Necesito una camisa tropical

Crónicas interculturales

Por Remy Leroux Monet

Remy Leroux

Hace unos cuarenta años, el símbolo más claro del exotismo tropical entre los europeos, y en especial entre los franceses, era ciertamente Río de Janeiro. Y en gran medida sigue siéndolo, a pesar de la competencia fuerte que emana de otras zonas culturales y climáticas del mundo.

Un buen día, mi redactor jefe me anuncia con evidente sonrisa envidiosa y algo maliciosa que me va a mandar a cubrir un gran congreso internacional para los profesionales de turismo a celebrarse en Río. Como mi educación me impidió expresar mi alegría, menos aún mi júbilo, por ser designado para tan importante y peculiar misión periodística, sólo le contesté que tenía mi pasaporte al día así como mi vacunación contra la fiebre amarilla. En otros términos, que yo estaba listo para ir a Río de Janeiro.

Sin embargo, me quedaba una tarea que cumplir, un problema que resolver, para estar en capacidad de ir a trabajar de reportero a esta gran ciudad balnearia tropical: necesitaba una camisa bonita, confortable, con cuello abierto, de tela fresca, tipo 100% algodón para sudar menos, de mangas largas o cortas y que me pudiera servir tanto para estar en las sesiones de trabajo del congreso como para los eventos sociales.

En esta época, no había conocido todavía la guayabera, que adopté definitivamente algunos años después para viajar a los trópicos y hasta para los escasos días muy calurosos que conoce París cada año.

Hasta pedí ayuda a mi mamá para buscar una camisa que fuera elegante y que correspondiera a estos criterios de utilidad allá. La cansé mucho visitando bastantes tiendas de corrientes a finas antes de conseguir al fin LA camisa ideal para su hijo periodista que iba a los trópicos.

Una vez cruzado el Atlántico, instalado en el hotel, saco mi camisa de la valija para que se atenúen en un poco las arrugas del viaje, entusiasmado con anticipación por estrenarla esa misma noche para el cocktail de inauguración del evento.

Y así fue.

Durante el recorrido en taxi rumbo al centro de congresos donde se daba la primera recepción del congreso, observo el tránsito caótico, los altos edificios que bordan la playa de Copacabana, la gente, unos con maletín ejecutivo y otros en traje de baño, los celajes en el horizonte, el mar. De repente, mi carro se inmoviliza debido a la presa que causa un camión de recolectores de basura. Aprovecho para seguir observando. Son bastante jóvenes y atléticos y de tez oscura y trabajan bien rápido. Y ¿adivinan cómo están vestidos? ¿Cómo es su uniforme? ¡Están todos vestidos con la misma camisa que yo! Para ellos era una camisa de trabajo corriente, un uniforme. Para mí, una camisa para cocktail tropical.

Moraleja: me confirmaron una vez más que la verdad varía según el lado del Atlántico en que uno se encuentra.

Remy

Remy Leroux Monet, ciudadano francés, visitó por primera vez Costa Rica en 1978, y desde entonces no se ha separado nunca de nuestro país. En 1993 migró definitivamente. Siendo un atento observador de su entorno, tiene por afición resaltar diferencias entre sus dos países, el de nacimiento y el de adopción.


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