Un joint venture en el mar Rojo

Línea Internacional

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Guadi Calvo

La torpe acción de los Estados Unidos, junto al engendro sionista contra la República Islámica de Irán, agregó más virulencia a la que ya de por sí era una de las más calientes del mundo. A la que podríamos delimitar entre el Mar Arábigo, incluyendo obviamente al Golfo Pérsico, con su cada vez más estrecho paso de Ormuz, hasta el Mar Rojo, con el sensible Bab al-Mandeb, que no por nada su traducción es la Puerta de las lamentaciones, al sur, y el canal de Suez, al norte, y que va desde el Golfo de Adén al Mediterráneo. Lo que significa que estamos hablando de 21 naciones, junto al enclave sionista, que suman una superficie algo menor que la de Canadá y de aproximadamente 840 millones de almas y por la que transita entre el 15 y el 20 por ciento del comercio marítimo mundial. Solo por Ormuz pasa o pasaba cerca de una cuarta parte de todo el petróleo transportado por vía marítima.

Estas cifras explican no solo el interés de Washington, junto al de sus cada vez más insignificantes adláteres y la sensibilidad global que despierta cualquier posibilidad de agravamiento del conflicto, del que Trump no admite su derrota y desde allí su espasmódico derrotero que lo tiene desde marzo en una guerra titilante a meses de negociaciones que parece ser posta de reaprovisionamiento, para lanzar tras su previsible fracaso una nueva andanada de ataques, a los que Irán resiste y replica y así la va cosa.

Es en este contexto que la paciencia de los hutíes, la milicia yemení, que controla a su antojo el paso por Bab al-Mandeb y la circulación por el mar Rojo, parece estar llegando a su límite, incluso faltando al pedido de Irán, que los guarda para jugar en el momento en que ya el conflicto no tenga vuelta atrás.

Quienes durante estos últimos tres años hayan observado con detalle las operaciones hutíes en el mar Rojo, saben que disponen de las condiciones tácticas y estratégicas para estrangular a su antojo el corredor que va desde Bab al-Mandeb hasta Suez y es paso fundamental para el aprovisionamiento de recursos claves para la industria europea.

Esta contingencia que padece el mundo desde el último día de febrero se ha recalentado todavía más al conocerse que la milicia yemení, fundamentalmente compuesta por elementos chiíes, aunque también los hay sunnitas e incluso cristianos, habría formalizado una alianza con al-Shabab, la khatiba más activa del universo al-Qaeda, que, como se sabe, son fundamentalistas wahabitas, y que desde hace al menos quince años controlan grandes sectores rurales del centro y sur de Somalia.

Se conoció que en junio último un grupo de enviados hutíes se reunió con líderes de al-Shabaab, en la ciudad de Jilib, en la región de Middle Juba, el principal bastión de al-Shabaab. Negociaron el control de las posiciones sionistas en Berbera. Sospechan que la intención es el control de las posiciones sionistas en Berbera, sospechando la intención de convertir ese enclave en una base permanente de vigilancia y ataques sionistas contra Yemen.

Es posible que la ya concretada alianza pueda ser considerada un paso superador a las disputas interreligiosas, ya que los hutíes llevan años luchando contra una filial yemení, conocida como al-Qaeda en la Península Arábiga (AQAP), surgida a principios de 2009 tras unificarse con extremistas yemeníes y saudíes.

El AQAP, que ha sido un jugador importante en la guerra civil que comenzó en Yemen en 2014 y que aún no se resuelve, ha visto cómo tanto los “al-qaedeanos” como los houthies se han enfrentado y disputado posiciones en el transcurso de esa guerra.
El AQAP, que ha ejecutado infinidad de operaciones en esa región, alcanzó fama mundial tras el ataque a la redacción del periódico satírico Charlie Hebdo en pleno centro de París en enero de 2015, donde asesinaron a una docena de personas.

Por lo que no deja de ser llamativo que una organización de resistencia como lo son claramente los huthíes, cuyo nombre oficial es Ansarullah (Partidarios de Dios), se haya aliado a terroristas de la característica del al-Shabaab, lo que habla de la necesidad de enfrentar a un enemigo común, los Estados Unidos y al enclave sionista, que acaba de ingresar al Cuerno de África tras convertirse en el primer “estado” del mundo, en diciembre último, en reconocer a Somalilandia, una región en el norte de Somalia que desde 1991 lucha por independizarse de Mogadiscio y ser admitida como nación soberana. Por lo que Tel Aviv, tras ese reconocimiento, intensificó acuerdos comerciales militares con Hargeisa, que dará el visto bueno para instalar bases militares en cercanía de Berbera, una ciudad portuaria del golfo de Adén, a unos 150 kilómetros al noreste de Hargeisa. Con esto, los sionistas consiguen una entrada directa a la crítica región del este africano, conmovida por guerras civiles como la de Sudán, las tensiones crecientes en Sudán del Sur y la cada vez más inestable situación interna de Etiopía, donde algunas regiones, después de finalizada la guerra civil de Tigray (2020-2022), han regresado a la turbulencia separatista no solo en la región de Tigray, sino también en Amhara y Oromia. A lo que se le suma la controversia entre Addis Abeba, con Asmara, capital de Eritrea, por un puerto en el mar Rojo y con Mogadiscio, capital de Somalia, por el arrendamiento de una franja de veinte kilómetros sobre el golfo de Adén, que Addis Abeba arregló con el gobierno de Somalilandia.

Armas y entrenamiento

Según fuentes vinculadas a distintas agencias de inteligencia norteamericanas, hombres de al-Shabbab y de los houthies han llevado, desde por lo menos 2023, reuniones para operar contra intereses tanto norteamericanos como sionistas en la boca sur de Bab al-Mandeb. Hay que recordar que, a partir de noviembre de 2023, tras el comienzo del genocidio en Gaza, el movimiento Ansarullah comenzó a atacar embarcaciones vinculadas a intereses judíos que navegaban por el mar Rojo, lo que obligó a muchas navieras a modificar sus rutas hacia el Mediterráneo, circunvalando África por el Atlántico, lo que produce un retraso de más de veinte días, lo que ha significado un fuerte incremento en el valor de los fletes, generando una importante crisis a escala global. (Ver: Mar Rojo, el segundo frente).

Se entiende que el grupo yemení está haciendo grandes transferencias de armamento a sus “hermanos” somalíes, como misiles antiaéreos portátiles, cohetes Katyusha de 107 mm, fusiles rusos Dragunov, drones, misiles antitanque y equipos de visión nocturna de origen estadounidense. Los que serían enviados por empresas fantasmas yemeníes, que disfrazan la carga como productos civiles en general, desde diferentes puertos sobre el estrecho de Adén, principalmente el de Mukalla, en lanchas rápidas y pesqueros, por rutas poco monitoreadas hasta desembarcarlas en caletas del norte somalí.

En abril de 2025, el Comando África de Estados Unidos (AFRICOM) anunció la destrucción de dos embarcaciones sin bandera, cuando entraban a aguas somalíes procedentes de Yemen. Siempre según el AFRICOM, transportaban “armamento convencional avanzado”, sin especificar de qué tipo, no la cantidad, sin tampoco informar si iban dirigidos a al-Shabbab, ya que en la cordillera de Cal Miskaad, en el norte del país, paralela a la costa, opera de manera casi larval, un grupo vinculado al Daesh, que ha tenido muy pocas acciones desde su llegada en 2016.

Abdul Malik al-Houthi, el líder de la organización yemení, a principios de año, anunció en un discurso televisado que el grupo “vigilaba de cerca las acciones israelíes en Somalilandia”, que se ha establecido allí con el objetivo de controlar la actividad de los houthies sobre el golfo de Adén, el estrecho de Bab el-Mandeb y el mar Rojo. Malik al-Houthi, se comprometió a actuar en el momento que las circunstancias lo justifiquen.

Mientras se ha confirmado que muyahidines de al-Shabbab viajan regularmente a Yemen en pequeños grupos para recibir entrenamiento en el armado de minas terrestres, en el manejo de armamento de última generación y en la operación de drones.

En febrero último, la CIA consiguió localizar y asesinar, por intermedio de un misil, al principal operador de esta alianza, el somalí Jibril Yahya Ali, alias Gacaamey (el manco), cuando viajaban en un auto en cercanías de la ciudad costera al-Ghaydah (Yemen). Si bien la muerte del gacaamey tenía como objetivo neutralizar el acuerdo entre houthies y al-Shabbab, el joint venture ya está en marcha y desmontarlo llevará mucho tiempo y, como siempre en estos casos mucha más sangre.

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