Querer ser más TRUMPISTAS que Trump

Luis Paulino Vargas Solís

Luis Paulino Vargas

Hace unos días, cuando la prensa mundial informaba de lanzamientos de misiles realizados por Irán contra Israel como represalia por los ataques de este en territorio de Líbano, Laura Fernández y su gobierno salieron en carrera, y a trompicones, para “condenar” tales bombardeos iraníes.

O sea, pensé para mí mismo, estos son tan requeté-chupa-suelas, que hasta quieren ser más trumpistas que Trump.
La cosa es que la acción iraní era una respuesta a los ataques israelíes en Líbano. Tales ataques se suponían dirigidos –eso dice Israel– contra la milicia de Hezbolá, solo que, similar a los ataques israelíes presuntamente dirigidos contra Hamás en Gaza, en ambos casos lo que realmente hace Israel es un ataque indiscriminado contra la población civil.

O sea: Israel combate a un grupo terrorista recurriendo a técnicas terroristas que aplican un castigo colectivo y aterrorizan y masacran a la población civil.

Entre terroristas se mueve el asunto, pues.

Pero el caso es que las acciones de Israel en Líbano y las represalias de Irán contra Israel son, al cabo, acciones militares que formaban parte de una guerra que Irán no empezó y que se desarrolló sin que Irán hubiese dado ningún motivo.

Una guerra estúpida, ilegal, totalmente innecesaria causada por Estados Unidos y por Israel, simplemente porque sí, sin más razón que sus demenciales objetivos de poder: apropiarse del petróleo iraní, por un lado; remodelar el Oriente Medio a la medida de sus caprichos, por el otro.

Y, por su parte, el gobierno de Costa Rica –ni el de Chaves ni el de la “continuista” Fernández– dijo “esta boca es mía” para repudiar esa guerra insensata.

A mí el régimen iraní me parece una cosa horrorosa. En cuanto que régimen político es indefendible y repudiable.

Pero eso es una cosa, y otra bien distinta es lanzar contra Irán una guerra simplemente porque les da la gana. Esto fue lo que hicieron Trump y Netanyahu. Eso es lo que Chaves y Fernández han apoyado con su cómplice silencio.

Estos días se ha anunciado el acuerdo que pondría fin a la guerra. A mí me alegra mucho que haya concluido y deseo que jamás retorne.

El acuerdo es, al completo, una derrota para Estados Unidos y una humillación para Trump.

Sin atenuantes y sin paliativos: derrota y humillación, con todas las letras.

El caso es que, durante el último año y medio, Trump quiso probar hasta donde llega el poderío de Estados Unidos.

Lo estiró hasta el límite y el resultado final es desastroso. Y es que, aunque Estados Unidos sigue siendo la primera potencia económica y militar, el mundo de hoy puede imponerle límites cuando Estados Unidos no se los impone a sí mismo.

Lo hizo el presidente Lula, en Brasil, cuando se paró en seco y le dijo a Trump: “no señor, Brasil es una democracia, aquí hay división de poderes y nadie, y mucho menos usted, se va a venir a meter con nuestro Poder Judicial”.

Lo ha hecho la presidenta Sheinbaum en México, quien ha sabido detectar las debilidades de Trump y ha sabido maniobrar con sabiduría y sutileza mientras Trump hacía un bullón ridículo.

Y también el primer ministro canadiense Carney se ha plantado firme ante las intemperancias de Trump, para dejar claro que si Estados Unidos no sabe respetar, Canadá se encargará de enseñárselo.

Y ni se diga China. Lo que vimos en la reciente visita que les hizo Trump, raya en lo patético. En breve: Xi Jinping lo humilló.

Y ahora Irán. O, mejor dicho, nadie como Irán. Hoy hay quienes aseguran que ni siquiera el desastre de Vietnam alcanza a compararse con lo que ha ocurrido en Irán.

Lo cierto es que Trump cometió errores de cálculo catastróficos. De ahí que los resultados sean catastróficos.
Pero, entretanto, Rodrigo Chaves y Laura Fernández juegan a ser lacayos incondicionales a disposición de Trump. Para que Trump haga de Costa Rica lo que le dé la regalada gana.

Costa Rica cada vez más aplastada por la bota estadounidense. Costa Rica cada vez más lejos del mundo.
Nunca, en nuestra historia, ningún gobierno hizo una apuesta tan desastrosamente perdedora.

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