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🏦🎭 Secreto de Estado a la salvadoreña: la sombra de Pegasus en Zapote

En una democracia funcional, la regla de oro es la máxima divulgación y la transparencia; el secreto es únicamente una excepción minúscula, estrictamente regulada y limitada en el tiempo. Sin embargo, en Zapote parecen haber encontrado en el “secreto de Estado” la varita mágica para gobernar en la penumbra y blindar sus andanzas del ojo público.

La Sala Constitucional ha sido tajante: para declarar algo como secreto de Estado se requiere, por mandato constitucional y convencional, de una ley especial previa emitida por la Asamblea Legislativa. Esa ley, en Costa Rica, sencillamente no existe. Pero al Ejecutivo poco le importan los criterios de la Sala IV o de la Corte Interamericana de Derechos Humanos; prefirieron sacar un decreto ejecutivo “choricero”, tan peligrosamente amplio que no solo busca proteger estrategias policiales sensibles, sino meter bajo la cobija de la confidencialidad presupuestos, contrataciones, adjudicaciones y compras públicas.

🎭 El “modelo Bukele” del espionaje en la sombra

La receta importada: En 2019, lo primero que hizo Nayib Bukele al asumir el poder en El Salvador fue declarar secreto de Estado el presupuesto del Organismo de Inteligencia. Para 2022, el mundo entero se enteró de que su gobierno utilizó el infame programa israelí Pegasus para intervenir los teléfonos de periodistas, opositores y líderes de la sociedad civil.

El “software del Mossad“: ¿Se acuerdan cuando desde el Ejecutivo prometieron usar tecnología israelí para “combatir el contrabando”? Cuando la prensa le preguntó al Ministerio de Hacienda qué tipo de tecnología era y cuánto costaba, la respuesta fue el silencio. Con este decreto de opacidad, el gobierno podría comprar programas de espionaje telefónico de millones de dólares sin dar explicaciones a nadie ni figurar en los controles presupuestarios.

El portillo a la corrupción: Ocultar licitaciones, compras de equipo y contrataciones en nombre de la “seguridad” es la receta perfecta para que los fondos de los costarricenses terminen en bolsillos de amigos. Si nadie puede fiscalizar, el gasto público se convierte en una fiesta privada.

🍿 La democracia muere en la penumbra

Una cosa es proteger la identidad de un agente encubierto o la logística de un operativo antidrogas, y otra muy distinta es prohibirle a la ciudadanía y a la prensa saber en qué se gastan los impuestos. Vender la privacidad del Estado mientras se desmantela la privacidad del ciudadano no es una estrategia de seguridad: es un tiro de gracia al Estado de Derecho.

El decreto no solo es rampantemente inconstitucional y violatorio de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, sino que revela una vocación autocrática que no tolera el control ni la fiscalización. Querían vendernos la ilusión del “gobierno transparente”, pero terminaron importando el manual de la opacidad salvadoreña.

🦂 EL AGUIJÓN:

Sin ley que lo respalde y violando la Constitución, convirtieron el “secreto de Estado” en una cobija para tapar compras sospechosas y eventuales juguetitos de espionaje. ¡Resultó que la “transformación” era gobernar a oscuras y a la salvadoreña!

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