El martillo que habla

Conversaciones con mis nietos

Aislamiento, Enredo y Amanecer

…tienes que hacerte universo, buscándolo dentro de ti. ¡Adentro!” Miguel de Unamuno

Arsenio Rodríguez

Estoy sentado en el barandal donde se abren mis ojos. Mi cuerpo en un banco, mirando un lago tranquilo y un bosque. Reflexionando, sobre la exquisita coordinación de cada pequeña cosa que exhibe la naturaleza, desde el florecimiento de las plantas, las olas en el lago sereno, los vuelos de las aves pescadoras y de los insectos. Me maravillo, ante el concierto entrelazado de la vida, incluida la mia propia y ante los eventos desconocidos, que nos han llevado a este a este momento de ahora: los giros inesperados, los encuentros improbables, las crisis que se convirtieron en aperturas, las pérdidas que se volvieron enseñanzas, las coincidencias que no fueron coincidencias.

Es uno de esos instantes de la vida, cuando la mente deja de tratar de entender al mundo y empieza a pertenecerle. Desde ahí, uno puede vislumbrar el surgimiento de una civilización, basada en una nueva manera de relacionarnos entre nosotros, y con la naturaleza que nos rodea. Y sentí que ya está empezando a manifestarse, pero que al igual que cuando la madurez se asoma en nuestra adolescencia, sobrevienen turbulencias y confusiones, ya que uno no se da cuenta de lo que está llegando.

La humanidad está experimentando una transformación. Un mundo, globalizado por la tecnología, y la sobreabundancia de dispositivos comunicantes, explotando en una algarabía de redes electrónicas, con algoritmos promoviendo el consumismo, y capturando audiencias, para charlas vanas y arbitrarias. O sea, una conectividad global, que se utiliza como herramienta de mercado, para que cada uno satisfaga lo suyo. Este es el impulso actual en la adolescencia de la globalización humana.
Durante siglos estuvimos constreñidos a tribus, reinos, naciones, imperios y distancias. Ahora somos un continuo humano físicamente conectado. Esta estrecha conexión, se subraya con la comprensión científica, de que la energía y la materia forman un campo unificado, que todo está conectado.

Como dijo Einstein, «Un ser humano es parte de un todo llamado por nosotros universo, una parte limitada en tiempo y espacio, que se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sentimientos, como algo separado del resto, en una especie de ilusión óptica de su consciencia.» La ciencia nos llevó al umbral de una antigua intuición: estamos conectados, somos una sola sustancia el prójimo y yo, somos lo mismo.

William Shatner, actor canadiense (que hacía de capitán Kirk en Star Trek) regresó de un viaje orbital en uno de esos cohetes que dan un paseo alrededor del planeta, el Blue Origin de Bezos. Le transmitió sus impresiones a Bezos: «El contraste entre el frío del espacio y el cálido ambiente de la Tierra…me llevó a reflexionar … que deberíamos…dedicarnos a nuestro planeta, a los unos con los otros, a la vida y al amor que nos rodean«. El multimillonario se volteó a mitad de frase, pidió una botella de champán, que agitó y roció sobre un grupo de mujeres para celebrar. El video parecía confirmar una sospecha: los oligarcas tecnológicos estadounidenses son poco reflexivos.»

El empresario de internet Peter Thiel, dijo que mirar hacia adentro dificulta la acción. Y sugirió que la introspección era cosa de hippies. Y Stephen Miller, el segundo en rango de la Casa Blanca de Estados Unidos, para política y seguridad nacional, dijo: «Vivimos en un mundo, en el mundo real, que está gobernado por la fuerza, por el poder. Estas son las leyes que existen desde el principio de los tiempos.»

Esta sensación de poder, y esta desconexión con el mundo interior, tiene profundas ramificaciones psicológicas. Para ellos el mundo y las demás personas, existen solo para ser usados. Ahora que ejercen un poder global, piensan que su dinero, su poder, han crecido hasta un tamaño que hacen al universo subsidiario. A Trump le preguntaron recientemente, si existía algún control sobre su poder, y él contestó «sí, hay una sola cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme.»

Hoy tenemos, un sistema entretejido de conectividad, que permite la conversación y los intercambios humanos en todo el mundo, y esto trae una tensión entre: una nueva consciencia que madura, silenciosa, interna, que siente la unicidad humana, y una consciencia que se contrae ruidosamente, hacia afuera, de forma defensiva. Desde este barandal donde siento que pertenezco al mundo y que no lo entiendo, siento que esta tensión es precisamente la que señala que el cambio es un hecho inevitable.

Que un nuevo mundo está amaneciendo. En donde el espíritu humano se conectará desde adentro; donde los recuerdos, la inspiración, la compasión, lo sublime y el amor sentido, nos llevarán a reconocernos mutuamente, con todos nuestros ritmos diversos, pero bailando la misma música.

Cada transformación tiene una «crisis adolescente». Cuando algo se transforma, muestra dos comportamientos simultáneos: el patrón antiguo se intensifica, se vuelve rígido, ruidoso, frágil y agresivo. Se aferra al control, la fuerza, la jerarquía, la dominación al pasado. Mientras que el nuevo patrón, empieza a aparecer en silencio, sutilmente, adentro, a través de los valores, a través del sentimiento.

Estamos viendo como: una «camarilla de poder económico y político» hablando en el lenguaje de la fuerza, la conquista, la velocidad, la dominación, la extracción. Y parte de una visión del mundo, que asume que los humanos no son interdependientes, que el poder es externo, que la mente y la fuerza son la única ley, que la introspección es debilidad, la empatía una distracción y que el progreso es la dominación. ¡Que el mundo es un campo de batalla!

Y la poderosa herramienta, que están utilizando para lograr sus objetivos, es precisamente la conectividad tecnológica, las redes sociales, el internet y ahora, como un elemento más eficaz: la Inteligencia Artificial. No es casualidad, que los grupos de poder político actual estén constituidos o subsidiados, por los empresarios que han desarrollado la conectividad tecnológica, las redes sociales y ahora la Inteligencia Artificial: -El martillo que habla-.

Porque la IA es un martillo parlante. Toda herramienta concebida por nosotros puede servir para romper una nuez para alimentar a un niño o romper un cráneo. Cada herramienta que construimos lleva esta doble naturaleza — porque la dualidad está en nosotros. Lo que hace que este martillo parlante de la IA sea diferente a las herramientas anteriores, es que conversa. Y puede influenciar y manipular a las personas. Un martillo normal no te hace cambiar de opinión. No te susurra a las tres de la mañana. No organiza lenta y sutilmente lo que cada uno cree, lo que teme, lo que desea, y a quién odia. La IA si puede, porque quien diseña sus algoritmos, selecciona sus datos de entrenamiento, decide qué va ésta a enfatizar, o a suprimir. Y se convierte, en una influencia peligrosa e invisible, para cada persona con quien conversa.

Pero nos salvaremos de esta ignorancia, de las palabras, del nacionalismo, la codicia, la confusión y del miedo que genera el aislamiento, de aferrarnos a «nuestras» ideologías, creencias, costumbres y fronteras, y despreciar las de los demás. Hemos evolucionado desde tribus dispersas, a el actual régimen de mente y la ciencia, que achicó al mundo y nos conectó. Ahora tenemos que ir Adentro para comunicarnos.

El parloteo actual, de esta conectividad superficial de las redes electrónicas, es el mayor desafío para el nacimiento de la nueva humanidad, ya que permite que estos puntos de ruido de pensamientos capten la atención de nuestra consciencia. Pero una semilla silenciosa se ha plantado adentro. Una semilla de amor. Quizá nuestros egos humanos, tendrán que pasar por un evento catastrófico sorprendente, un susto, para liberarnos de nosotros mismos en este último juego. No lo sé.

Pero la integración del planeta en una sola humanidad humana es la nueva civilización que está surgiendo, que irá más allá de tratar de explicar al universo para pertenecer a el. Cuando suficientes personas sientan esto, la transición se volverá imparable. La transformación nace en el silencio, no está basada en movimientos políticos, instituciones o estructuras. Se desborda, a partir de la consciencia madura, que germina en cada punto de consciencia, como semillas en un jardín, como plantas floreciendo. Y el color y la fragancia del jardín, inevitablemente se extienden, de forma espontánea, desplegando la latencia interior. La historia de la humanidad es la historia de un jardín que madura, floreciendo a través de ciclos y ciclos, de estados civilizacionales. Y la transformación comienza donde nadie mira — adentro.

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