Circunloquio [*]
Son abundantes los ejemplos de personas que se identifican con su rol Un profesor puede sentirse seguro enseñando y vulnerable cuando vuelve a ser estudiante Un jefe que pasa a ser empleado puede sentir que pierde reconocimiento Un médico que se convierte en paciente experimenta una perspectiva poco agradable. La sociedad suele encasillar a las personas en roles (“el experto”, “el líder”, “el que ayuda”), lo que dificulta cambiar de rol.
Yayo Vicente
Me costó años la transición de ser protegido de mis padres a convertirme en su protector. Hubo señales obvias que ignoré, no me atrevía a bajarlos del pedestal donde los tenía. Terminé ejerciendo mi nuevo rol, fue muy gratificante. Algo así como pagar una deuda moral que no estaba en mi contabilidad y no tenía la menor idea de cómo se pagaba.
En el mundo animal lo ejemplos son muchos. Los insectos suelen pasar por varios estados larvarios hasta llegar a su adultez; es sorprendente observar al feo gusano convertirse en la bella mariposa. En los anfibios lo mismo, de renacuajos a ranas. En ellos todos, parece tan natural que no visualizamos ningún esfuerzo.
Así como encontramos personas excepcionales por ser polifacéticas, la mayoría carecemos de esa habilidad. En general, son más abundantes las personas relativamente rígidas en sus roles que las multifacéticas. Esto no significa que la mayoría sea totalmente inflexible, pero sí que muchas personas tienden a identificarse fuertemente con uno o pocos roles.
En general, a las personas les cuesta cambiar de rol (por ejemplo pasar de líder a subordinado, de experto a aprendiz o de cuidador a quien necesita ayuda), suelen presentar ciertos rasgos sicológicos y patrones mentales que limitan la flexibilidad: 1) Les resulta importante mantener el control de las situaciones, cuando el rol cambia, sienten que pierden dominio o autoridad, 2) Su identidad está muy conectada con lo que hacen (“soy el médico”, “soy el jefe”, “soy el experto”), el rol deja de ser algo que hacen y pasa a ser lo que son, 3) Cambiar de rol les implica aceptar cosas que les incomoda (no saber, necesitar ayuda, depender de otros), 4) En el “Modelo de los Cinco Grandes Rasgos de Personalidad” existe un rasgo llamado apertura y quienes puntúan bajo en este rasgo suelen preferir rutinas, estructuras claras y roles definidos, 5) Tienden a ver el mundo en términos de posiciones fijas: arriba/abajo, líder/seguidor, experto/novato por lo que cambiar de posición lo sienten como pérdida de estatus, y 6) Tienen miedo al juicio social (“¿qué van a pensar si ahora soy el que aprende?”, “¿van a creer que ya no soy competente?”)
El camaleón
Los camaleones son reptiles realmente fascinantes por varias características únicas. La más famosa es su capacidad de cambiar de color, pero tienen otros rasgos sorprendentes. Muchas personas creen que cambian de color sólo para camuflarse, pero en realidad esa es solo una de varias razones. Cambian de color para: 1) Comunicarse, los colores les sirven para “hablar” con otros camaleones (colores brillantes → advertencia o agresión, colores intensos → atraer pareja, colores apagados → sumisión o calma), 2) Regular la temperatura, al ser poiquilotermos, dependen del ambiente para calentarse o enfriarse (colores oscuros → absorben más calor, colores claros → reflejan más luz), 3) Estado emocional, el color también cambia según su estado: miedo, excitación, enojo o tranquilidad, y 4) Camuflaje, pueden adaptarse al entorno para esconderse de depredadores.
Debajo de su piel tienen células especiales con cristales microscópicos, al reorganizar estos cristales, cambian la forma en que la luz se refleja, produciendo distintos colores.
Tienen otras cosas increíbles, como: una lengua ultrarrápida que puede salir disparada a gran velocidad para atrapar insectos, ojos que se mueven de forma independiente, con lo que pueden mirar en dos direcciones al mismo tiempo, pies en forma de pinza para agarrarse a ramas.
En cierto modo, el camaleón se ha convertido en una metáfora de adaptación, un animal que cambia según la situación.
El experimento de la prisión de Stanford
Distintos estudios muestran que cuando una persona obtiene poder, se vuelve más impulsiva, presta menos atención a las necesidades de otros y toma decisiones más arriesgadas. Un ejemplo clásico es el experimento de la prisión de Stanford, dirigido por Philip Zimbardo, donde estudiantes que asumieron roles de guardias empezaron a comportarse de forma autoritaria en poco tiempo. Esto sugiere que la situación y el poder influyen en la conducta.
Otra línea de investigación, asociada a Dacher Keltner, plantea que el poder reduce las inhibiciones sociales, revelando rasgos que ya existían. Cuando alguien tiene poder se siente menos vigilado, tiene menos consecuencias inmediatas y actúa con mayor libertad. Tal vez por eso el poder puede amplificar rasgos que ya estaban presentes (alguien generoso → puede volverse más protector, alguien egoísta → puede volverse más abusivo).
“El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente.”
John E. Dalberg-Acton (1834 – 1902), más conocido como: Lord Acton
Muchos psicólogos hoy matizan esta idea: el poder no siempre corrompe; a menudo amplifica lo que ya existe en la persona.
El poder puede modificar el comportamiento por las condiciones que crea, pero también permite que rasgos profundos se expresen con más libertad. En otras palabras: el poder funciona como un amplificador del carácter.
Dos posibilidades
LA PRIMERA: Sin que fuera legalmente posible, el 1ro de febrero hubo reelección. Laura Fernández Delgado ganó con aproximadamente 48,6 % de los votos válidos. Un triunfo incuestionable, las personas no votaron por el Partido Pueblo Soberano ni tampoco por doña Laura, quienes la votaron, lo hicieron por Rodrigo Chaves Robles. Sin disimularlo, su propaganda política y sus discursos fueron alrededor del “continuismo”, de la consolidación de un modelo político i-liberal.
Durante cuatro años y cada miércoles, vimos a un personaje histriónico, la construcción de un culto a la personalidad y de un movimiento sectario.
¿Podrá Rodrigo Chaves pasar de títere a titiritero? Será un cambio de rol cuesta arriba y que no parece sea compatible con su personalidad. Él no tiene habilidades camaleónicas, después de hacer de personaje principal, no se sentirá cómodo detrás de las cámaras o asumiendo un rol secundario. Se siente dueño y único factor que llevó a doña Laura a Zapote y ese endiosamiento le dificultará estar detrás de las bambalinas.
Estamos también pendientes de saber si Laura Fernández Delgado pueda convertirse en un buen títere, reemplazar a un líder que construyó para sí mismo un culto, tampoco es tarea sencilla. Desde una posición de tanto poder, lograr coincidencia en todo y para todo no parece posible. ¿Se reventarán algunos hilos?, un nombramiento o una posición política pueden ser detonantes de los desencuentros. Con hilos rotos el titiritero pierde control y el títere gana libertad.
LA SEGUNDA: La carrera política de la nueva presidenta, pareciera la puede haber modulado para ajustarse más al sentir o idiosincrasia costarricense. Además, está el ego, el experimento Philip Zimbardo, donde estudiantes que asumieron roles de guardias y modificaron su conducta y el poder que cambió de manos. Las transiciones, si sucedieran podrían darse en un proceso lento, digamos seis meses. En algún momento la nueva presidenta querrá imaginarse como la recordará la historia y eso no será poca cosa.
En los próximos meses veremos si tendremos continuismo, un gobierno caótico con el timón roto o nos reencontraremos con el estilo de gobierno que nos caracterizó por 200 años, con diálogo, puentes y solidaridad.
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