🎭🏛️ ¿Víctimas de género o especialistas del berrinche?
El Plenario Legislativo volvió a convertirse en una sala de lactancia política. Bastó con que el diputado frenteamplista Edgardo Araya dijera en control político que la señora presidenta Laura Fernández «se hace la tontita» —a propósito de las pensiones de lujo de los expresidentes— para que la bancada del Partido Pueblo Soberano (PPSO) armara una escena digna de Teatro de Estudio.
Gritos de «¡Chuchinga!», miradas dramáticas al techo y una desbandada orquestada para romper el cuórum y suspender la sesión a las 3:55 p. m. Todo un despliegue de indignación selectiva que nos hace preguntarnos: ¿desde cuándo en Zapote y en Cuesta de Moras se volvieron tan de piel fina?
🎭 La piel de gallina y el comodín instantáneo
De la descalificación a la lágrima: Resulta fascinante ver cómo los mismos que desde las conferencias del Ejecutivo reparten epítetos, mofas y calificativos a diestra y siniestra contra diputados, jueces y periodistas, de pronto sufren de un ataque de fragilidad victoriana.
El negocio de la victimización: Para no perder la costumbre, la bancada oficialista convocó a una aparatosa conferencia de prensa para anunciar que denunciarán a Araya por “violencia política de género”. Un recurso harto conocido: cuando la discusión de fondo se pone incómoda (como el archivo del proyecto para eliminar las pensiones de lujo), el oficialismo saca el comodín del agravio moral y sale huyendo del recinto.
El coro de comparsas: Hasta las bancadas de oposición terminaron cayendo en el juego de las declaraciones de manual, condenando la “violencia” para no quedar mal en la foto, mientras en el fondo todos saben que se trató de un cálculo para paralizar el trabajo legislativo.
🍿 La política del pataleo
Que la frase de Araya fue desafortunada o de poco nivel parlamentario, no cabe duda; el debate público merece más altura. Pero transformar un desacierto léxico en una crisis institucional que requiere romper sesión, gritar «chuchinga» por los pasillos e invocar tribunales es, sencillamente, el arte de convertir un vaso de agua en un tsunami publicitario.
Rugen como tigres en la tarima cuando van a La Tigra de San Carlos, pero en el Plenario se asustan con el menor soplo de brisa.
🦂 EL AGUIJÓN:
Mucho megáfono para insultar desde el micrófono del Ejecutivo, pero si en la Asamblea les responden con un adjetivo, arman berrinche, gritan «chuchinga» y salen corriendo.
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