Luis Paulino Vargas Solís

Al saberse de su ausencia y quedar todo a cargo del canciller Tovar, el lugar asignado se desplomó al 186.
Luego, tras la repentina destitución de Tovar, y siendo que el discurso quedó a cargo del embajador Boris Vasir Marchegiani Carrero, el sitio asignado a Costa Rica bajó al 193.
Imposible más belleza.
Marchegiani, mejor conocido como “el señor del peluquín”, hizo fortuna participando en el comercio de petróleo durante los primeros años del gobierno del Chávez venezolano.
Cuando llegó a Costa Rica se metió a empresario turístico y adquirió un hotel en Manuel Antonio, el que él llamó hotel Gaia.
Para la adquisición de tal establecimiento turístico recibió en 2006 un crédito por $2,6 millones por parte del Banco Nacional. Desde hace 12 años, al acogerse a un “convenio preventivo”, Marchegiani no abona ni un céntimo a su deuda. Sumados los intereses acumulados, al día de hoy su deuda asciende a unos $8,3 millones, aproximadamente ₡4.610 millones.
Nada de lo cual le impidió aportar muchos millones a la campaña electoral de Laura Virginia Fernández y financiar unas vallas infames que no solo afearon el paisaje de Costa Rica sino que también envenenaron el ánimo de no pocos costarricenses.
El hotel de Marchegiani, el Gaia, es internacionalmente reconocido como un lugar muy apetecido por el turismo gay.
De ahí que resultase altamente sorprendente y disonante escuchar las explicaciones que dio la presidenta Fernández en relación con el nombramiento de este señor como embajador ante la ONU.
Más o menos lo que ella dijo es que el propósito era sacar a Costa Rica de la “majadería de la agenda gay”.
Fíjese usted a quién le encargo esa “misión”.
Vuelvo al inicio: el discurso de Marchegiani ante la ONU.
Vino a comprobar que tenemos como embajador ante el principal foro multilateral del mundo a un señor tan incompetente y limitado que ni siquiera sabe leer bien.
Fue simplemente el broche de oro de una semana de terror en que, gracias a Laura Fernández y el chavismo, Costa Rica hizo el ridículo total ante el mundo.
Pero también fue la evidencia palpable de lo que se logra al convertir los puestos políticos en un botín corrupto destinado a premiar a financistas de campaña, que, por mucho dinero que despilfarren comprando influencias políticas, son solo tipos ineptos y arribistas.
Desde 2022, el chavesto se empeñó en desbaratar el prestigio internacional que Costa Rica logró construir a lo largo de muchas décadas.
En la última semana ese proceso de destrucción se aceleró espectacularmente.
– Economista jubilado
Cambio Político Opinión y análisis


