El Escorpión

Pichones de dictador, redes sociales y el Estado de Derecho a la carta

El Escorpión

🎭 El circo de las prioridades y la burla como doctrina

El concepto de Estado de Derecho parece haberse convertido en un estorbo insoportable para quienes pretenden gobernar a golpe de likes y comentarios de Facebook. Las recientes declaraciones del propio Ministro de Justicia y Paz, Gerald Campos, a raíz de la extradición del presunto narcotraficante alias «Macho Coca», no son solo una muestra de ligereza política; son una radiografía al desnudo de la vocación autoritaria que carcome a nuestra institucionalidad. Pretender que la investigación de una presunta tortura en el sistema penitenciario equivale a “defender a un criminal” es un disparo directo al corazón de las garantías republicanas.

📜 La Constitución no tiene cláusulas de simpatía

El Fiscal General de la República, Carlo Díaz, no actúa por simpatía ni por cálculo de popularidad. Su deber constitucional es investigar si un funcionario público, bajo la estructura que dirige el propio Ministro, cometió un delito. Punto. El artículo 40 de nuestra Constitución Política —esa misma que el señor Ministro juró defender con la mano sobre el pecho— es categórico al establecer que nadie será sometido a tratamientos crueles o degradantes. Asimismo, la Convención contra la Tortura (Ley 7351) no deja margen para la duda: no existe guerra, emergencia ni prontuario delictivo que justifique la barbarie. Los derechos humanos no se reparten por carné político ni por la peligrosidad del reo; o aplican para absolutamente todos, o dejamos de llamarnos una democracia.

⚖️ Fortaleza institutional vs. complejo de gallito

Un Estado fuerte y respetable no necesita recurrir al maltrato ni a la chota de red social para demostrar autoridad. Captura a los delincuentes, los procesa dentro del marco de la ley, los condena con firmeza y los mantiene refundidos en la cárcel para que no le sigan haciendo daño a la sociedad. Por el contrario, un Estado débil, liderado por figuras con evidentes complejos de autoridad, necesita el atropello, la burla de “pobrecito don Gilbert” y la retórica del odio para simular una firmeza que sus instituciones no logran sostener. Coquetear con las formas del régimen salvadoreño es una afrenta directa a la historia civilista de Costa Rica.

🏛️ Cumplir el juramento, no el algoritmo

Resulta profundamente vergonzoso que quien ostenta el cargo de Ministro de Justicia —y supuestamente de Paz— prefiera comportarse como un activista de teclado antes que como un jerarca de Estado. Frente a denuncias de eventuales malos tratos bajo la custodia de los centros que él administra, la ciudadanía no espera sarcasmos ni descalificaciones; espera rigor, investigación abierta y apego estricto a la ley. Cuando la descalificación sustituye al argumento y el aplauso fácil sustituye a la Constitución, los narcotraficantes no pierden nada; la que pierde, de forma absoluta, es la República.

🦂 El Aguijón

A los pichones de dictador se les olvida que el Estado de Derecho no es un menú de restaurante donde se escoge lo que conviene: si la ley solo aplica para los que nos caen bien, la democracia deja de ser un principio y se convierte en una tiranía en pañales.

Ver también

El Escorpión

El Escorpión

🦂 El “control de obra” y la novia que no miente 🎪 Capítulo 2: De …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *