El Escorpión

🕵️‍♂️ ¿La marcha de la oscuridad o el triunfo de la infamia?

¿Qué pasa cuando la política deja las urnas y se tiñe con el color del paramilitarismo? El continente contiene el aliento. Aquí huele a azufre y a viejas recetas de impunidad.

La reciente y milimétrica victoria electoral en Colombia de Abelardo de la Espriella, por un margen tan estrecho como cuestionable de 250,000 votos, ha encendido todas las alarmas en América Latina. No estamos ante un conservador de viejo cuño ni ante un simple histrión de redes sociales; estamos ante la personificación de una agenda de violencia institucionalizada, intimidación y desmantelamiento democrático que amenaza con desestabilizar el hemisferio.

Intentar vender como un triunfo democrático lo que viene precedido por denuncias penales de grueso calibre ante la Fiscalía colombiana y la mismísima Corte Penal Internacional (CPI) —interpuestas por el senador Iván Cepeda— es una burla a la memoria histórica. Que el nuevo inquilino de la Casa de Nariño arrastre acusaciones por enriquecimiento ilícito y por utilizar una supuesta ONG de fachada, la FIPAZ, para canalizar recursos hacia las sangrientas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), no es un detalle menor: es el retrato hablado de un peligro latente.

💼 El club de la impunidad y el libreto autoritario

Al bicho le queda claro que los aplausos tempranos desde Mar-a-Lago y las felicitaciones efusivas de la cofradía de la extrema derecha continental no son gratuitas. Cuando el río suena, es porque piedras, millones de dólares y desinformación sistemática trae.

La red de sociedades ficticias en Florida, los vínculos financieros con personajes bajo la lupa de la justicia estadounidense como Alex Saab, y los discursos donde se tilda de “ratas” a los opositores progresistas, configuran un libreto copiado de los peores pasajes del autoritarismo. La promesa de gobernar por decreto, dinamitar la separación de poderes y declarar la guerra abierta a los movimientos sociales, sindicalistas y comunidades indígenas nos demuestra que la táctica de la extrema derecha ya no es convencer, sino destripar al árbitro y a la disidencia.

Tratamos de encontrar vientos de moderación en los primeros discursos del presidente electo, pero lo único que se topa el bicho es con un muro de soberbia, retórica de odio y una peligrosa agenda exterior que aplaude genocidios ajenos mientras promete aplicar la misma receta en suelo propio. Cuando el secreto financiero y las armas se imponen sobre la transparencia, la soberanía popular queda secuestrada.

🦂 El Aguijón

Al final, la supuesta legitimidad de este nuevo proyecto es como sus alianzas de pasarela: un barniz que se cae a pedazos cuando el bicho empieza a escarbar en el fango de los capitales oscuros y el fantasma del paramilitarismo que sostiene su corona. ¡Zas!

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