio en Ruanda. Tampoco detuvimos el genocidio en Srebrenica. Debemos detener el genocidio en Gaza. No quedan excusas. No quedan excusas. Absolutamente ninguna excusa más”.

Cuando la política internacional se convierte en un teatro de complicidades y cinismo, el discurso de esta mujer nos recuerda que la decencia todavía es posible, aunque a los dueños del mundo les incomode escucharla.

Que estas palabras provengan de la actual presidenta de Eslovenia —quien asumió el cargo en 2022 y seguirá al frente de su país hasta diciembre de 2027— no es un detalle menor. Pirc Musar lidera una nación joven que sabe perfectamente lo que es resurgir de los escombros de la guerra y la intolerancia étnica en los Balcanes. Su voz no habla desde la teoría académica o la comodidad de la distancia; habla desde la memoria histórica de su propio pueblo.

Al sostener su postura con firmeza a lo largo de su mandato, la mandataria eslovena demuestra que la verdadera política exterior no tiene por qué ser un ejercicio de cobardía disfrazado de prudencia. Mientras continúe en el poder, su discurso en la ONU quedará registrado como el día en que una pequeña nación europea le recordó a las grandes potencias que el silencio ante la barbarie también es una forma de financiamiento y complicidad. Ya no quedan excusas.

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