El “Rey del Norte”, coronado Primer Ministro

Dave Kellaway

Burnham

Andy Burnham es un poco como el actor que utiliza máscaras en una obra de Shakespeare o de la Commedia dell’Arte: tiene que aparecer y comunicar de modo diferente ante las diversas fuerzas políticas y de clase que le rodean.

Tiene que convencer al público en general y a la clase trabajadora -que han ido abandonando al Partido Laborista para pasarse a los partidos Reform y Restore- de que tomará medidas rápidamente en materia de coste de la vida, vivienda y empleo. Por ello, Burnham ha dado a entender que llevará a cabo algunas medidas urgentes para paliar el aumento del coste de la vida. En una vertiente más negativa, no ha dado señales de romper con la política reaccionaria del Partido Laborista respecto a la inmigración y a la gente que busca refugio que, a pesar de que el nuevo líder rechazara esta táctica en su discurso de victoria, en realidad consiste en “superar en reformas al partido Reform”.

A los diputados laboristas de izquierda moderada y a los afiliados que respaldaron su desafío a Starmer, así como a los nuevos votantes verdes, tiene que convencerles de que representa una ruptura con el gobierno de Starmer y de que está cuestionando “cuarenta años de neoliberalismo”. Ya antes de asumir el cargo, había anunciado un cambio de política con respecto a Palestina, aunque sin reconocer que se está produciendo un genocidio en Gaza, ni una limpieza étnica en Cisjordania.

Las tarjetas de identidad digitales, una política clave de Starmer, ya han sido descartadas. Se ha dado una señal clara de que Thames Water [Abastecimiento de Agua] pasará a ser de titularidad pública y de que esto podría aplicarse a otros servicios públicos, como la energía. Se han anunciado medidas urgentes para hacer frente al coste de la vida, como tarifas sociales para la energía, la limitación de las tarifas de autobús y el aumento del umbral mínimo de tributación. Se han planteado otras políticas progresistas, como un impuesto sobre el patrimonio, pero no se ha anunciado nada concreto.

A la derecha del Partido Laborista y a su aparato tiene que demostrarles que se trata de un reinicio y no de una ruptura fundamental con el régimen de Starmer. Por lo tanto, es probable que el gabinete incluya a figuras destacadas de Labour Together, el ala derecha de la dirección laborista, como Streeting, McFadden y Mahmood. Será interesante conocer la amplitud efectiva de su “iglesia abierta”; sin duda, algunos líderes de Labour Together quedarán marginados. Está tranquilizando a la cúpula laborista asegurando que su giro respecto a Palestina tiene un límite, y que no imitará a su correligionario socialdemócrata español, Pedro Sánchez.

Burnham votó a favor del endurecimiento racista y reaccionario de las condiciones para los refugiados, propuesto por Shabana Mahmood. No ha mostrado ninguna intención de cambiar la línea general sobre los migrantes ni sobre la represión generalizada de los derechos democráticos. Sería una sorpresa que aflojara la soga que rodea a Palestine Action o que frenara la ofensiva general contra las manifestaciones y la acción directa. Ya hemos visto un giro de 180 grados en materia de derechos trans, donde Burnham, que antes defendía a las personas trans, ahora acepta la sentencia del Tribunal Supremo que impide a las mujeres trans utilizar los aseos de mujeres.

Quiere asegurar a los empresarios y a la clase capitalista que está a favor del crecimiento empresarial y que desea una nueva colaboración, aunque con un mayor control público sobre los servicios públicos y algunas industrias. De ahí que, en su entrevista con The Times, haga hincapié en sus opiniones favorables a las empresas y describa con precisión cómo el crecimiento capitalista en Manchester se basó en una colaboración con los promotores inmobiliarios. A estos les fue muy bien y no se construyeron muchas viviendas sociales.

No nombrar a Ed Miliband ministro de Hacienda y otorgar el cargo a Shabana Mahood sería otra señal clara de que la economía capitalista está a salvo en sus manos. En cualquier caso, ya ha afirmado que respetará las normas fiscales y no permitirá que el endeudamiento se dispare. El nuevo líder no ha cuestionado en absoluto los objetivos impuestos por la OTAN y Trump en materia de gasto militar, lo que complacerá al complejo militar-industrial. Su programa de reindustrialización tiene el gasto en defensa como elemento clave, a pesar de las pruebas de que potenciar el bienestar social o la educación crearía muchos más puestos de trabajo.

Un proyecto contradictorio

A pesar de la luna de miel que está disfrutando tanto dentro del Partido Laborista y del movimiento obrero como en los medios de comunicación, no será fácil mantener cohesionado este proyecto complejo y contradictorio.

La asistencia social es, acertadamente, una de sus prioridades, y si presentara un plan justo y viable, podría ganarse muchos apoyos. Su propio padre padece Alzheimer y no es consciente de que su hijo es el nuevo primer ministro. Se trata de una cuestión que afecta a todo el mundo. Incluso las personas con unos ingresos razonables conocen el gasto que supone pagar su propia asistencia o la de sus seres queridos. El capital riesgo, que ahora controla partes significativas de la asistencia social tanto para jóvenes como para personas mayores, no renunciará a sus intereses sin rechsitar.

El gasto en bienestar social, incluidas las prestaciones por discapacidad, estará en la agenda muy pronto, ya que el ala derecha del Partido Laborista, los medios de comunicación y el establishment en general están a favor de aplicar grandes recortes. Este otoño se publicará el informe Timms sobre las Prestaciones de Independencia Personal y otras cuestiones. Una parte fundamental de la base de Burnham que impulsó su candidatura a la dirección del partido fue clave para frenar el intento del gobierno de Starmer de recortar las prestaciones por discapacidad. ¿Se quedarán de brazos cruzados esos diputados si Burnham vuelve con un programa similar?

El dilema fundamental que, junto con el Brexit, ha provocado la increíble inestabilidad de siete primeros ministros en diez años es el hecho de que el capital ya no puede permitirse hacer concesiones significativas en materia de medidas medioambientales, salarios o gasto social para la clase trabajadora. Ya no estamos en el periodo de auge de la posguerra, ni siquiera en los años de Blair, cuando la caída del Muro de Berlín y el ascenso de China supusieron un contexto diferente. Podría aceptar algunas reformas para garantizar la estabilidad política y evitar los riesgos de un gobierno de Reform o una coalición, pero cualquier cosa que empezara a desafiar seriamente los intereses capitalistas no sería aceptable y se produciría una contraofensiva implacable. Corbyn ya sufrió esto cuando aún estaba en la oposición.

¿Gravará a las empresas y a los ricos?

Incluso para llevar a cabo el proyecto limitado que ha esbozado hasta ahora se necesitarían muchos recursos. Hasta el momento no ha explicado de dónde sacará el dinero. ¿Se enfrentará realmente a los empresarios y a los medios de comunicación, que se opondrán a cualquier aumento significativo de los impuestos sobre su riqueza?

Como podemos ver, hay que ser todo un malabarista político para ponerse una máscara diferente ante cada uno de estos grupos. Algunas máscaras son más dominantes que otras, por lo que el papel que desempeña para la clase capitalista prevalece sobre todos los demás. Al fin y al cabo, es un político laborista comprometido con la gestión del capitalismo, con algunas medidas paliativas para la clase trabajadora, en lugar de organizar un movimiento arraigado fuera del Parlamento pero que intervenga en él para romper con un sistema que genera desigualdad, opresión y la destrucción de nuestro planeta. Se dice que está a favor de permitir más perforaciones de petróleo y gas en el Mar del Norte, lo que generará muy pocos puestos de trabajo nuevos, pero conducirá a un calentamiento global aún más catastrófico.

El día de su toma de posesión, los mercados suben, lo que refleja la confianza de la clase dominante en que Burnham no supone una amenaza directa, aunque puedan tener inquietudes sobre algunas de sus políticas si se llevan demasiado lejos.

¿Igual que el antiguo jefe?

Desde la izquierda debemos aceptar que Burnham no es lo mismo que Starmer. Puede que sea un líder laborista, pero no es igual que el antiguo líder, salvo en el sentido de que todos los líderes laboristas gestionan el capitalismo y no cuestionan sus intereses.

La diferencia radica en los efectos políticos que ya podemos discernir. Farage se muestra muy frágil tras la revelación de su avaricia y la farsa de las elecciones parciales de Clacton. El éxito de Burnham al derrotar de forma contundente a Reform en Makerfield y el hecho de que no sea Starmer y haya anunciado algunas políticas más progresistas ha contribuido a que el Partido Laborista vuelva a estar a la par con Reform. El partido de Farage ya estaba alcanzando el techo de alrededor del 30 % que hemos visto en otros países europeos donde la extrema derecha está en auge. Si la amenaza de un gobierno o una coalición de Farage ya no ocupa un lugar tan destacado en la agenda, eso nos sitúa en un contexto político diferente.

Es demasiado pronto para afirmarlo, pero si Burnham lleva a cabo un conjunto de políticas de izquierda moderada, esto también tendrá un efecto en su flanco izquierdo, donde los Verdes han estado atrayendo a muchos votantes laboristas. Sin embargo, la máscara que luce Burnham para atraer a la derecha laborista y a los votantes de Reform ‒en temas como la inmigración, los derechos democráticos, las perforaciones en el Mar del Norte y Palestina‒ dificultará aún más recuperar, en particular, a aquellos votantes más jóvenes que hoy rechazan al Partido Laborista.

No obstante, esta ruptura con Starmer posiblemente mantendrá a muchos activistas dentro del Partido Laborista. El estrepitoso fracaso de Your Party alimenta aún más esta tendencia. Debemos mantener los vínculos con estos socialistas e involucrarlos, junto con tantos otros activistas como sea posible, en las campañas sobre el terreno que han estado trabajando en algunas de las áreas que Burnham propone cambiar. Por ejemplo, deberíamos apoyar cualquier tope a las tarifas de autobús, pero sin dejar de colaborar con las diversas campañas a favor de la gratuidad del transporte, como las de Londres y Manchester, para intervenir con nuestras políticas.

El proyecto de Burnham consiste en un gobierno laborista que gestione reformas en nombre del pueblo. No va a organizar ningún tipo de base de masas capaz de defender las medidas progresistas frente a la oposición y de impulsarlas aún más.

Participar en nuevos debates

En consecuencia, habrá nuevas intervenciones y debates para la izquierda socialista. No solo tendremos que denunciar la complicidad del Partido Laborista con la austeridad o con la represión de los derechos democráticos, sino también abordar algunas reformas reales, aunque limitadas, que se propondrán. La descentralización, la vivienda, la asistencia social y el control público de los servicios públicos pasarán a ser temas centrales del debate político. Por ejemplo, ¿cómo respondemos a la idea de la división regional y la desigualdad? ¿Qué decimos sobre su promesa de acabar con el fenómeno de las personas sin hogar que duermen en la calle? Tenemos que elaborar nuestras respuestas, definir qué apoyamos y qué debe ir mucho más allá, y explicar cómo esas reformas siempre estarán limitadas por las restricciones del sistema capitalista. La representación proporcional también forma parte, al parecer, del proyecto de Burnham. La izquierda radical ha estado vergonzosamente ausente de este debate.

Es absurdo considerar el ascenso de Burnham como una mera conspiración capitalista: Starmer era impopular, los conservadores y el Partido de la Reforma no son lo suficientemente fiables, así que busquemos otro títere al que podamos manipular. De una forma un tanto distorsionada, sus cambios se han debido en parte a nuestras luchas y campañas. La rebelión sobre las prestaciones por discapacidad fue un punto de inflexión para que la izquierda moderada rompiera con Starmer. Sin la campaña masiva en favor de Palestina, probablemente no habríamos visto a Burnham decir que el Partido Laborista se había equivocado y que hay que investigar los crímenes de guerra.

Si Burnham no arranca con buen pie y no marca la diferencia, al menos en lo que respecta al coste de la vida, su apoyo podría erosionarse muy rápidamente. Entonces, los conservadores y Reform/Restore podrían volver con fuerza. Los socialistas deben mantener su independencia y construir un movimiento más amplio y eficaz que pueda respaldar cualquier medida progresista, mostrar cómo deberían ir más allá y colaborar con activistas tanto dentro como fuera del Partido Laborista para impedir un resurgimiento de la extrema derecha y los conservadores.

Anti*Capitalist Resistance

Traducción: viento sur / DeepL

Dave Kellaway es miembro de la redacción de Anti*Capitalist Resistance.

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