El expresidente Daniel Oduber enjuicia la política económica del Gobierno de Carazo (X)

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Serie documentos históricos (Especial para Cambio Político)

Daniel Oduber Quirós

Lic. Daniel Oduber Quirós

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ATAQUES A LA NACIONALIZACIÓN BANCARIA

Ya en el programa de gobierno de la coalición que se presentó a las elecciones de 1978 bajo el nombre de Partido Unidad se anunciaba la renovación y el fortalecimiento del ataque a la banca nacionalizada por parte de sus enemigos tradicionales. Pero por extrañas coincidencias en el Gobierno del señor Carazo, a la voracidad por el lucro personal de quienes quieren para sí el negocio de la banca o entregarla al capital extranjero, se unió la justificación teórica de los profetas del liberalismo económico.

No debe olvidarse que el liberalismo no es solo una doctrina económica, sino también un sistema que, en su afán de perpetuar los privilegios que concede a los grupos de poder económico, más fuerte, penetra y corroe el andamiaje institucional vigente. Sobre este binomio “agiotistas – economistas liberales” es que gira la política financiera del Gobierno Carazo, cuyos objetivos fundamentales son el fortalecimiento de la banca privada y el desprestigio y desnaturalización de la banca nacionalizada.

El fortalecimiento de la banca privada nacional y extranjera se pretendió consolidar a finales de junio, por medio de una intrincada estrategia que incluía dos pasos fundamentales: primero, la liberación de las tasas de interés y las carteras crediticias de las financieras privadas y bancarias y, segundo, la eliminación de las financieras bancarias, manteniendo sin control a las privadas.

La primera medida se adoptó en octubre de 1978, bajo el pretexto de modernizar el Sistema Bancario Nacional y darle más dinamismo, agilidad y flexibilidad en sus operaciones de captación y colocación de recursos. La intención real se puso al descubierto hace pocos días, cuando los padres de la “modernización del sistema financiero” desconocieron a la extraña criatura que habían procreado y, argumentando que fue un error de profeta, decidieron eliminarla. Nunca soñamos los costarricenses que llegaríamos a tener un Dr. Frankenstein en nuestro Banco Central. El problema es que, como en la espeluznante leyenda, el monstruo anda suelto y puede causar graves daños a nuestro pueblo. Las financieras privadas tendrían así plena libertad para lucrar con los dineros del pueblo frente a una banca nacional amarrada.

En forma complementaria y paralelamente al fortalecimiento del ahora floreciente agiotismo, este Gobierno instrumentó una serie de medidas dirigidas a estrangular financiera y económicamente a nuestra banca nacionalizada, al tiempo que desataba una campaña publicitaria con el fin de propiciar su desprestigio. Para este fin han utilizado al Banco Central, otrora institución rectora del sistema de banca nacionalizada, hoy convertida en el principal instrumento de quienes buscan su destrucción.

El estrangulamiento financiero de la banca nacionalizada lo ha propiciado el Banco Central mediante una serie de acciones que incluyen el establecimiento de un encaje de 100 por ciento sobre los depósitos a plazo en dólares, que es el recurso que crece más rápido; el congelamiento de los créditos externos directos a los bancos del Estado, la disminución del monto que pueden redescontar esos bancos en el Banco Central, la imposición a los bancos comerciales de programas masivos de adecuaciones por parte del Poder Ejecutivo y la creación de la famosa Autoridad Presupuestaria y el Fondo de Compensación Financiera, que no son sino una elaborada excusa para que el Gobierno central eche sus garras a las cuentas bancarias de las instituciones autónomas.

Todas estas medidas han drenado los recursos disponibles de los bancos comerciales del Estado, en relación a las necesidades de financiamiento, lo que ha causado enormes restricciones en el crédito para la producción durante los últimos 18 meses.

Por otro lado, el Banco Central asfixia económicamente a los bancos estatales encareciendo sus recursos y al mismo tiempo obligándolos a prestar tasas de interés subsidiadas. Según lo expresó un prominente miembro de los economistas liberales en un seminario sobre la banca nacionalizada en la Asamblea Legislativa, el objetivo es eliminarla haciendo que se extinga o se reduzca significativamente la base de su sustento financiero: los depósitos a la vista. Con esto en mente es que el Banco Central liberó las tasas pasivas y activas de las financieras en octubre de 1978. Los resultados no se hicieron esperar y se observan en forma impactante en el cuadro adjunto.

DEPARTAMENTOS COMERCIALES DE LOS BANCOS

Depósitos totales a febrero de cada año,
en millones de colones

Daniel Oduber - Cuadro

FUENTE: Banco Central de Costa Rica, Información económica semanal, 14 de marzo de 1980

Las cifras muestran cómo en menos de dos años el Banco Central logró que los depósitos relativamente más baratos, los depósitos a la vista, bajaran su participación en los depósitos totales de 60,3 por ciento a 50,7 por ciento. Al mismo tiempo, las exorbitantes tasas de interés que se pagaron por depósitos a plazo hicieron que esos depósitos pasaran de 34,8 por ciento en 1978 a 45,2 por ciento en febrero de 1980, dentro de los depósitos totales. Este fenómeno, que ya venía produciéndose desde antes, pero a un ritmo mucho menor, fue de tal intensidad desde octubre de 1978, que hoy día los depósitos a plazo van siendo más importantes dentro de los recursos bancarios que los depósitos de cuenta corriente. Esto implica que los recursos de los bancos comerciales se han encarecido muy significativamente como consecuencia de las medidas del Banco Central.

Pero el encarecimiento de los recursos por sí solo no era suficiente para asfixiar a la banca nacionalizada: era necesario obligarla al mismo tiempo a prestar tasas de interés subsidiadas, a pesar de que el Banco Central anunció pomposamente en su Memoria Anual de 1978 que esas tasas “son distorsionantes y obstaculizan el desarrollo económico y social” (Pág. 27) y que esa institución “eliminó el uso de tasas de interés subsidiadas como instrumento de desarrollo” (Pág. 31). Lo cierto es que en 1979 más de la mitad de los créditos concedidos por los departamentos comerciales de los bancos se otorgó a tasas de interés subsidiadas. Pero la incongruencia tan tajante entre las dos políticas, de tasas pasivas superiores hasta en diez puntos a las tasas de activas, hizo tan atractivo el negocio de la desviación del crédito que probablemente gran parte de los préstamos concedidos a los sectores productivos fue desviado a actividades especulativas que en nada favorecen al país.

Las consecuencias de las políticas anteriores no se hicieron esperar: el crédito ha sido insuficiente y se ha iniciado un proceso de descapitalización acelerada de la banca nacionalizada. Pero como el objetivo no es sólo estrangularla sino desnaturalizarla, paralelamente a las acciones anteriores, el Banco Central inició una costosa campaña publicitaria enfilada a desprestigiar a los bancos comerciales del Estado, campaña reminiscente de otra que aún recuerdan los costarricenses.

Todos los días desde hace varios meses oímos que el Banco Central anuncia en tono patriótico por todas las emisoras de radio que ha asignado muchos cientos de millones de colones para el sector agropecuario, creando la impresión de que esos millones están disponibles para ser prestados, cuando lo cierto es que esos dineros ya fueron prestados a los agricultores por los bancos del Estado dentro del programa crediticio que elaboró el Banco Central. El objetivo es claro: cuando el campesino, el ganadero o el agricultor llegan a las ventanillas de los bancos y encuentran que no hay recursos, llega a creer que son los bancos comerciales los que no quieren prestar los millones que les asignó el Banco Central. ¡Qué forma tan ruin de engañar al pueblo!

Es interesante señalar un último aspecto que reflejan las cifras del cuadro adjunto. Los depósitos en colones. Así, mientras que en 1977 sólo el 12,3 por ciento de los depósitos eran en dólares, dos años después esa proporción subió a 20 por ciento. Esto refleja que vivimos un proceso de “dolarización” de nuestra economía producto de la incertidumbre y el caos creado por el Gobierno del señor Carazo en materia económica y laboral. El público ha perdido la fe en nuestra moneda y, alentado por las altas tasas de interés, prefiere invertir en dólares.

El Banco Central encontró muy expedito, además, atraer capital extranjero especulativo para subsanar su inhabilidad para mantener una posición sana en materia de divisas.

Durante el mes de junio llegaron a comprometer a corto plazo más divisas de las que había disponibles, por lo que las reservas netas del Banco Central se volvieron negativas.

Pero, como en todo lo demás, en vez de afrontar la realidad y explicarla al pueblo, el Banco Central recurrió al encubrimiento, al manipuleo estadístico, y ordenó que en adelante sólo se dieran a conocer las reservas brutas, que excluyen los pasivos en moneda extranjera, y no las netas. Es como si al presentar la posición de capital de una empresa sólo se haga referencia al activo total y no al pasivo. De nuevo vuelve uno a preguntarse ¿a quién pretenden engañar?


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