Elecciones e historia

Mauricio Meléndez

Elecciones e historia

El chanchullo fue parte constante de las elecciones costarricenses hasta la creación del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), que adecentó y dio credibilidad a las justas electorales (aunque a don Juan Diego Castro Fernández, actual candidato del pin, le ha dado por cuestionar y sembrar la duda sobre el TSE de una manera muy irresponsable, pues si tiene pruebas debería darlas a conocer y denunciar cualquier hecho concreto).

Lo mismo ha hecho sobre una gran cantidad de supuestas costumbres de corrupción en el Poder Judicial y el Ejecutivo, para lo que lanza acusaciones sin concretar; irresponsable ha sido pues si ha tenido conocimiento de estos hechos en los últimos 20 años algo debió haber hecho si tanto quiere a su país –como asegura–. Como dicen, “en río revuelto, ganancia de pescadores”.

Me encontré un texto del periodista Francisco María Núñez Monge, en el libro “Desamparados, tierra nutricia” (1967), pp. 51-52, que refleja ese pasado (sin TSE).

Lo “interesante” es que quien hizo chanchullo habría sido don Florentino Castro Soto, partidario del cletismo, contra su propio hermano don Florencio Castro Soto. (Florentino es el abuelo paterno de Juan Diego Castro Fernández). Veamos el texto que escribió Núñez Monge:

Don Florencio Castro Soto

¡He aquí un hombre evocador! Por su ejemplo de civismo, por su gran voluntad de trabajo. Podrían ser pocos sus conocimientos, pero era grande su espíritu cívico y mayor su voluntad.

Hijo de don Santos Castro y doña María Soto, quienes fundaron su hogar en San Rafael Abajo. Tuvieron muchos hijos, y al formar su hogar cada uno de ellos, les fueron construyendo su casa, cerca de la suya. Por eso se llamó “calle de los Castro”.

Don Santos y doña María eran buenos católicos. Solían contribuir con largueza para la fiesta patronal de la Villa y la de San Rafael. Eran mantenedores de un día de la Octava. Aunque hubieran dado la limosna de la Virgen, cuando visitaba su casa, como Peregrina, a la que hacían fiesta.

De tales padres, tales hijos. Hombres de trabajo; de espíritu religioso; buenos servidores de la Patria. Entre ellos, a los que más se recuerda son don Florencio y don Florentino.

Resultó que en la campaña política de 1905 los hermanos se dividieron: don Florencio fue jefe del zuñiguismo, en San Rafael; y don Florentino, del cletismo, en San Antonio, donde había comprado la hermosa y productiva finca “La Pacífica”, que formara el doctor don José María Castro, quien le dio el nombre de su esposa.

La lucha fue dura; cruel. Entre los dos hermanos se acentuó una rivalidad, realmente ingrata.

Para evitar que algunos electores concurrieran a las elecciones de segundo grado, los directores del cletismo, en la localidad, acudieron al expediente de ponerles una cuarta de guaro contrabando, poco antes de la fecha fijada para la asamblea.

El Resguardo Fiscal, instalado en la Villa, se presentaba al amanecer, cuando se verificaba el ordeño de las vacas, y sin mucho pensarlo, uno de ellos se dirigía a la cepa de guineo próximo y sacaba el “cuerpo del delito”.

Así, fue apresado y amarrado don Florencio una mañana, y se le obligó a viajar a pie hasta la Villa. No valieron ruegos ni excusas. Era reo y debía rendir cuentas al Fisco. Mejor dicho, quedaba enjuiciado y desde luego, incapacitado para ejercer sus deberes cívicos.

Pasadas las elecciones se dejó en libertad a don Florencio y se sobreselló el expediente.
Regresó a la casa, vendió todo lo que tenía –mejor dicho, lo malbarató– y se trasladó a vivir al fondo de La Sabana, en la carretera a Escazú. Donde nadie lo conocía.

Como era vicepresidente municipal, los primeros domingos llegaba al pueblo; amarraba su caballo a uno de los árboles de la plaza; cumplía su deber y regresaba a su exilio.

Ni una queja ni un reclamo. Terminado su período, se “estorrentó”, como decían las gentes y se olvidó de Desamparados.

Llevó su pena hasta el sepulcro, sabiendo que se había cometido con él una gran injusticia. Eso sí, nunca más quiso participar en movimientos políticos. Con la experiencia bastaba y sobraba. Sólo una vez se capa al perro.

Nota: zuñiguismo hace referencia al movimiento partidario de don Tobías Zúñiga Castro (canditato en esa elecciones) y cletismo a don Cleto González Víquez (finalmente candidato vencedor).

Tomado de FB


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