Luces y sombras de la encíclica papal sobre la inteligencia artificial

Enrique Gomáriz Moraga

Enrique Gomariz

Lo primero que hay que decir sobre Magnifica Humanitas, la encíclica del papa León XIV sobre la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, es que cumple con los parámetros de lo que Habermas ha llamado la deliberación democrática. Es decir, responde al compromiso de los colectivos humanos de asistir a la reflexión común sobre las preocupaciones más graves de la sociedad de nuestro tiempo, haciéndolo, como es lógico, desde su propia perspectiva.

Como dice la encíclica en su primer párrafo, “cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero en cada época se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto”. Por eso, cada colectividad, en este caso los cristianos, tienen que alzar la voz “allí donde la humanidad corre el peligro de perder su rostro”.

Como consecuencia de ello, León XIV ha emitido un texto compuesto de cinco capítulos donde alerta de los nuevos peligros que entraña el actual salto tecnológico, donde se hace “cada vez más evidente cuán rápida y profundamente la digitalización, la inteligencia artificial (IA) y la robótica están transformando nuestro mundo”. El texto advierte de que no se trata de considerar la tecnología, por si misma, como una fuerza antagónica a la persona humana, sino de identificar su particularidad actual, porque “hoy nos encontramos ante una situación nueva, en la que el poder y la omnipresencia de las tecnologías emergentes se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden profundamente en el imaginario colectivo”.

En su tercer capítulo, la encíclica reflexiona con rigor sobre el paradigma tecnocrático y el poder digital, la naturaleza ambigua de la inteligencia artificial y la necesidad de pensar sobre la responsabilidad, la transparencia y la gobernanza de la IA. Y en el capítulo quinto encara lo que la IA está suponiendo en el campo de los conflictos armados, subrayando la necesidad de regresar a un mundo basado en normas y defendiendo el multilateralismo y el mantenimiento de la paz. Los argumentos que expone pueden ser compartidos por muchos otros colectivos, tanto religiosos como no religiosos. Y significan una contribución constructiva a la deliberación colectiva.

Desde luego, eso se hace acompañado de la carga dogmática de la iglesia católica, algo comprensible, pero un tanto excesivo: la mitad del texto está dedicado a repasar procelosamente la doctrina social (y política) de la iglesia. Y la mención reiterada del Espíritu Santo puede parecer que también el Vaticano tiene sus propios algoritmos, no menos opacos. Como ya se ha dicho, el mantenimiento de la enorme carga doctrinal es una de las poderosas razones de la crisis en que se encuentra hoy el catolicismo. Pero parece que ningún jerarca de la iglesia es capaz de desprenderse un poco de esa pesada carga.

Hay otra laguna reflexiva en esta carta pastoral. Aunque León XIV profundiza sobre la manipulación de la comunicación y la posverdad, en relación con la importancia que tiene para la democracia, no dedica un apartado a los posibles efectos que puede tener la IA en los sistemas democráticos. Existe un abanico de percepciones sobre el futuro de la democracia en medio de la manipulación y el control de las grandes plataformas tecnológicas. Hubiera sido de agradecer que la encíclica aludiera a esa grave preocupación colectiva. Porque eso nada tiene que ver con colores políticos y menos aun partidarios, sino con la suerte de un sistema político que permite adoptar decisiones colectivas en paz. De hecho, la encíclica menciona la democracia reiteradamente, pero no tematiza el efecto directo que la IA puede tener sobre la democracia.

¿Estamos en la antesala de una república tecnológica? ¿Se regresa a los estamentos meritocráticos o de otro orden? ¿Cuál sería su arquitectura institucional? Preguntas de este orden también provocan angustia a la colectividad humana, que hubiera sido edificante poder encontrar en la encíclica.

No obstante, con sus luces y sus sombras, Magnifica Humanitas es una muestra de que el nuevo papa, León XIV, esta dispuesto a participar de la necesaria deliberación democrática de nuestro tiempo. Por eso es necesario mantener una interlocución comunicativa con sus proposiciones.

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