El vasito de agua de doña Laura Virginia

Luis Paulino Vargas Solís

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Luis Paulino Vargas

La presidenta quiso ponerse trajes de educadora. Eso la obligó a deponer, siquiera por unos minutos, las trompas de chicha que usualmente hace. Por un ratito la vimos discurrir como lo hacen las personas normales: sin gesticulaciones agresivas ni estridentes gritos.

Tomó ella una copa de agua en sus muy cuidadas manos y, con entonación de niña Pochita, explicó que el agua en ese recipiente, apenas lleno hasta la mitad, era el dinero de que disponía el gobierno para repartir en el presupuesto para 2027.

“El vaso debió estar lleno –nos aleccionaba doña Laura Virginia– pero no lo está por culpa de la oposición en la Asamblea Legislativa del período anterior”.

“¿Qué queda hacer entonces?” se pregunta nuestra niña Pochita. Pues cortar presupuestos. “No hay de otra” sentencia.
Y, en el entretanto, como quien no quiere la cosa, se tomó su buen buche de agua ¿Había en eso algún significado oculto?

No lo sé.

Especulo que quizá ella quiso simbolizar el hecho de que, en medio de tantos y tan profusos tijeretazos, los dos ministerios que regenta su “señor presidente” Chaves si recibirán incrementos del presupuesto.

En realidad, y hablando muy en serio, doña Laura Virginia no fue como que muy fiel a la verdad al decir lo que afirmó. Hizo lo que ningún maestro que se respete puede hacer: tergiversar las cosas frente a su alumnado.

Lo cierto es que, contrario a lo dicho por Fernández, el efecto resultante del rebajo del marchamo y de las exoneraciones a favor de las nuevas PYMES, solo explica en una fracción muy poco significativa el problema que se ha venido dando con los ingresos del gobierno. Y en cuanto a la exoneración sobre ganancias obtenidas fuera de Costa Rica –una concesión corrupta que urge corregir– en realidad ni siquiera hay estimaciones oficiales acerca de los montos implicados.

En resumen: esos factores no tienen, ni de lejos, el peso que ella quiso atribuirles.

En rigor, la causa principal de ese problema está en la errónea política económica del gobierno Chaves Robles. Entre otras, las siguientes dos cosas: la terquedad del Banco Central al mantener tasas de interés innecesariamente elevadas y, a la par, y vinculado con lo anterior, la fuerte baja del dólar.

Eso ha tenido diversas repercusiones negativas sobre la economía. Una de las cuales es la caída de los ingresos del gobierno.

Pero viendo a doña Laura Virginia con su vasito de agua en la mano, caí en cuenta de que, sin ella proponérselo, su imagen ofrecía una metáfora poderosa acerca de cuál es el trasfondo fundamental detrás, no solo del problema fiscal de Costa Rica, sino, asimismo, de muchos de nuestros problemas económicos.

En realidad, nuestros problemas son ideológicos, en primera instancia, y vienen siendo problemas económicos solo en un segundo momento, como subproducto derivado de esa ideología.

Por ejemplo, las altas tasas de interés que se tienen que pagar sobre las colocaciones de bonos de deuda pública.
Ese problema es evitable y eso le ahorraría muchísimos miles de millones al gobierno.

Bastaría con que el Ministerio de Hacienda y el Banco Central coordinen sus políticas y que, entonces, el segundo intervenga, cuando sea necesario, para presionar a la baja las tasas de interés sobre los bonos emitidos.

Técnicamente el Banco Central puede hacerlo. De hecho, lo hacen los bancos centrales de todo el mundo.

No puede hacerlo porque la ley se lo proscribe. O sea, porque un dogma ideológico cristalizado en esa ley se lo proscribe.

Y, como ese, podrían darse otros ejemplos similares.

El resultado es un enorme daño para la sociedad y la economía. Un daño perfectamente evitable.

Economista jubilado

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