
Carlos Revilla Maroto
En un intercambio con mi buen amigo Fernando Berrocal, él me dice: “Hace días que quiero preguntarle a mi amigo Carlos Revilla, fuera del marco de cualquier polémica, qué es lo que él considera ‘ser progresista’ en la actualidad. ¿Podrías decírnoslo en pocas palabras? Eso aclararía mucho las cosas en este chat.”
La pregunta me parece excelente, y tomo el tema para escribir. Eso sí, lo de la brevedad no me es posible; aunque trato de sintetizar, el asunto es demasiado importante para resumirlo en un par de párrafos.
¿Qué entendemos por progresismo?
De Wikipedia tomo la definición de progresismo (la edito ligeramente para hacerla más concisa, pero sin alterar su sentido):
“El progresismo es una doctrina política y social orientada, en general, hacia el desarrollo de un estado del bienestar, la defensa de derechos civiles, la participación ciudadana y cierta redistribución de la riqueza. En este sentido, el progresismo defiende, en líneas generales, más igualdad económica y social, así como también lo que se consideran mayores avances o progresos en materia sociocultural. En el progresismo, tienden a confluir diversas doctrinas filosóficas, éticas y económicas del socialismo democrático, de la socialdemocracia y del socioliberalismo. Como contraste, comúnmente se considera que estas corrientes aglutinan fuerzas opuestas al conservadurismo en lo cultural y al neoliberalismo en lo económico. En lo socioeconómico, el progresismo propone que el Estado o la misma sociedad generen condiciones que permitan a las personas superar la desigualdad social a través de procesos de inclusión social. El progresismo tomó forma como tendencia política de las luchas contemporáneas por los derechos civiles y políticos que dieron vida a movimientos sociales como la revolución sexual, el feminismo, el ecologismo, el veganismo, la sexodiversidad, entre otros.”
Dado lo anterior, la pregunta relevante no es tanto qué es el progresismo, sino si el Partido Liberación Nacional es progresista.
En términos generales, podría decirse que un partido socialdemócrata es un partido progresista. Pero entonces surge la nueva pregunta: ¿sigue siendo el PLN socialdemócrata? En el discurso, puede decirse que sí. El problema es que hoy el discurso ya no se traduce en acción. El otrora partido reformista dejó de serlo. Incluso hace algunos años, Oscar Arias llegó a decir que el PLN era un partido reformista moderado; hoy ni siquiera eso se sostiene. El PLN ha dejado de lado las propuestas reformistas para abrazar tesis neoliberales —y hay muchos ejemplos de ello. Aunque todavía mantiene algunas banderas simbólicas, eso no basta.
El distanciamiento de la calle y de los sectores sociales
Recuerdo hace unos años un conflicto por tenencia de tierra en la zona sur del país, cuando unos agricultores cerraron el paso sobre el puente de la Interamericana sobre el río Térraba. En otros tiempos, los diputados del PLN habrían estado en el lugar apoyando a los agricultores; en cambio, los atacaron por el bloqueo. Allí se revela una parte central del problema: el alejamiento del PLN de los sectores sociales populares.
De aquel poderoso partido socialdemócrata, con políticas inspiradas en esa ideología, hemos pasado a otra cosa: un partido que sencillamente le “chupa rueda” a la derecha de este país. Sus grandes propuestas actuales se reducen a abanderar el retiro del 100% del ROP —una medida que, en sí misma, no es mala, pues se trata del ahorro de los trabajadores, pero que el PLN utiliza más como bandera electoralista que como parte de una auténtica agenda de justicia social. El verdadero problema es que, mientras agita esa consigna, el partido ha mostrado una preocupante apertura a la jornada laboral 4×3, endulzándola con el discurso de que hay que “mejorarla”. Pero la realidad es que una propuesta que flexibiliza la jornada laboral en perjuicio del trabajador, que reduce el descanso y debilita el pago de horas extras, no es reformismo socialdemócrata: es neoliberalismo con envoltura verde. Hoy hace mucho que el PLN no presenta un proyecto verdaderamente socialdemócrata en la Asamblea Legislativa.
Conservadurismo social: otra cara del abandono
El abandono del progresismo no es solo económico; también se expresa en el plano social. Y aquí el PLN muestra una contradicción profunda: fue un gobierno suyo, con Leonardo Garnier como ministro de Educación, el que impulsó las guías de educación sexual en escuelas y colegios —una política progresista de vanguardia en su momento. Sin embargo, hoy el partido ha claudicado ante los grupos conservadores y confesionales que presionan desde dentro de sus propias filas y desde la sociedad. Esa falta de definición lo ha llevado a posiciones ambiguas, a frenar avances en derechos civiles y a alinearse con frecuencia con las corrientes más tradicionales. Mientras el progresismo contemporáneo avanza en el reconocimiento de la diversidad y la autonomía de las personas, el PLN parece haber extraviado el rumbo que alguna vez trazó, atrapado entre su pasado reformista y las presiones de un conservadurismo que gana terreno dentro de su propia estructura.
El ejemplo de Guanacaste: ¿Agencia espacial o desarrollo territorial?
Pongo otro botón de muestra. En Guanacaste, la provincia con mayor desempleo, desigualdad y pobreza del país —muy por encima del promedio nacional—, la gran propuesta hace unos años del PLN, por medio de una de sus diputadas, fue crear una “Agencia Espacial Nacional”. Esto me recordó una caricatura de Hugo Díaz, de hace muchos años, cuando la India detonó su primera bomba atómica: un niño famélico, viendo con su madre el hongo de la explosión, le pregunta: “¿Mamá, eso se come?”. Trasladado a Guanacaste, la pregunta sería: “¿Mamá, la agencia espacial se come?”. Unos años después la agencia fue descartada totalmente, a pesar de haberse aprobado.
Claro, hay que soñar. Pero soñar con eliminar el hambre, reducir la pobreza y erradicar la pobreza extrema, serían sueños más urgente. En eso, el PLN ha fallado estrepitosamente. ¿Igualdad de oportunidades? Tampoco.
El incumplimiento del numeral 280: una promesa vacía
Sobre este tema, como se dice: “para muestra, un botón”. El numeral 280 del documento final del V Congreso Daniel Oduber Quirós del PLN, que aunque es de hace 21 años, es el último que se ha celebrado. El texto con respecto al TLC con EE.UU., dice así:
“Advertimos con preocupación —como se analizó más arriba al discutir nuestra meta de construir un país efectivamente integrado por las oportunidades— que esto será así solamente si el Tratado se acompaña con una adecuada y sólida Agenda Nacional Complementaria, que incluya las reformas necesarias para garantizar que los más diversos sectores económicos puedan aprovechar efectivamente las oportunidades que ofrece el Tratado, al tiempo que se neutralizan los impactos negativos que la aplicación del Tratado pueda ocasionar en sectores específicos de la economía nacional. Liberación Nacional adquiere el compromiso de aprobar en nuestra Asamblea Legislativa esta Agenda Nacional Complementaria.”
El numeral está muy bien redactado. El problema es que el compromiso nunca se cumplió. A casi dos décadas de aprobado el tratado, hay sectores que siguen sufriendo sus impactos negativos, sin que el PLN haya impulsado esa agenda complementaria. No fue un descuido: fue una decisión.
Contraste: lo que el PLN prometía antes y lo que promete hoy
Para medir la mutación, basta comparar dos momentos. Antes, el PLN prometía reforma agraria, protección al empleo nacional, fortalecimiento del Estado de Bienestar y una política exterior independiente y solidaria. Hoy, sus promesas son rebajas tributarias coyunturales, concesiones de obra pública a gran escala, flexibilización laboral y una agenda que prioriza los grandes negocios sobre los derechos sociales. El contraste es tan nítido que duele: el partido que construyó el Estado Social de Derecho ahora contribuye a desmantelarlo, pieza por pieza, con la excusa de la eficiencia.
Resumen de la deriva
- Alejamiento de los sectores sociales.
- Planteamiento, en algunos casos, de tesis abiertamente libertarias (por ejemplo, la teoría del goteo).
- Conservadurismo en las posiciones sociales (oposición a derechos LGBTIQ+, freno a la educación sexual).
- Abandono del reformismo característico de los partidos socialdemócratas.
- Reformismo negativo: desmantelamiento del Estado Social de Derecho.
- Determinismo económico, volviendo a tesis ya superadas desde Bernstein.
El partido se ha vuelto una franquicia, donde la ideología pasó a un segundo o tercer plano. La marca se mantiene, pero el contenido ha cambiado por completo.
Doce años fuera del poder: el hecho que no admite excusas
Pero hay un dato que redondea el cuadro y lo vuelve implacable: el PLN lleva doce años fuera del poder. Para un partido con vocación hegemónica, que durante décadas se consideró el “partido natural” del gobierno costarricense, eso no es una racha adversa: es un diagnóstico en letras rojas.
No se trata de mala suerte. En una democracia, doce años de sequía electoral no son un accidente; son el veredicto de la ciudadanía. Y ese veredicto no se explica por el carisma de los rivales o por la volatilidad del electorado. Se explica por lo que el propio PLN ha dejado de ser. Los partidos que gobiernan durante generaciones y luego desaparecen del mapa no son víctimas del destino; son arquitectos de su propio derrumbe.
El PLN perdió su capacidad de convocatoria porque dejó de hablarle a quienes lo hicieron grande: los trabajadores, los campesinos, los sectores medios, la juventud con esperanza de movilidad social. En su lugar, optó por cortejar a los mismos grupos que ya tienen asiento en la mesa del poder. Y cuando un partido deja de representar a las mayorías para representar a las élites, el resultado electoral es el que vemos: derrota tras derrota, con interregnos de gobierno que se acortan y oposiciones que se alargan.
Doce años no son un castigo; son una consecuencia. Y mientras el PLN no entienda que su problema no es de mercadeo, sino de identidad, esos doce años pueden convertirse en veinte o en treinta. La historia está llena de partidos que un día fueron grandes y al otro día fueron museo.
Entonces, respondamos directamente:
¿Es el Partido Liberación Nacional progresista en la actualidad? No.
¿Es todavía socialdemócrata? No en la práctica.
¿Y su larga ausencia del poder confirma esto? Totalmente. La ciudadanía lo ha juzgado, y el veredicto es claro.
La conclusión mayor es que el PLN abandonó la consigna que le dio origen y que se resume en la frase de don Pepe Figueres: “el beneficio del mayor número“. Hoy, ese lema se ha transformado, sin decirlo abiertamente, en “el beneficio de sus grupos de poder“.
El beneficio del mayor número, hoy, no es el campesino sin tierra, ni la madre soltera sin empleo, ni el joven sin educación técnica. Es el gran empresario que necesita carreteras, el contratista que quiere obra pública sin control, el banquero que exige flexibilidad laboral, el desarrollador inmobiliario que presiona por cambios de uso de suelo. Ese es el nuevo sujeto histórico del PLN.
Una pregunta final para abrir el diálogo
Si la socialdemocracia en Costa Rica ya no habita en el partido que la fundó, si el progresismo quedó reducido a una etiqueta sin práctica, y si doce años fuera del poder no han bastado para que el PLN haga una autocrítica genuina, entonces cabe preguntarse: ¿tiene remedio este desvío, o la socialdemocracia costarricense necesita un nuevo instrumento político para volver a ser lo que fue?
La respuesta, creo, está en la calle, no en las cúpulas. Y los doce años ya casi hablaron por sí solos.
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