Línea Internacional
Guadi Calvo
Olvidada por la guerra en Medio Oriente, pasó prácticamente desapercibido que el 15 de abril se cumplieron tres años del inicio de la Guerra Civil de Sudán, que continúa igual de activa y virulenta, sin que nunca siquiera se haya alcanzado un alto el fuego para asistir a las víctimas más urgentes.
El número de muertos es incalculable; Naciones Unidas habla de unos 65 mil, pero por las condiciones en que se libra la guerra, el número es obligatoriamente mayor. Se han descubierto decenas de fosas comunes no declaradas. Por lo que es imposible conocer cuántas más, como incontables han sido y siguen siendo las matanzas, muchas de ellas teñidas de limpieza étnica (fur, masalit y zaghawa, negros agricultores, cristianos y animistas), bombardeos contra población civil, incluyendo hospitales, universidades, mercados y bloques de viviendas en ciudades densamente pobladas como Jartum y Omdurmán, en la confluencia del Nilo Blanco con el Azul, en los que ver cuerpos llevados en las corrientes es una visión cotidiana.
La aniquilación de prisioneros, la hambruna (unos 34 millones de personas necesitan asistencia alimenticia), las epidemias, fundamentalmente el cólera, al tiempo que el setenta por ciento de los centros de salud se encuentran total o parcialmente destruidos, lo que ha obligado el desplazamiento forzoso de 14 de sus 50 millones de habitantes; de ellos, entre 3 y 4 millones se encuentran refugiados en los países fronterizos. Este es el cuadro que ha dado lugar a la mayor crisis humanitaria desatada desde la Segunda Guerra Mundial. Mientras el fin del conflicto ni siquiera se vislumbra, las batallas y las matanzas se suceden sin una hora de tregua; todo desde siempre ha estado librado a su suerte o al antojo de los mandos. Ahora, con el inicio de la guerra en Medio Oriente, alguien dio en llamar a la guerra de Sudán: “la crisis abandonada”. Y es muy cierto, incluso desde antes del 28 de febrero.
Las fuentes que financian al ejército regular, las Fuerzas Armadas de Sudán (FAS), y al grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), parecen inagotables, ya que en la guerra que abarca prácticamente a todo el país, el tercero más extenso de África y cuya superficie es tres veces y media la de Francia, sus frentes, en vez de apagarse, se multiplican. Siendo los más activos desde el mismo inicio de la guerra: Darfur, Kordofán y Jartum.
En las primeras semanas de la guerra de la Liga Epstein contra Irán, se consideró que los frentes activos en Sudán podrían disminuir su intensidad, ya que los Emiratos Árabes Unidos (EAU), tan involucrados ahora en el conflicto del Golfo Pérsico y con importantes intereses en la larvada guerra civil de Yemen, siguen siendo el principal financista de las fuerzas paramilitares del seudo general Mohamed Hemetti Dagalo, responsables del genocidio contra la población negra de Darfur y de las masacres que continuaron tras la toma de el-Fasher, la capital de Darfur del Norte, en noviembre pasado, la última plaza de importancia bajo el control de los regulares en la región de Darfur, tras una resistencia de 18 meses al asedio de los paramilitares.
Según Naciones Unidas, en El Fasher murieron más de 6 mil personas en los tres días posteriores a su caída el 25 de noviembre, donde las ejecuciones sumarias y las violaciones masivas se convirtieron allí también, como en tantos otros lugares, en una realidad, no por conocida menos aterradora. Mientras otras 11 mil desaparecieron a lo largo del sitio.
La guerra desde un comienzo ha tenido escenarios absolutamente cambiantes; mientras los paramilitares, desde el principio del conflicto, se habían hecho fuertes en torno a la capital del país, la ciudad de Jartum, de donde fueron desplazados por las regulares tras un año de asedio, recién a principio de 2025. Mientras tanto, en la región de Darfur las FAR fueron perdiendo, una a una, las principales capitales regionales.
Muchos consideraron que, con el control total de la región de Darfur, que tiene una superficie similar a la de España, por parte de los paramilitares, a finales del año pasado y ya que el grueso de los integrantes de esa fuerza (pastores, árabes-musulmanes) son originarios de esa región, iban a aglutinarse allí para intentar una salida diplomática exigiendo el reconocimiento como nación independiente, repitiendo la alternativa de la actual Sudán del Sur, que se independizó en 2011, tras décadas de guerra y negociaciones. Pero, rápidamente, los hombres de Hemetti Dagalo lanzaron una fuerte ofensiva contra la región vecina de Kordofán, al este de Darfur, donde mantienen desde principios de año el sitio de varias ciudades, y desde allí continuaron avanzando hacia la región de Jartum, para intentar retomar la capital, de donde había sido expulsado ocho meses atrás.
Acciones como estas, que ya se han repetido en otros frentes de la recuperación y pérdida de objetivos estratégicos, nos hacen considerar que la guerra civil sudanesa parece ser una guerra circular.
A pesar de que en estos últimos meses el ejército se ha afirmado en las regiones centro, norte y este, controla Port Suda y los principales puertos del Mar Rojo. Al tiempo que las FAR controlan Darfur, sectores del Kordofán, la frontera con Sudán del Sur. Ambos bandos disponen del control de refinerías petroleras, oleoductos, además de minas de oro y otros ricos yacimientos minerales.
¿Berlín, paz o un nuevo fracaso?
Han sido varios los meses de negociaciones que se han habilitado desde el comienzo de la guerra, articuladas principalmente por Arabia Saudita y los Estados Unidos, de las que ninguna ha dado ningún resultado esperanzador; ni siquiera lograron establecer rutas seguras para el abastecimiento humanitario que alcance a los campamentos de desplazados. Sistemáticamente, estos convoyes, que en algunos casos deben recorrer hasta dos mil kilómetros para llegar a esos puntos donde se los espera con necesidades críticas, han sido asaltados y saqueados por diversas fuerzas, principalmente por las FAR, aunque también operan a los costados de esas rutas docenas de milicias locales, que apoyan a uno u otro bando o simplemente son autodefensas. Estas caravanas humanitarias también son atacadas por bandas de criminales comunes que, a falta de cualquier tipo de control estatal, aprovechan para rapiñarlo todo: víveres, medicamentos y combustibles.
Ahora le ha llegado el turno a Alemania, donde, a pesar de que el jefe de las FAS, el general Abdel Fattah al-Burhan, catalogó a la conferencia de “injerencia inaceptable”, señaló que Alemania no lo consultó antes de convocarla. Aunque tampoco han llegado delegados de las FAR, el pasado día 15 Berlín recibió una conferencia sobre Sudán que, además de conseguir más de 1500 millones de dólares para paliar los temas más urgentes, además de una importante delegación de Naciones Unidas, llegaron a la capital alemana representantes de 60 naciones y 50 organizaciones para intentar alcanzar “un alto el fuego inmediato”, para que la guerra circular detenga de una vez su giro infernal.
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