🦂 Se fue de la lengua… ¿o se le chispoteó el autoritarismo?
Hay excusas políticas que, de tan gastadas, majaderas y simplonas, terminan enseñando la costura y revelando exactamente lo contrario de lo que pretenden tapar. La más reciente joya de la comedia de control de daños oficialista nos la regala la mismísima presidenta de la República, Laura Fernández, quien salió al paso, en un despliegue de acrobacia verbal digno de circo, a apagar el incendio provocado por las perlas del secretario general de Pueblo Soberano, Freddy González. Como recordarán los memoriosos, el dirigente se pavoneó públicamente asegurando, con pecho henchido y aire de policía secreta, que tenían bien “identificados” y en la mira a los militantes del Frente Amplio que asistieron al traspaso de poderes.
Pero ¡suénense las flautas y canten los ángeles!, porque según la iluminación oficial de la mandataria, aquí no ha pasado nada y todo fue una pura “vacilada”. Tras pedir un informe con cara de angustia burocrática, la conclusión presidencial fue tan llana como insólita: a don Freddy sencillamente «se fue de la lengua», para que «todos entiendan», y afirmó algo que supuestamente «no era cierto». ¡Ay, qué alivio tan grande para la democracia y el Estado de derecho! Resulta que no estábamos ante una confesión abierta de espionaje chicha ni de listas negras a la tica, sino ante un mero ataque de incontinencia verbal de un alto dirigente que, de tanto soplar la flauta partidaria, terminó desafinando feísimo.
🐍 Entre bueyes no hay cornadas y el cobijo del poder
El argumento defensivo es tan tierno que dan ganas de adoptarlo. Nos piden aceptar, sin anestesia y con una sonrisa de ingenuidad ensayada, que a un secretario general del partido de gobierno le dio por inventarse, por puro deporte o por mero alarde de matonería analógica, el fichaje ideológico de ciudadanos en un acto público. Y para rematar el sainete, la presidenta nos remite con gran solemnidad a una nota de aclaración donde nos garantizan que la gestión de tiquetes estuvo a cargo de una promotora privada, que las entradas eran electrónicas y que todo cumple a pie juntillas con la normativa de la Agencia de Protección de Datos de los Habitantes (Prodhab). Vamos, que la dichosa base de datos está tan blindada y pura como si la custodiara el mismísimo Santo Niño de Atocha.
Pero a este Escorpión, que peina canas, conoce bien la fauna del pretil y ha visto pasar demasiadas carretas por el mismo barrial, esa explicación le suena a la consabida y vetusta solidaridad de cuerpo: entre bueyes no hay cornadas y a los compañeros de causa hay que limpiarle los mocos y cobijarlos como se pueda, caiga quien caiga. Decir en el argot de acera que alguien «se fue de la lengua» implica admitir, guste o no, que traicionó un secreto bien guardado o que reveló antes de tiempo una verdad de esas que incomodan. Si se tratara de una mentira absoluta o de una alucinación febril, la diplomacia de Zapote habría dicho que el dirigente desvarió, mintió o fabuló; no que se le soltó la traba con algo que no debía contar.
🎭 La política espectáculo y el peligroso fichaje ciudadano
Lo que la retórica del gobierno intenta disfrazar de “expresión incorrecta” hiede a esa peligrosa e histórica tentación autoritaria que a cada rato asoma la nariz en la arena pública: la manía de creer que el aparato estatal, o las plataformas afines al régimen, pueden usarse como delator para fiscalizar, empadronar y señalar con el dedo a quienes no aplauden el circo de turno.
Comparar con tanto desparpajo la recolección de datos personales en un acto republicano, institucional y constitucional como el Traspaso de Poderes con la compra de un tiquete para ir a perrear a un concierto de música urbana es rebajar la solemnidad de la patria al nivel de una venta de boletos de turno patronal. Pero claro, en la era del espectáculo político y del populismo de utilería, tal vez para ellos la diferencia entre la ciudadanía activa y la fanaticada de gradería sea una mera sutileza de papel.
Don Freddy habrá firmado todas las notas de retractación que le pongan enfrente, presionando desesperadamente el botón de “desinstalar” sobre sus propias palabras. La presidenta habrá salido a hacerle el trabajo de escudera con la soltura y el aplomo habituales. Sin embargo, el tufillo a fichaje, a lista negra y a voyeurismo partidario queda flotando bien denso en el ambiente. Y es que en política, los “chispazos” de esta naturaleza rara vez son casuales: suelen ser el eco involuntario de lo que se platica sin tapujos en la mesa chica cuando asumen que nadie los está escuchando.
🦂 El Aguijón
Dicen que don Freddy solo «se fue de la lengua», pero en los pasillos del poder las lenguas sueltas nunca inventan fantasías: simplemente traicionan los verdaderos antojos del corazón.
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