Realidades paralelas nos salpican a todos

Adriana Núñez

Adriana Núñez

Hace pocos días, en una red social me “atreví” a reforzar con respeto y sencillez, dos comentarios de un querido amigo: el primero en oposición a algunas acciones inapropiadas que van en detrimento de la calidad de vida de ciudadanos pensionados del régimen de Vejez, Invalidez y Muerte (IVM) de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS;) y el segundo, alrededor de la figura del colega Ignacio Santos, a quien considero uno de los periodistas más profesionales, cultos y empáticos de la televisión nacional.

La avalancha de improperios que recibí de parte de la catizumba de troles que se mantiene al acecho, ha sido increíble, paradójicamente en un país donde las libertades de pensamiento, de prensa y la de disentir respetuosamente, habían sido, hasta hace pocos años, valiosos tesoros nacionales.

Uno de esos cerebros obtusos llegó al colmo de acusarme de “comunista”, cuando todo el país sabe, porque lo he expresado verbalmente y en decenas de artículos, que provengo de una familia de exiliados cubanos que precisamente llegó a Costa Rica huyendo del comunismo, y que mi padre, que en paz descanse, al igual que yo, luchó incansablemente contra la tiranía, desde todas las tribunas en las que laboró.

Y es que la baja escolaridad, la incompetencia y el oportunismo político, han creado una confusión en la mente de miles de personas que no son capaces de discernir la diferencia entre magnesia y gimnasia, en parte porque tanto el gobierno anterior como el actual, ni siquiera tienen un norte ideológico definido o un modelo concreto a seguir, excepto cuando les conviene.

Por un lado, pretenden copiar -sin éxito-esquemas de administración como los de El Salvador o Estados Unidos, donde los gobernantes -apoyados por gabinetes especializados y consecuentes- no han tenido más remedio que ponerle coto al desorden migratorio, inseguridad, mentiras, corrupción e inmoralidad y a la penetración del narcotráfico.

Y por otro, sus decisiones y discursos populistas desencadenan irreflexivas acciones como las que emanaban de violentas dictaduras de uno y otro extremo, de las que América Latina se hartó desde el siglo pasado. Especialmente de las de la izquierda radical -lobos con piel de cordero- como la de Cuba, que llenó las arcas de unos pocos en detrimento de un pueblo que está literalmente, muriendo de hambre.

Lo cierto es que el protagonismo exacerbado, rencores acumulados, complejos y carencias personales -arrastrados durante años- han atentado contra el sentido común de muchas figuras públicas y de otras tantas de a pie, que pareciera están viviendo en universos distintos al del resto de los pobladores.

Mientras tanto, la politiquería local, que en “modo hamaca” lo mismo se balancea hacia un extremo que al otro, cada día gesticula más, insulta más y por supuesto, más se equivoca. Y ese ejemplo de inconsistencia, incompetencia e intransigencia -así, como el significado del prefijo “in” lo señala- implica nada más y nada menos que negación en movimiento hacia adentro. Un fenómeno que ha permeado hondo a gran parte de la sociedad costarricense.

Entretanto, el centro, el equilibrio, educación, templanza y apertura ticas, características de las que tanto se habla, no son más que las máscaras de la propaganda, que solo sirven para ocultar la precaria situación en la que el país se ha ido sumergiendo.

Hay gente que realmente habita en un plano cósmico desconocido, a la que habría que repetirle la famosa frase de don Luis Alberto Monge: ¡Volvamos a la Tierra!

Expresidente del Colegio de Periodistas de Costa Rica

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