En busca del Santo Grial: El raviol perdido

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La Patrulla de Bares Misión: Bar Tapioca
Dónde: Avemida 13 y Calle 20, 100 m oeste del parque de Barrio México (ver mapa)

Bar Tapioca

Hay misiones que no se anuncian con fanfarrias. No hay mapas del tesoro ni pergaminos antiguos. Solo un antojo, un recuerdo y la idea que algún rincón de Barrio México, aún se conserva una boca que se creía extinta. Esa fue mi travesía: encontrar el raviol de cantina.

No el raviol italiano, ese que viene en un plato hondo con salsa fina y queso parmesano rallado en el momento. No. Yo buscaba otro. El raviol que conocí de joven, el de las cantinas de barrio, el que era más fritanga que pasta. Un disco de masa amarillo-crema, casi tostado, crujiente por fuera y relleno de una carne sazonada que no pretendía ser gourmet, sino verdadera. Era un bocado que no se pedía con cubiertos, sino con los dedos, acompañado de una cerveza bien fría y una charla de compadres.

Ese raviol había desaparecido del mapa cantinesco, no así de lugares como esa fábrica de colesterol, digo empanadas, conocida como El Frontón. Pero bueno, los verdaderos patrulleros entenderán que no es lo mismo comerlo en una cantina con todas las de ley y su buena cerveza, que en una corriente venta de empanadas.

Ya nos habíamos hecho ala idea que ya nunca lo veríamos más en una cantina o al menos eso creíamos. El último bastión del raviol fue el legendario Bar México, un establecimiento famoso en Barrio México que cerró sus puertas hace ya muchos años. Con él, se llevó el secreto de esa masa frita y ese relleno que tantas tardes de fútbol y tertulia acompañaron. Hasta que uno de los informantes de la patrulla llegó con el tip que en una cantina de Barrio México llamada Tapioca era parte de la oferta de bocas.

Y hacia allá nos dirigimos… el Bar Tapioca no es un lugar que intente impresionar. Está en una esquina, sobre la calle 20, 100 m al oeste del Parque de Barrio México, antigua plaza Nicolás Marín. Es una de esas esquinas josefinas de verdad, donde el tiempo no pasa, sino que se estaciona. el lugar abrió sus puertas en 1947 y, desde entonces, sus paredes han escuchado más conversaciones de fútbol que muchas cabinas de radio. Es una cantina que respira historia, y sus paredes aún “hablan del Deportivo Barrio México”, el equipo que hizo vibrar a varias generación de aficionados.

Entrar es viajar en el tiempo. Aquí no hay pretensiones. Hay bocas, fútbol y memoria de barrio. Lo primero que hicimos después de sentarnos fue mirar el menú y ¡eureka! ahí estaba la boca de raviol, el santo grial había sido encontrado. Por supuesto la primera boca que pedimos fue esa. Cuando el plato llegó, supe que había dado en el clavo.

La mesera me confirmó lo que ya sospechaba, que el Bar Tapioca es el único lugar en la zona que aún prepara este raviol de cantina. Cuando el Bar México cerró, muchos pensaron que la receta se perdía. Pero no. Alguien la rescató, la guardó y la sigue sirviendo en esta otra esquina de Barrio México. Pero esto no es solo una boca, es un pedazo de historia gastronómica nacional, un testimonio de cómo las cantinas costarricenses creaban sus propias versiones de la cocina popular, mezclando lo frito con lo casero, lo sencillo con lo inolvidable.

Con respecto a las otra bocas, pues es una cantina normal, aunque el menú tiene algo especial, hace la distinción entre las bocas normales y las de cantina. Y en las de cantina tiene tres modalidades: pequeña, mediana y grande, también tres precios diferentes; eso hace que la boca pequeña sea muy asequible, con un precio de ₡2.500 para la mayoría de las bocas en esa categoría. Y todas viene con acompañamiento de arroz, ensalada y doraditas.

Ahora sí, como de costumbre, una pequeña descripción de las bocas. Por supuesto empezamos con el raviol con papas, que como su nombre lo dice viene acompañado de papas a la francesa, aunque es un agregado moderno no está de más. Ahí estaban, dorados, de ese color amarillo-crema que solo da la masa frita en su punto exacto. No son la pasta blanca y delicada de los restaurantes italianos; son más bien como pequeñas empanadas tostadas alargadas y con una ensalada arreglada encima, crujientes al morderlas, con un interior de carne mechada jugosa y sabrosa que explotaba en la boca. No había sofisticación, pero sí alma. No era exactamente el raviol que recordaba de mi juventud, aunque es una buena aproximación. Ahí estaba, intacto, sobreviviente en el Bar Tapioca, como un Santo Grial escondido a plena vista. El gallo de chorizo, son dos chorizos bien tostaditos, muy ricos cada uno con su tortilla y un corte de tomate, más dos rodajas de limón; el patrullero que lo pidió no se decidía si los pedía con o sin picante, entonces la mesera le dijo que podían se uno y uno. La torta de huevo fue la parte floja de las bocas, nada del otro mundo y las tortillas -de paquete- venían un poco quemadas. Los garbanzos> estaban muy buenos, bien arreglados con la sustancia ylos acompañamientos de la mejor, en este caso los ya mencionados para las bocas de cantina.

En cuantos a las bebidas, hay casi de todo. Como teníamos el recuerdo del raviol, decidimos acompañarla con una Modelo gordita.

Mientras pagaba la cuenta, miré a mi alrededor y el bar seguía igual de humilde y futbolero, es casa del equipo de fútbol Deportivo México, antiguo Deportivo Nicolás Marín, con una gran cantidad de excelentes jugadores a través de tiempo. Si quieren conocer quien fue Nicolás Marín, pueden hacerlo aquí.

El Bar Tapioca es mucho más que un bar. Es un sobreviviente del tiempo y un guardián de la cultura futbolera de Barrio México. Si buscan una experiencia auténtica, lejos de las cadenas modernas, donde se puede disfrutar de un buen ambiente y sentir la historia del fútbol costarricense en cada rincón, este es el lugar. Ahh… y por supuesto comerse un buen raviol.

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