🍽️🎭 ¿Cena, narcos o debate político?
El Plenario legislativo volvió a convertirse en el escenario de un espectáculo bochornoso donde el debate sobre el presupuesto para combatir el crimen organizado terminó ahogado entre insinuaciones sentimentales, egos heridos y cenas en restaurantes caros. Lo que debió ser una discusión seria sobre los recortes que el Ejecutivo pretende aplicarle al Poder Judicial y al OIJ, terminó derivando en un intercambio tragicómico entre la diputada del Frente Amplio, Sigrid Segura, y el oficialista del PPSO, José Miguel Villalobos.
🥗 De la persecución penal a la carta de Sapore
Todo comenzó cuando Segura cuestionó en el micrófono de control político por qué existen abogados que pasan de ser fiscales a defensores de acusados por narcotráfico, rematando con la incómoda pregunta de por qué hay congresistas defensore$ en el plenario. No hizo falta nombrar a nadie: Villalobos se dio por aludido de inmediato. Pero lejos de elevar la discusión jurídica sobre el evidente conflicto de interés que genera legislar sobre seguridad mientras se defiende en los tribunales a imputados de peso pesado, la diputada prefirió lanzar un dardo de pasillo: sugirió que la molestia del oficialista obedecía a que ella le había rechazado una salida a cenar.
🍷 La respuesta que lo retrató solo
Si el dardo de la cena fue un golpe bajo, la reacción de Villalobos fue el remate perfecto para el sainete. En lugar de ignorar la provocación personal y enfocarse en la ética del ejercicio profesional, el diputado alajuelense cayó redondito en la trampa. No solo admitió haberle dicho a su coterránea que en Sapore «se comía muy bien», sino que acudió al trillado recurso de acusarla de creerse «tan atractiva que todos los hombres la quieren invitar», para luego aclarar apresuradamente que él cena con sus compañeros de fracción «sin propósitos sexuales». En cuestión de minutos, la discusión sobre la infiltración del narcotráfico en la política se convirtió en un libreto de telenovela barata.
🏛️ La cortina de humo sobre las curules
Detrás del show de las invitaciones a cenar y los desmentidos culinarios, queda flotando la verdadera pregunta que la ciudadanía se hace: ¿es éticamente tolerable que un diputado combine su curul con la defensa penal de presuntos miembros del crimen organizado? Villalobos argumenta que ser penalista es igual que ser médico o contador. Sin embargo, comparar una receta médica con el patrocinio legal a redes delictivas mientras se votan leyes de seguridad pública es una pirueta mental que no convence a nadie. El Plenario no puede seguir siendo la vitrina para medir egos ni para ventilar despechos reales o imaginarios, mientras el país se desangra.
🦂 EL AGUIJÓN:
En la Asamblea Legislativa confunden la ética con la etiqueta: mientras el país pide cuentas sobre quién defiende a los narcos, en el plenario pelean por quién paga la cuenta en el restaurante.
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