El Escorpión

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🦂 El ajedrez de la impunidad: cuando el bloqueo de magistrados suplentes frena la justicia

La democracia no siempre cae a golpe de decretos o rupturas abruptas; a veces se asfixia por omisión, inercia y cálculos de pasillo. La reciente confirmación del magistrado de la Sala Constitucional Jorge Araya —durante su comparecencia ante la Comisión de Nombramientos— puso sobre la mesa una de las tácticas más perversas de la ingeniería política actual: atar de manos al Poder Judicial mediante el bloqueo sistemático en la elección de magistrados suplentes.

🛑 El engranaje trabado por una silla vacía

El saldo de esta estrategia ya tiene rostros y expedientes concretos. Actualmente, la Corte Plena —el máximo órgano de justicia, integrado por 22 magistraturas— se encuentra completamente inhabilitada para sesionar y votar la segunda acusación contra jerarcas del Ejecutivo vinculada a las presuntas irregularidades en el financiamiento de la campaña electoral de 2022.

¿La razón técnica de este embudo? Se requiere un cuórum pleno, pero hoy el sistema opera con las manos atadas porque solo hay 21 magistrados disponibles, tras la inhibición del magistrado Paul Rueda por un potencial conflicto de interés.

Falta uno. Solo una ficha para completar el tablero. Ese espacio vacante debería ser llenado por un magistrado suplente, pero los nombramientos de los suplentes vencieron en diciembre pasado y, desde el período legislativo anterior, la fracción oficialista ha mantenido un cerrojo férreo sobre estas plazas. No estamos ante un simple descuido administrativo o un rezago de agenda; es un veto de facto muy bien calculado.

♟️ Vaciar los tribunales para blindar el poder

Lo advertía Araya con claridad meridiana desde el recinto legislativo: atar y tomar el control del Poder Judicial ya no requiere asaltar los tribunales con fuerzas de choque; basta con vaciarlos de fichas clave. Dejar desiertas las suplencias es garantizar un limbo técnico donde los casos de alto perfil duermen el sueño de los justos, protegidos por la burocracia y la inopia institucional.

Cuando un parlamento se niega por conveniencia política a completar los órganos de suplencia, el engranaje de la justicia penal y constitucional se traba de forma milimétrica justo en el momento más incómodo para el poder de turno. Es una partida de ajedrez donde la falta de nombramientos deja de ser un trámite atrasado para convertirse en un chaleco antibalas a la medida.

Mientras el país asiste al desgaste cotidiano de sus pesos y contrapesos, la estrategia queda al desnudo: si la justicia no se puede doblegar por la vía del argumento jurídico, se le neutraliza por la vía del vacío. Y en ese bache institucional, los únicos que ganan son los que le huyen a rendir cuentas ante los tribunales.

🦂 El aguijón

De nada sirve presumir de transparencia y control republicano en los discursos de plaza pública, si en la trastienda legislativa se usa la silla vacía como el arma perfecta para recetar impunidad por asfixia.

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