A propósito del aniversario del nacimiento de Dante Alighieri, el 29 de mayo de 1241
Caryl Alonso Jiménez

Nada hasta ahora resulta más apasionante y más sometido a estudios desde todos los ángulos científicos y sociales que entender, dominar y controlar el comportamiento humano en escenarios digitales…
Al parecer el santo grial del comportamiento humano es el objetivo universal. Desde Ivan Pablov (1849-1936) hasta Frederic Skinner (1904-1990), y ahora los nuevos psicólogos sociales en la era de la IA. Buscan con sutileza tecnológica que la interacción colectiva alcance conglomerados sociales en entornos que Foucault (1926-1984), llamó panópticos, con sistemas de vigilancia que hace que los sujetos adopten normas y se vigilen así mismos. Escenario escenificado en la novela “1984” (1949), de George Orwell (1903-1950) que pareciera una imagen de la realidad.
Y, como repetía Aldous Huxley (1894-1963), en la su novela, “Un mundo feliz” (1932), donde el “soma”, la droga que ejerce la percepción de una realidad para vivir el mundo de plenitud.
Aunque no es nuevo, los científicos sociales están trabajando a toda marcha para implantar en la Inteligencia Artificial (IA), dispositivos capaces de gestar, alentar dramatismos y dogmatismos para aceptar sin objeción la realidad aumentada.
En la Encíclica Magnifica Humanitas (15 de Mayo de 2026), Su Santidad León XIV, en una extensa reflexión sobre la nueva era de la IA, no solo advierte de las amenazas que se ciernen sobre la humanidad si no se controlan sus implicaciones, aunque reconoce la importancia del avance tecnológico. Llama a reencontrar los valores que deberán persistir como la fortaleza de la existencia humana en momentos de mayor incertidumbre y miedo al colapso.
La reflexión no está alejada de la verdad, al observar la exacerbación emocional de las expresiones de poder (en todos los campos de la vida cotidiana), la soberbia en sujetos que racionalmente pudieran actuar bajo principios y actos hasta compasivos, hacen gala contraria al sentido humano.
En uno de los ejemplos cotidianos es del ciudadano atrapado en supuestas prisas diarias, envuelto en el tráfico, donde sabe racionalmente nada tiene que ver el conductor de al lado.
Su sabiduría no está atrasada, él sabe que las reglas del tránsito son alteradas y se crean tensiones ficticias derivando a veces, en violencia callejera, actos que distraen agendas complejas de política, zonas grises de fenómenos financieros, y de paso, divierte las redes.
Pero, ¿Cómo puede un sujeto que, aun sabiendo que el origen de su euforia emocional es provocado, actúa con violencia? Él sabe que llegar tarde donde nunca pasa nada… no afecta. Pero eso no ocurre por casualidad. Nada, pero nada es coincidencia.
El tema no es el trafico… es la forma como se planifican alteraciones emocionales con la sutileza mediática para manipular la reacción de millones de ciudadanos, quienes tienen una característica, todos están conectados a dispositivos electrónicos y redes. Pareciera la licencia universal de liviandades para hacerlas parecer complejas… el tema es otro, provocar reacciones para alterar el comportamiento y distraerlo.
En la novela que reproduce con agudeza el mapa del comportamiento emocional sigue siendo “La divina comedia” (1321). Un relato en el que la geografía humana queda retratada en la ruta moral de la sociedad. Es verdad que el viaje tiene la excusa de ir tras Beatriz al inframundo, construido para los valores de la época.
¿Cómo explicar el debate moral de un viaje que cuestiona el final de la vida? Al parecer las motivaciones humanas se convierten en la razón de la existencia. Pero, ¿Por qué la muerte?
Al parecer el tema es otro. El viaje al inframundo de Dante tiene otras motivaciones que confrontan el rompimiento de las reglas morales de la época… es la cruzada que revela en los Nueve Círculos la condición humana, en el que retrata que algunos hoy día son parte del Noveno. Y aunque sean trapecistas y charlatanes de los círculos de bonanza, la historia es sabía y los alcanzará más temprano que tarde, o en los límites del tiempo…
Dante construyó en ese momento la ética religiosa, fue aquella manera de ver el mundo desde la óptica de los valores cristianos. Por ello la invención del infierno en su magistral obra construye el nuevo pensamiento de las condenas. Aunque el mundo clásico ya lo había creado: el tártaro era la condena por las maldades humanas. Y los campos Elíseos, el premio a la paz eterna.
Es verdad que los griegos crearon el mito del viaje al inframundo a través del rio Aqueronte. Caronte dirige la nave junto al perro cerbero, que retrata la crueldad zoológica que todos llevamos dentro…. ¿Acaso no es cerbero el guardián de las puertas de ese infierno contemporáneo que hoy representa la maldad empaquetada de buenas intenciones…?
En el umbral de este nuevo paganismo, nada es distinto al siglo XVI (miedos, sensación de colapso, incertidumbre, discursos apocalípticos, búsqueda de la verdad y salvación), ahora con poderes domésticos y planetarios que exceden la comprensión humana.
Hoy este mundo contemporáneo eliminó las reglas y las condenas éticas, morales y hasta legales. Contradicción que mantiene una extraña manera de entenderlo. Las reglas a los límites de la arbitrariedad global se esfumaron…
Pero por extraño que parezca todo funciona a la perfección: energía, combustibles, impuestos, vigilancia (virtual y física no intrusiva), tasas de interés y tasas de cambio, dinámicas del mercado…Pero, el resto del eco-sistema queda fuera del ojo colectivo…
Los momentos decisivos de la historia tienen de fondo el cuestionamiento moral y ético, porque es desde ese umbral donde se construyen los valores… Pero, ¿Estaremos a tiempo para enfrentar el nuevo paganismo contemporáneo…?


