Luis Paulino Vargas Solís

La cosa le funciona de maravilla siempre que esté entretenido en repartir insultos, decir obscenidades o falsear la verdad.
Pero la cuestión se le pone mucho más complicada cuando intenta articular un argumento de fondo que sí posea densidad y sentido. Muy raramente lo hace y sus asesores de imagen seguramente ya le advirtieron que trate de evitarlo, porque cuando entra en esos terrenos patina con gran facilidad.
Así sucedió en el último “miércoles de circo”.
Se lanzó una monserga, llena de florituras, la cual, sin embargo, desembocó en lo siempre: ataques personales. El objetivo era justificar la negativa de Laura Fernández a cumplir con lo que prometió en campaña: la devolución del ROP a las personas mayores.
Al inicio de su perorata quiso ponerse “académico”. O sea: quiso adentrarse en territorios que exigen lectura, estudio y claridad de ideas. Algo que, como bien se sabe, es completamente ajeno a este personaje.
Le salió horrible.
Se sacó de la chistera un esperpento diciendo que “hay filósofos que aseguran que la máxima expresión de sabiduría” sería que una persona de 80 años dialogue consigo misma cuando tenía 10 años…“y viceversa”.
Supongo que ese “viceversa” significaría que un niño de 10 años, a tan tierna edad, se ponga en diálogos consigo mismo cuando haya llegado a los 80 años.
O sea: una barrabasada. La voló.
Pero ahí no acabó la cosa. Enseguida quiso recordarnos que, presuntamente, es economista.
Y, entonces, nos salió con que “las preferencias de la gente cambian con el tiempo”, para, enseguida, soltar, con gran solemnidad, la siguiente frase: “es toda una rama de la economía: la inconsistencia de las preferencias de las personas en el tiempo”.
Lo cierto es que el núcleo central de la economía convencional ortodoxa no admite tales inconsistencias. Todo su edificio teórico se basa en el supuesto de una consistencia fuerte.
Algunos ramales secundarios de esa ortodoxia se separan, siquiera parcialmente, de esa hipótesis. Destacadamente la economía conductual y algunos modelos de racionalidad limitada, teoría de juegos y neuroeconomía.
En Keynes y en la corriente poskeynesiana ese supuesto nunca ha jugado papel alguno. Su epistemología y su método son completamente distintos. Está igualmente ausente en Marx, en la economía feminista y en la economía ecológica (aunque si está en la economía ambiental neoclásica).
Y, entonces, cuando el expresidente habló de “toda una rama de la economía” ¿tenía alguna noción de lo que realmente estaba diciendo?
Porque, claramente, hay “ramas”, no “una rama”.
Y, en fin, ¿cuál es el pensamiento económico del señor ministro? Es un misterio. Que se sepa, jamás ha expuesto sus ideas de forma sistemática y coherente, ni verbalmente ni por escrito.
Podríamos intentar adivinarlo a partir de su gusto por las privatizaciones, el favorecimiento de sus compinches y financistas, el recorte del gasto público, su preferencia por la promoción de las importaciones y su opción por impuestos regresivos que golpean a los más pobres.
Pero eso nos habla de ideología –la ideología de un neoliberalismo del compadrazgo– pero no de una escuela económica.
Pero sí es sumamente llamativo que Chaves salga con ese discurso, precisamente para justificar lo que a todas luces es una “inconsistencia de las preferencias a lo largo del tiempo” por parte de la presidenta Fernández.
Hace unos meses ella prefería prometer que devolvería el ROP. Hoy prefiere no devolverlo.
Entretanto, Chaves se erige como el redentor que viene a salvar a la gente de la “inconsistencia de sus preferencias”.
¿Alguien le dio a él permiso para que asuma ese papel?
– Econimista jubilado
Cambio Político Opinión y análisis


