Manifestarse en democracia…cuando TODAVÍA nos queda democracia

Luis Paulino Vargas Solís

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Muy reveladora resulta la reacción de la presidenta Fernández ante el “gran “plantón” de este 6 de agosto en la Plaza de la Democracia y los múltiples “pequeños plantones” en muchos lugares de Costa Rica.

Se nota que a la señora se la comen la chimazón y el chichón.

Afortunadamente tenemos cremita de rosas, muy recomendada para tales malestares.

Por lo demás, el discurso que nos ofreció revela mucho, realmente mucho, de la sensibilidad autoritaria de Fernández. Sin quererlo expuso y exhibió lo que realmente lleva por dentro.

Lo explico a continuación:

    1. Dice Fernández que si pudimos manifestarnos en paz es porque en Costa Rica hay “una democracia viva”. Tiene su gracia que lo diga, cuando todavía hace muy poco sus grandes maestros, guías y mentores –Chaves y Cisneros– vociferaban a gritos que Costa Rica es “la dictadura perfecta”. Y, todavía más, que ha sido “la dictadura perfecta a lo largo de 75 años”.

    2. Que se sepa, Fernández jamás dijo estar en desacuerdo con eso. De hecho, sobre esa marejada de mentiras y demagogia montó su candidatura presidencial.

    Hay que tener la concha durísima para deslizarse, con tal ligereza y frivolidad, desde “la dictadura perfecta” a “la democracia viva”. Y mucho más puesto que hace poquísimas días ella deliraba hablando de un “golpe de estado”.

    3. Pero también conviene aclararle a Fernández, a Cisneros, a Chaves y a todos sus adláteres y feligreses, que nadie ha dicho que, en estos momentos, haya una dictadura en Costa Rica. Hemos dicho, y las evidencias se arraciman y se acumulan hasta formar cordilleras, que hay múltiples expresiones, actitudes, discursos y decisiones de inequívoco signo autoritario.

    Y se necesitaría ser o muy ignorante o excesivamente ingenuo o simplemente una persona aferrada al negacionismo más cerril, como para no captar que ahí hay síntomas que apuntan en una dirección: un proyecto con clarísimas pretensiones dictatoriales.

    4. Pero, encima, Fernández, se congratula a sí misma por no haber enviado antimotines a gasear a la gente e impedir el “plantón”. Siendo por completo innecesario que lo dijese ¿por qué lo dijo? Seguramente porque con gusto habría querido hacerlo. Es lo propio y esperable de su sensibilidad autoritaria.

    5. Comparó su elección en febrero con el “gran plantón” (y la multitud de “pequeños plantones”) como si fueran cosas de la misma naturaleza. No lo son. No en absoluto. Son cosas de naturaleza totalmente disímil. Pudo haberla comparado, si es que tanto le interesa comparar, con la manifestación a la que ella convocó el día en que hizo el show presentando una absurda demanda por prevaricato contra cuatro magistrados de la Sala Constitucional. Ahí sí cabía la comparación porque se trata de acontecimientos del mismo tipo. Pero, en tal caso, surge la pregunta: ¿por qué ella, que presume de su triunfo en febrero, tan solo logró que un mísero número de personas atendiera el llamado que ella hizo desde los múltiples y poderosos dispositivos de propaganda de que dispone?

    6. Pero, además, la comparación, con todo lo desatinada que es, tiene un feo tufo descalificante. Es del tipo de expresiones que surgen en la estela del “chopsui” al que apeló Chaves para insultar la primera marcha de agricultores que hubo en su gobierno. O sea: son expresiones propias de gobernantes inclinados a la intolerancia y el autoritarismo, desde donde desprecian las manifestaciones de protesta y reivindicación de una ciudadanía crítica, que no se pliega al poder y piensa por sí misma.

    7. Pero exactamente en la misma frecuencia ideológica y discursiva se sitúan los comentarios que Fernández emitió sobre los sindicatos o las universidades. No es la mirada ni la escucha propias de una gobernante que posea convicciones democráticas. Es, de nuevo, el desprecio y la desautorización en contra de gente –ciudadanos y ciudadanas de Costa Rica– que alzan su voz y piden escucha y respeto. La escucha y el respeto que, por autoritaria, Laura Fernández les niega, ofreciéndoles en cambio arrogancia y desdén.

    No, en Costa Rica TODAVÍA no hay una dictadura. Y estamos resistiendo para tratar de impedir que la haya.

    Pero es por completo innegable que el proyecto chavista aspira a establecer una dictadura.

    Economista jubilado

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