¿Qué está en juego con la discusión sobre el ICE y la apertura eléctrica?

Una explicación simple para los costarricenses

ICE

Marvin Taylor-Dormond

En 1949 la Junta Fundadora de la Segunda República creó el ICE. En ese momento apenas un 14% del territorio nacional tenía electricidad. Hoy más del 99% de los hogares costarricenses tiene luz, con energía casi toda renovable y una tarifa solidaria: una familia en una zona rural paga lo mismo que una en la ciudad. Pocos países en el mundo han logrado algo así.

Este lunes la Asamblea Legislativa decide el futuro del proyecto de ley del Gobierno que cambia el sistema eléctrico (expediente 23.414). Para entender lo que está en juego, en adición a sus implicaciones políticas, es útil conocer cómo funciona un sistema eléctrico.

Un sistema eléctrico se compone básicamente de cuatro partes:

  • Generación: las plantas que producen la electricidad.
  • Transmisión: las grandes líneas que la llevan por todo el país.
  • Distribución: las redes que la llevan hasta su casa.
  • Operación: el centro que decide qué plantas producen y que planifica cuánta energía necesitaremos en el futuro.

Hoy el ICE participa en las cuatro partes del sistema: produce cerca del 70% de la energía, es dueño de toda la red de transmisión, junto con la CNFL atiende a la mayoría de los clientes del país, y opera y planifica el sistema.

¿Qué propone el Gobierno?

El proyecto del Gobierno propone abrir la generación a un mercado sin los límites actuales a la participación privada; hacer que las distribuidoras compren la energía por subastas; permitir que los grandes consumidores compren aparte directamente en el mercado, sin pasar por las distribuidoras; y sacar del ICE la operación y la planificación del sistema para pasarlas a un ente nuevo (ECOSEN).

Es decir, el proyecto no privatiza los cables del sistema eléctrico, pero privatiza las reglas.

¿Qué riesgos puede tener esto para los costarricenses?

Primero, la luz podría subir para las familias: si los grandes consumidores compran aparte, los costos de la red y de las zonas rurales quedarían para los demás usuarios. Segundo, nadie quedaría obligado a seguir una planificación nacional que asegure que haya luz suficiente en el futuro. Tercero, las ganancias del mercado irían a unos pocos y, cuando haya sequía o crisis, seguramente le tocaría al ICE, es decir, a todos nosotros, hacerle frente.

¿Y qué consecuencias tendría esto para el ICE?

Al ICE se le dejan las cargas —las deudas, la red y las zonas rurales más caras de atender—, se le quitan los mejores clientes y, sobre todo, se le despoja del timón, de la dirección del sistema. Como consecuencia, el ICE podría debilitarse año con año, hasta poner en riesgo su existencia.

Proyectos alternativos

Liberación Nacional ha planteado cuatro proyectos para modernizar el sistema y ampliar la competencia sin desmantelarlo. Estos proyectos abren espacio a más generación privada, cooperativa y municipal mediante concursos abiertos; crean un fondo para llevar luz a las familias que todavía no la tienen; fortalecen a JASEC y a la ESPH; y, sobre todo, mantienen al operador del sistema dentro del ICE, pero con autonomía propia.

Esto es lo que está sobre la mesa. Espero que la fracción de Liberación Nacional vote unida, con firmeza y con profundo sentido socialdemócrata, para proteger al país y al ICE, una institución que es patrimonio de todos los costarricenses y que ha cumplido con creces su misión.

El ICE y el mercado eléctrico nacional requieren urgentemente modernizarse, no desmantelarse.

ICE

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