¿Estamos ya conversando con la computadora del USS Enterprise?

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Carlos Revilla Maroto

Para cualquiera que haya crecido viendo Viaje a las Estrellas (Star Trek), la visión del futuro no la marcaban únicamente las naves interestelares —como el USS Enterprise— o los teletransportadores, sino un detalle mucho más cotidiano y revolucionario: la tripulación caminando por los pasillos de la nave, mirando al techo y diciendo con total naturalidad: «Computadora, calcula la trayectoria de reentrada». Sin teclados ni códigos. Solo la voz serena de Majel Barrett —actriz y esposa del creador de la serie, que puso voz a la computadora de la Flota Estelar durante décadas— respondiendo al instante con precisión milimétrica (ver anexo).

Antes de entrar en materia, les pido indulgencia. Aunque el tema es interesante y plenamente vigente, voy a escribir sobre algo que conozco bien, pero que quizá no resulte familiar para muchos. Por eso, intentaré no dejarme llevar por referencias a personajes o situaciones que solo un trekkie —un fan acérrimo de Star Trek— lograría seguir sin perderse.

Durante décadas, esa interacción con la computadora fue la máxima utopía de la ciencia ficción. Sin embargo, la brecha entre la Flota Estelar y nuestra realidad tecnológica actual se ha reducido a un ritmo vertiginoso. La pregunta del título es inevitable: ¿estamos ya frente a la computadora del Enterprise?

La respuesta corta es que hemos conquistado la interfaz y el acceso a la información; es la inteligencia central y su fiabilidad lo que aún nos separa de la ciencia ficción.

De hecho, varias de las predicciones más icónicas de la saga en ese aspecto ya forman parte de nuestra rutina diaria:

Conversación natural y fluida: Hablarle a una máquina como el Capitán Picard —el comandante de la nave en La Nueva Generación, conocido por su elocuencia y liderazgo— ya no impresiona a nadie. Los modelos de lenguaje multimodales y las interfaces de voz de baja latencia nos permiten debatir, interrumpir y hacer preguntas complejas sin comandos rígidos.

El sistema LCARS y las pantallas táctiles: La icónica interfaz diseñada por Michael Okuda para la nave predijo con exactitud el ecosistema de pantallas táctiles y paneles planos que hoy usamos en teléfonos y tabletas.

Traducción universal y acceso total: Aplicaciones y auriculares traducen docenas de idiomas en tiempo real, mientras que los modelos de IA entrenados con vastas porciones del conocimiento humano pueden recuperar y sintetizar información sobre casi cualquier tema de forma instantánea.

A pesar de estos logros, la computadora del USS Enterprise era un personaje más en la nave por una razón clave: era un sistema omnisciente y absolutamente confiable. En una situación de emergencia, la tripulación tomaba decisiones de vida o muerte basándose en sus datos.

Ahí es donde la tecnología actual todavía tambalea:

El fenómeno de las “alucinaciones”: Las IAs modernas sufren de un defecto fundamental, que es inventar datos falsos con una convicción pasmosa. En la Enterprise, una computadora que “alucine” una coordenada de navegación o un diagnóstico médico sería una amenaza mortal para la tripulación.

La falta de sentido común: Los modelos actuales son maestros memorizando y combinando patrones existentes, pero carecen de la capacidad de evaluar la realidad con el criterio de un ser humano.

El verdadero ‘santo grial’ de la computación es alcanzar la Inteligencia Artificial General (IAG), es decir, un sistema capaz de razonar, adaptarse a situaciones inéditas y resolver problemas complejos, exactamente como lo haría el androide Data —oficial de operaciones del Enterprise, con capacidades cognitivas superiores pero con un constante anhelo de comprender la humanidad— o la propia computadora de la nave.

La industria actual se encuentra en una carrera decisiva hacia esa meta:

Agentes autónomos de ciclo largo: El paso intermedio que ya estamos presenciando es la llegada de IAs capaces de recibir una instrucción compleja y trabajar de forma autónoma durante períodos prolongados (analizar datos, investigar y ejecutar tareas durante media hora o más sin intervención humana).

El debate de los plazos: Mientras algunos líderes del sector pronostican la llegada de una “IA poderosa” en el horizonte inmediato de los próximos años, diversos análisis y estudios del MIT (Massachusetts Institute of Technology) señalan un espectro más amplio, con estimaciones divididas sobre cuándo una máquina superará al ser humano en la totalidad de sus tareas intelectuales.

El autor e investigador de la tecnología en la ciencia ficción Stephen Cass solía señalar algo curioso: el gran fallo de Star Trek no fue imaginar una tecnología demasiado futurista, sino que en muchos aspectos se quedó corta respecto a la velocidad con la que el mundo real terminaría alcanzándola.

Hemos “desficcionalizado” la forma en que le hablamos a las máquinas y la rapidez con la que accedemos al conocimiento. Hoy llevamos en el bolsillo una interfaz conversacional con la que Picard solo podía soñar en la pantalla.

Sin embargo, el corazón del Enterprise —un cerebro transparente, seguro y verdaderamente inteligente al que confiarle el rumbo de la nave— sigue siendo la frontera final que intentamos conquistar.

Con la ayuda de la IA

Anexo

¿Quién fue Majel Barrett y por qué su voz es mítica?

Majel Barret

Majel Barret

Majel Barrett-Roddenberry (1932–2008) no solo fue una actriz estadounidense; es considerada oficialmente “La Primera Dama de Star Trek”.

La voz del Enterprise: Majel prestó su voz a la computadora central de la Flota Estelar en prácticamente todas las series y películas de la franquicia desde los años 60 (La Serie Original, La Nueva Generación, Espacio Profundo Nueve, Voyager, Enterprise e incluso la película de 2009). Su tono pausado, claro, informativo y sin emociones se convirtió en el estándar universal de cómo debía sonar la voz de una inteligencia artificial en la ficción.

Esposa del creador: Estuvo casada con Gene Roddenberry, el visionario creador de la saga.

Personajes icónicos: Además de ser “la voz” de la nave, interpretó en pantalla a personajes muy queridos como la Enfermera Christine Chapel (en la serie original) y a la extravagante embajadora betazoide Lwaxana Troi (en La Nueva Generación).

El legado para la IA real: Antes de fallecer en 2008, Barrett grabó metódicamente una fonoteca completa de su voz con la intención de que los futuros desarrolladores de tecnología pudieran usar su registro para sintetizar la voz de las computadoras del mundo real.

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