Cuando a un gobierno le incomoda la historia, el primer impulso de los autoritarios de pacotilla no es debatirla, sino esconderla. El reciente y polémico retiro de la estatua de don José Figueres Ferrer de la Plaza de la Democracia, so pretexto de protegerla tras los daños cometidos por encapuchados ajenos a los campamentos estudiantiles, ha encendido todas las alarmas. Es el clásico manual del poder intolerante: en lugar de garantizar el orden y perseguir a los vándalos, prefieren desentenderse del bronce y escamotear los símbolos patrios en vísperas de fechas tan sagradas como la abolición del ejército.
🏛️ Enterrando bronces para ocultar culpas
La decisión del ministro de Cultura, Jorge Rodríguez, de llevarse el monumento bajo la coartada de poner a salvo el patrimonio ha desatado una ola de justificada indignación en Cuesta de Moras y en las calles. Desde la jefatura de bancada del PLN, Álvaro Ramírez le cantó las verdades al jerarca tildando la maniobra de “manual de dictador”, advirtiendo que las tiranías comienzan precisamente intentando borrar la memoria y dando la espalda a los cimientos de la nación. Por su parte, las voces legislativas de distintos sectores han saltado a recordar que, aunque se lleven la estatua a bodegas oscuras, el legado de la Segunda República y la paz social no caben en ningún inventario oficialista.
Lo más grave de este sainete es la cínica excusa de castigar a los manifestantes y usar el vandalismo nocturno como cortina de humo. Los propios estudiantes que mantenían su legítima protesta en defensa de la educación pública se desligaron de los destrozos y alertaron a las autoridades. ¿A quién le sirve entonces retirar el monumento justo ahora? ¿Es una medida de protección o un manotazo para limpiar el paisaje urbano de aquello que les incomoda?
📉 La piqueta contra la memoria democrática
Desenterrar la discusión sobre los monumentos mientras se recortan fondos a la educación, se debilita la seguridad y se asfixia el presupuesto nacional confirma que este gobierno tiene alergia a todo lo público y lo histórico. Mueven las estatuas porque les estorba el pasado glorioso de un país que eligió la pluma y la institucionalidad por encima de las bayonetas.
🦂 El picotazo de hoy:
¡Qué manera tan cobarde de entender la custodia del patrimonio! Se llevan la estatua de don Pepe Figueres a escondidas porque les aterra que el bronce les recuerde lo lejos que están de defender la democracia. ¡Devuelvan el monumento a su plaza y dejen de maquillar el olvido con excusas de pacotilla!
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