Open English: lanzando los dólares por un tubo

Luis Paulino Vargas Solís

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No es que lo diga yo, cuando lo está diciendo gente estudiosa que ha dedicado su vida a esos menesteres: en lo pedagógico y didáctico, recurrir a la plataforma en línea del Open English como estrategia para alcanzar las metas de bilingüismo que a Costa Rica le interesan, es una muy mala idea.

1) La propaganda

Anticipo que, con esto, ocurrirá algo similar a lo que ocurre con las políticas de mini-emprendedurismo.
Si de 100 microempresas, a dos o tres les va bien y salen adelante, la propaganda, con gran fanfarria y estridencia, exhibirá esas dos o tres empresitas. Son los “casos de éxito” tan frecuentes en cursos de gerencia y mercadeo, y tan entrañables para los demagogos de la política, que encuentran ahí una fácil justificación para maquillar sus ocurrencias y disparates.

Es una propaganda engañosa que pone de cabeza la realidad, para aparentar que la excepción es la regla. Nunca se dice nada de las muchísimas empresitas que la pulsean al borde de la extinción, menos querrán decir algo sobre las muchas otras que simplemente desaparecieron.

Y, sin embargo, son esas empresitas fallidas las que deberían interesar más, porque estudiar sus casos daría valiosos elementos para lograr una comprensión más rigurosa de las causas que subyacen a los elevados índices de fracaso de las microempresas.

Apuesto que, con el affaire Open English, ocurrirá algo similar: dentro de dos años, o algo así, veremos a Laura Fernández en un acto pomposo, con Rodrigo Chaves de invitado estrella, presentando dos o tres personas que lograron satisfactorios niveles de bilingüismo.

De los miles y miles que quedaron en el camino, nada dirán.

2) La ideología

O, en el mejor de los casos, Fernández y Chaves apelarán a la frase trillada de “el que quiere, puede”. Que no es otra cosa sino la cancioncita en la que el neoliberalismo resume su sociopática y misantrópica visión del ser humano y de la vida: personas que dejan de ser personas para quedar reducidas a ser individuos solitarios, sin afectos y sin compromisos, sin nexos sociales ni redes de acompañamiento, dispuestos a enfrentar solitos todas las fuerzas del cosmos.

Que, por lo demás, resulta la receta favorita para este populismo autoritario de ultraderecha: individuos que dejaron de ser ciudadanos en cuanto dejaron de sentirse parte de una comunidad, y que, por lo tanto, renuncian a ser agentes participantes en la deliberación y el debate democrático, que desisten de manifestarse, tomar posición y participar en los procesos de toma de decisión sobre los asuntos propios de la colectividad.

En consecuencia, individuos dispersos y atomizados que, por ello mismo, se ven a sí mismos como piezas sueltas dentro de una masa amorfa, cuya única motivación es cantarle loas –en un estado de fanatismo cercano a la hipnosis– a su idolatrado “líder” (o “lideresa”).

Sospecho que esa ideología animó la decisión de recurrir a Open English en vez de trabajar en serio para poner en marcha un programa nacional de bilingüismo, que articule el trabajo y fortalezca los lazos de cooperación entre universidades públicas, MEP e INA, y que logre crear una infraestructura que perdure en el tiempo y dé forma a un sistema sólido para el aprendizaje de inglés, y, eventualmente, otros idiomas.

Con la onerosa contratación de Open English, Costa Rica desiste de desarrollar esa infraestructura y esas capacidades. Le entrega dinerales a esa empresa sin que quede nada perdurable.
Es, en muchos sentidos, como echar dólares por un tubo.

3) El desmantelamiento de lo público

Lo cual nos lleva a otra faceta del asunto, que es, asimismo, un problema que atraviesa trasversalmente todas las políticas de terciarización, o sea, las políticas que ceden a privados la prestación de servicios que, por naturaleza, son de carácter público.

Me refiero al hecho de que esa modalidad de privatización impide invertir para el futuro: se pierde conocimiento y no se construyen infraestructura y capacidades que persistan en el tiempo.

El privado presta el servicio, generalmente más costoso y de menor calidad y cobertura, y no queda ningún acervo de dominio público que sea perdurable.

Todo lo cual es muy consonante con los prejuicios ideológicos del neoliberalismo, pero también muy coherente con los grandes objetivos del chavismo, visto que, siendo el odio a Costa Rica su más poderosa fuente de energía, demoler la infraestructura pública y el patrimonio que nos ha construido como país, está en el corazón mismo de sus intereses.

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