El Escorpión

¿Finca o República? El espectáculo de la humillación

El Escorpión

Hay días en que el aguijón no sale por malicia, sino por pura vergüenza ajena. Lo que vimos esta semana en Zapote —esa «sentada» pública y televisada a la ministra Paula Bogantes— no fue un acto de autoridad, fue un espectáculo que nos recordó más a un capataz en una finca que a la Presidencia de una República. Como bien dice don Fausto Alfaro en su carta abierta: ¡Qué pegue de humillación!

🐄 El capataz y la finca

Parece que en Zapote confunden el mandato popular con el título de propiedad de un potrero. El Presidente no solo barrió el piso con la Sala IV, sino que usó a su propia ministra de trapo para limpiar las cenizas de su enojo. Ridiculizar a una colaboradora frente a las cámaras no es liderazgo, es una demostración de irrespeto que mancha la investidura. Costa Rica no es un cuartel, ni los ministros son peones para ser sermoneados en cadena nacional.

🏛️ Obedecer no es respetar

La tesis de «te obedezco porque me obligan, pero te desprecio porque quiero» es el veneno más peligroso para nuestra convivencia. La Sala Cuarta no existe para darle palmaditas en la espalda al gobierno de turno, sino para recordarle que nadie está por encima de la Constitución. Debilitar el respeto a las instituciones es pegarse un balazo en el pie; hoy le sirve al que manda, pero mañana nos deja a todos a la intemperie.

👠 Dignidad vs. Escritorio

Y el mensaje para la ministra Bogantes es demoledor: los cargos son temporales, pero la dignidad es para siempre. Cuando un funcionario agacha la cabeza ante el maltrato, le dice a todo el país que el poder puede pisotear el respeto humano sin consecuencias. A veces, el mayor acto de valentía en la política no es atornillarse a la silla, sino levantarse y decir: «Hasta aquí».

EL AGUIJÓN FINAL🦂

En fin, que entre «dulzuras de carácter» y jerarcas que guardan el violín mientras los pisotean, el ejemplo que estamos dejando en la historia es de una pobreza franciscana. El poder es pasajero, pero la mancha de haber normalizado el irrespeto se queda pegada como el Resistol a la curul. ¡A otro perro con ese hueso!

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