Destinos oscuros

Jonestown │ Cerca de Port Kaituma, Guyana.

El jardín del delirio (1978). Nivel de oscuridad: 8

Jonestown

Jonestown (formalmente el Proyecto Agrícola del Templo del Pueblo), una remota zona de selva en Guyana, cerca de la frontera con Venezuela. Un enclave que prometía ser un paraíso socialista y multirracial, lejos de la «corrupción» de los Estados Unidos.

El 18 de noviembre de 1978, el mundo se despertó con una noticia que desafiaba la lógica: 918 personas habían muerto en un «suicidio colectivo» (aunque hoy se sabe que muchos fueron asesinados). El líder de la secta, el reverendo Jim Jones, convenció —y obligó— a sus seguidores a beber un refresco Flavor Aid mezclado con cianuro y sedantes.

Murieron 304 niños. Los padres, en un estado de trance y terror, les administraron el veneno con jeringas en la garganta antes de beberlo ellos mismos. El asesinato del congresista estadounidense Leo Ryan, quien había ido a investigar denuncias de abusos, desencadenó la paranoia final de Jones. Los soldados que llegaron al lugar encontraron una alfombra de cuerpos abrazados, en silencio absoluto, bajo el sol tropical. Jim Jones murió de un disparo en la cabeza (presuntamente suicidio).

Jonestown dejó para la historia la frase «Don’t drink the Kool-Aid«, como advertencia contra la obediencia ciega. El lugar fue reclamado por la selva; hoy solo quedan restos oxidados de maquinaria y un sentimiento de pesadumbre que impregna el aire. Es el monumento definitivo a cómo el carisma de un hombre puede anular la voluntad de miles.

Lo de Jonestown nos enseña que el peligro no es tener fe, sino entregarle la llave de la conciencia a un «iluminado». Jones prometía el cielo en la tierra y terminó entregando un infierno de cianuro.

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