El trabajo en el futuro

Ágora*

Guido Mora
guidomoracr@gmail.com

Guido Mora

El pasado domingo, el diario La Nación publicó una nota sobre el trabajo del futuro, intitulada “Automatización acecha a la mitad de empleos en Costa Rica”. Esta noticia expone la situación que, según el Banco Mundial enfrentará nuestro país a la vuelta de unos años. Estas reflexiones las expone en un documento denominado “Dividendos Digitales”.

Según este informe, el 48% de los puestos de trabajo en Costa Rica, podrían automatizarse, lo cual desplazaría a aproximadamente un millón doscientas mil trabajadores.

Esta situación, sigue exponiendo el estudio, se da porque “cada vez es más habitual que las máquinas puedan realizar tareas rutinarias con mayor rapidez a un costo menor que los seres humanos, y muchas de las actividades que hoy en día se consideran no rutinarias (como la traducción, la suscripción de seguros o incluso los diagnósticos médicos) en el futuro podrían ser ejecutadas igualmente bien por computadoras”.

El avance de la tecnología en general y de las tecnologías de información en particular, presenta un reto para las empresas, por una parte, y para los trabajadores, por otra. Especial importancia adquiere este tópico, para los costarricenses más jóvenes, que buscan incorporarse al mercado laboral y con ello satisfacer las necesidades de recursos destinados a formar y sostener su vida y la de sus familias.

Entre las empresas, es imperativa la tarea de adoptar nuevas tecnologías digitales, para lograr, por un lado, una mayor eficiencia y la reducción de costos de operación, de manera que se incrementen los volúmenes de producción, sin que produzca un aumento en los costos directos. Los esquemas de competitividad en que estamos involucrados, obligan a impactar los precios a la baja apostando al volumen o, al menos, incrementar las utilidades, controlando el nivel de gastos. Las economías de escala a las que nos enfrentamos, nos llevan mucha ventaja en este campo y urgimos de un gran esfuerzo económico y político, que nos permita obtener resultados a corto y mediano plazo.

Entre los trabajadores, se impone la obligación de buscar mejores y mayores competencias, así como el desarrollo de habilidades técnicas complejas, que permitan sortear la posibilidad de ser sustituido por una máquina o por la inteligencia artificial, que avanza a pasos agigantados. Es por esto que hay que hacer frente, de manera inmediata, a la necesidad de que los jóvenes desarrollen habilidades técnicas y profesionales, que les permitan vincularse exitosamente y de manera duradera al mercado laboral. Las carreras técnicas, las ingenierías, las disciplinas científicas y las vinculadas a las tecnologías de la información, forman parte de estas profesiones privilegiadas por el sistema económico en que nos desenvolvemos.

Según este documento del Banco Mundial, “Algunos trabajadores de capacitación media probablemente posean habilidades adicionales que les permitirán pasarse a ocupaciones no rutinarias mejor pagas, en las que la tecnología tiende a incrementar el capital humano y la productividad de los trabajadores capacitados. Estos últimos saldrán ganando con las disrupciones provocadas por la tecnología… Los que carezcan de estas competencias deberán buscar trabajo en ocupaciones no rutinarias que exijan menos capacitación, como los servicios de conserjería, la industria hotelera o el cuidado personal. Es posible que la demanda de estos servicios se eleve, pero quizá no lo suficiente para evitar la presión a la baja que experimentarán los salarios a medida que se incremente la mano de obra disponible en estos sectores… La proporción de ocupaciones que podrían automatizarse de manera significativa es en realidad más alta en los países en desarrollo que en los más avanzados, donde muchos de estos empleos ya han desaparecido”.

Al Estado, por su parte, le corresponde la obligación de facilitar los instrumentos, de las más diversas características, con el fin de que tanto el sector productivo como el laboral, puedan transformarse y convertirse en motores de creación de riqueza, generación de emprendimientos y de empleos, de manera que satisfagan los requerimientos económicos, sociales y culturales de la población costarricense.

Resulta inaplazable evaluar las carencias y necesidades de los centros de formación de técnicos y profesionales, contrastándolos con las identificadas en el sector productivo, a fin de lograr la readecuación de los programas de formación, para que satisfagan los requerimientos de uno y otro agente económico.

En los procesos educativos a nivel de secundaria, debemos Impulsar los programas de formación, con el fin de que despierte en los estudiantes el interés por desarrollar sus habilidades en aquellas disciplinas que le aseguren la satisfacción de sus necesidades socioeconómicas.

Tal como lo expone el mismo documento, observando la perspectiva histórica, “el desplazamiento del empleo y la pérdida de puestos de trabajo provocados por el cambio tecnológico son parte indisoluble del progreso económico. Precisamente mediante el incremento de la productividad (cuando la tecnología remplaza algunas tareas humanas pero potencia las habilidades de los trabajadores restantes y de los nuevos), se genera crecimiento y se liberan recursos humanos y financieros que pueden reasignarse a sectores de mayor rentabilidad. También se reduce la necesidad de que las personas realicen tareas arduas, repetitivas o peligrosas. Estas tendencias serán bien recibidas en los países que envejecen con rapidez o en aquellos donde la población disminuye, o en profesiones donde el personal capacitado escasea”.

Este proceso, sin embargo, no podemos dejarlo a la libre, o que sea “dirigido” por las manos ocultas del mercado, al que le resulta indiferente poner en riesgo los intereses de las grandes mayorías.

El Estado, que tiene que convertirse en un instrumento fuerte y eficiente, debe orientar esta reingeniería socioeconómica, con el fin de que la incorporación y la participación de quienes lideren este proceso sea sostenida, que los que se quedan en el camino sean apoyados para que no se queden atrás y que los sectores más rezagados reciban el impulso que requieren, para funcionar en la búsqueda de este objetivo.

No perdamos en cuenta que uno de los mecanismos que permite superar el problema del déficit fiscal es el incremento del PIB y que el alcance de este objetivo pasa por aumentar la productividad y la producción de los sectores que coexisten en la economía costarricense.

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* El Ágora era el centro de la actividad política, administrativa, comercial y social de la antigua Atenas.


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