Abismo o relanzamiento: la disyuntiva del Partido Liberación Nacional

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Sin tregua

Claudio Alpízar Otoya

Claudio Alpízar

El Partido Liberación Nacional fue fundado en octubre de 1951 como una organización política socialdemócrata. Como es sabido, el pensamiento socialdemócrata en el mundo tuvo sus orígenes a mediados del siglo XIX, un siglo antes de la fundación del PLN.

En aquel momento, los socialistas democráticos se separaron de los socialistas marxistas afirmando que estos últimos se distinguían por sus objetivos políticos e ideológicos dictatoriales, y su intención de crear un sistema económico controlado por el Estado y el gobierno.

Fue así como los socialistas democráticos optaron en favor de las tradiciones del liberalismo político y se pronunciaron en defensa de un sistema económico que combinara los méritos del Estado y del mercado. Esta síntesis de Estado y Mercado se conoció en Costa Rica, entre los años 1960 y 1990, como el Sistema de Economía Mixta.

A mediados del siglo XX, la socialdemocracia europea y la latinoamericana se distinguían por ser una fuerza política y social mayoritaria que se presentaba como la alternativa democrática frente al estatismo totalitario y el extremismo del liberalismo economicista.

Y fue precisamente en ese contexto ideológico que surgió y se consolidó el Partido Liberación Nacional, destacando en este proceso histórico personajes como Rodrigo Facio Brenes, José Figueres Ferrer, José Francisco Orlich, Daniel Oduber Quirós y Luis Alberto Monge Álvarez, entre muchos otros costarricenses sobresalientes en la vida política del liberacionismo y del país.

Liberación Nacional surgió así como el partido político que heredó y continúo la reforma social de los años cuarenta del Siglo XX, así como por la eliminación del ejército como institución permanente y la fundación de la Segunda República. Sobre esas bases se convirtió en la principal fuerza política del país, y en esa condición lideró la estrategia de sustitución de importaciones y Estado de Bienestar.

Al estallar la crisis económica y social de fines de los setentas y principios de los ochentas, los liberacionistas se transformaron en la principal alternativa democrática para superar esa crisis, y fue así como, bajo la conducción de Luis Alberto Monge Álvarez y Óscar Arias Sánchez, el país logró superar los efectos de la crisis, retomar lo mejor de lo realizado por Costa Rica entre los años 1940 y 1982, impulsar una nueva estrategia de desarrollo basada en la apertura comercial y la inserción en la economía internacional, y liderar el papel decisivo del Estado y del gobierno costarricense en la pacificación de Centroamérica.

Después de 1990 el Partido Liberación Nacional ejerció el Poder Ejecutivo en tres ocasiones, cuando José María Figueres Olsen, Óscar Arias Sánchez y Laura Chinchilla Miranda, se convirtieron en presidentes de la República (Óscar Arias por segunda vez). Bajo la conducción de estos presidentes el liberacionismo continúo el esfuerzo transformador que el PLN ha realizado desde 1951.

El camino no ha sido fácil y ha estado lleno de méritos y de insuficiencias, de luces y de sombras, pero la experiencia acumulada ha sido fundamental, y es irrenunciable. Empero hoy debe renovarse, reinventarse y reposicionarse en las nuevas condiciones del siglo XXI. Por su historia, por sus méritos inobjetables, por sus propuestas, y por el inmenso caudal de talento humano que alberga, el liberacionismo es hoy la principal fuerza política nacional, pero muy disminuida en relación a lo que fue hace una décadas.

Los que nos definimos como socialdemócratas creemos firmemente en el reformismo democrático, social y económico y lo promovemos con contundencia. Creemos en el régimen de libertades, en el sufragio, en la institucionalidad democrática, en la paz y en la justicia social. Creemos en una economía eficiente y solidaria y en un Estado moderno al servicio de la ciudadanía. Hoy, la duda de muchos socialdemócratas es si es el PLN el espacio político natural en que podamos aglutinarnos los costarricenses, en el caso de que el partido esté dispuesto reconoce sus errores y sus raíces.

Abandono de los principios y valores

En el presente 2020, el PLN experimenta la mayor crisis de su historia, originada en el abandono de los principios y valores que le dieron origen, y que le exigían ser un partido doctrinario, programático, permanente y transparente, al servicio de los ciudadanos. El abandono de esos principios y valores lo ha convertido en una simple maquinita electorera al servicio de intereses creados particulares o sectoriales dentro del partido, y no de toda la ciudadanía.

Ha llegado entonces el momento de que el PLN sea rescatado de su orfandad política e ideológica; es este el momento del liberacionista histórico, el liberacionismo de siempre en la lucha permanente contra la pobreza, la pobreza extrema, la desigualdad, contra los egoísmos sociales y los abusos de poder disfrazados de solidaridad.

Este es el momento en el que Liberación Nacional vuelva a convertirse en el partido político que modernice al Estado y al gobierno, y que fortalezca y expanda a las clases sociales medias, a los empresarios pequeños, medianos y grandes. Es el obligado responsable, con un giro en sus acciones, a promover un sistema de partidos que fortalezca nuestra democracia, donde la lucha política sea por las calidades y no por las vanidades.

Y resulta importante destacar acá que el estilo costarricense de desarrollo, inspirado en el aporte de muchas corrientes políticas y de pensamiento, ha perdido vigor, tanto por descuido de los gobernantes, como por el desencanto del ciudadano frente a una administración pública burocratizada e ineficiente. La fórmula que nos hizo un país exitoso tiene la oportunidad de resurgir, pero es imprescindible racionalizar el gasto público, reactivar el sistema productivo, introducir inclusión social en la vida económica y modernizar al Estado y al gobierno. En pocas palabras, es necesario producir con justicia, crear riqueza con inclusión social y luchar frontalmente contra la desigualdad.

Rescate de los sectores que lo hicieron grande

El PLN abandonó a los sectores que le hicieron el partido de las grandes mayorías, las mismas que de su mano llegaron a engrosar la clase media costarricense. Dejo de ser el partido de las “masas” para convertirse en el partido de grupos de interés muy poderosos. Dejó de lado el valor de los derechos políticos como garantía de libertad y democracia, y se hizo de la vista gorda sobre el tema de la desigualdad.

Si el PLN no retoma su papel de partido reformista social el estado de bienestar que desarrollamos por décadas, y que hoy en la pandemia del COVID19 aun da resultados apenas aceptables, corre el riesgo de desvanecerse. Ya el deterioro de la clase media es evidente y la desigualdad nos coloca en una posición inaceptable para un país que apostó a un desarrollo equilibrado, justo y de evolución constante.

El PLN tiene que buscar nuevos actores que le representen, con credibilidad -y los tiene- que le permitan retomar la confianza de aquellos sectores que le abandonaron a partir del 2001 con la aparición del PAC, partido que los ha traicionado y les “tomó el pelo” a esos sectores, los que hoy en su “orfandad” buscan representación política partidaria, pero que desconfían de una buena parte de la dirigencia del PLN que los abandonó y que no retornarán al partido mientras estos sean los que dirigen los hilos políticos. Hoy, pequeños y medianos empresarios, sindicatos, solidaristas, cooperativistas y muchos otros sectores dudan del PLN, cuando en el pasado fueron su fundamento y sus raíces.

En el pasado, la intervención del Estado mejoraba las condiciones de todos los ciudadanos; hoy no, pues la administración pública también ha perdido rumbo y compromiso para cumplir a cabalidad con las tareas encomendadas. Y no es mediante una ley de empleo público como se mejorará esta situación, sino mediante una reforma administrativa que, más que depreciar salarios justos, busque la excelencia en los servicios ciudadanos para atraer a la clase media y liberarla de los gastos excesivos que tiene hoy en salud, educación y seguridad privada, y de esa manera devolverle su poder adquisitivo.

El sector agrícola, al que el PLN le dio la espalda, debe ser factor determinante para reactivar el empleo y las actividades comerciales en el gran anillo rural alrededor del Gran Área Metropolitana. El agricultor micro, pequeño y mediano exigen al PLN el retorno a sus posiciones solidarias de antaño con el sector agrícola, pero también aquí pulula la desconfianza hacia el partido.

El poder de convocatoria del PLN ha venido disminuyendo elección tras elección por la falta de un proyecto político para los sectores que siempre abrigó y que lo hicieron crecer; los que hoy tienen una alta dosis de desconfianza tanto por algunos de sus dirigentes, como por la carencia de un proyecto político para esas grandes masas que se aglutinan en los más pobres y la clase media.

Hoy por hoy el PLN no tiene un discurso persuasivo y convincente para esa clase media y trabajadora que lo acompañó por décadas y que hoy lo sienten distante, dubitativo y poco confiable, pero que vuelven a ver en el panorama partidario costarricense y no encuentran tampoco otro partido que les atraiga, que los convenza, y por eso existe una gran cantidad de personas sin partido y en expectativa electoral permanente.

La democracia costarricense, el sistema de partidos y el ciudadano requieren de un PLN fuerte y confiable que, igual que aquel que sacó al país en el siglo pasado de la crisis política de la década de los años 40, y que lo hizo de nuevo en la crisis económica de los años 80, lo vuelva hacer a partir del 2022 al país sumido en una crisis social, de la cual también ha sido un actor culpable.

Es un reto que requiere de un camino claro, un plan definido y consistente, un equipo competente de gobierno y un “mea culpa” para poner las barbas en remojo por los errores cometidos en el pasado, para que no se repitan, y para generar de nuevo esperanza nacional sobre un futuro mejor, lo que obliga a una mayor democratización a lo interno de su organización; de lo contrario sería ponerle una lápida a su existencia.

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Politólogo


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