¿Tercera República o populismo con Open English? 🦂🏛️
Si hiciéramos un recuento preciso de las palabras que más repitió la hoy presidenta Laura Fernández en su discurso de asunción, quitando las numerosísimas referencias teológicas, el podio es evidente: el primer lugar se lo lleva “mano dura”, seguido por “cambio” y por su nuevo accesorio favorito, “no aflojar”.
Sin embargo, en la jerarquía de lo rimbombante, la medalla de oro se la lleva su pomposa promesa de fundar una “Tercera República”.
¿Qué es lo que haría que esa propuesta sea real? Si el asunto pasa por hablar a gritos ante el micrófono; repetir como cotorra enchilada la frase “mano dura”; construir una marina en Limón; una “ciudad gobierno” en San José; una mini-mega cárcel en Alajuela; revivir el proyecto del tren eléctrico (pero ahora encogido y mutilado); y terminar las carreteras que heredaron de gobiernos previos… si con esa cucharadita de cemento basta, pues sí: tendríamos una “tercera república”.
Pero para que eso tenga un mínimo de sentido, el país tendría que optar por un ejercicio colectivo de amnesia. Deberíamos hacer que la ignorancia sea una virtud y que el estudio del pasado costarricense sea un delito perseguido, por supuesto, con “mano dura”.
Las estruendosas omisiones 🔇❌
Frente al libreto de la “mano dura”, para la señora presidenta las verdaderas urgencias del país no pasan de ser fruslerías. “Peanuts”, como diría aquella elegante señora que estudiaba inglés con Open English. Las ausencias en su discurso fueron ensordecedoras:
Nada se dijo sobre la crisis de la educación ni sobre el colapso financiero y las listas de espera de la Caja. Nada sobre los sistemas de pensiones ni sobre el descalabro diario que sufre el transporte público. La pobreza, la desigualdad y la marginalidad social simplemente no existen en el mapa de Fernández. El rezago de las regiones fuera del Valle Central, la crisis de la agricultura local y el cambio climático también fueron borrados de la agenda.
La historia no se escribe pegando gritos 📜💡
Se entiende perfectamente que Fernández ni lo sepa ni lo entienda, como tampoco lo asimilan sus mentores, Chaves y Cisneros. Pero en Costa Rica todavía queda gente que no tiene pereza de leer y estudiar.
Esa ciudadanía sabe que la Segunda República no se fundó levantando tres edificios ni con promesas de megacárceles. En rigor, empezó a cimentarse a inicios de la década de 1940, gracias a una inédita alianza entre el gobierno de Calderón Guardia, la Iglesia de Monseñor Sanabria y el Partido Comunista de Manuel Mora, que nos heredó el Código de Trabajo, las Garantías Sociales y la creación de la Caja y la UCR. ¡Sí, el Partido Comunista!, bueno es recordarlo ahora que el oficialismo anda abriendo tumbas y sacando putrefactos cadáveres ideológicos para asustar a incautos.
Es cierto que el concepto de “Segunda República” se acuñó formalmente tras la guerra civil de 1948 por Pepe Figueres y sus muchachos. Pero lo fundamental es que a las reformas de los cuarenta se les unió una nueva Constitución y un ramillete de instituciones visionarias que cambiaron profundamente el rostro del país.
No fue una revolución marxista; fue una revolución democrática. Un proyecto de país donde confluían la socialdemocracia, el socialcristianismo y el socialismo, teniendo como centro gravitacional el compromiso con la libertad y la justicia social. Fue algo infinitamente más rico y clarividente que una campaña de relaciones públicas.
El Aguijón 🦂💉
¡Zas! Ni Fernández, ni Chaves, ni Cisneros entenderán jamás el peso de la historia; para ellos la política es una tarima de show y un despliegue de testosterona digital. Una República se funda sobre la dignidad de sus instituciones y el bienestar de su gente, no sobre los cimientos de una cárcel de cemento y un vocabulario de matón de barrio. Ojalá que la ciudadanía costarricense sí lo entienda, antes de que terminen de bailárselos con el sirope del cambio vacío. ¡Qué clase de ignorancia con ínfulas de grandeza! 🦂🔥
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