Adoptar o adaptar

Pandemia

Yayo Vicente

Costa Rica es un país con sus particularidades. Pequeño, montañoso, en el paralelo 10, una economía modesta, con el mar Caribe de un lado y el Pacífico del otro, Panamá al sur y Nicaragua al norte. Sin yacimientos importantes de cobre, plata u oro, sin un canal, sin mano de obra esclava. El país no tuvo opciones económicas durante buena parte de su historia, solo contaba con una agricultura de subsistencia y una producción agropecuaria que no tenía mercado en el exterior.

Fue en la primera mitad del siglo XIX, con el café, que se transformó en un país agroexportador. En el año 1842, el presidente Braulio Carrillo logró importar seis hachas y anunció que con ellas abriría un trillo para ir al mar Caribe, acercarnos a los países civilizados de Europa y la costa este de EE.UU. Los ticos se concentraban, como hoy, en el valle Central, con mejor clima y buena tierra. Cuatro de las siete provincias tienen un pedacito de ese valle y ahí construyeron las capitales.

Éramos un pueblo aislado, por su geografía, geología y su pobreza. Gente descalza y sin dientes, güilas panzones de lombrices, con mocos que les llegaba al suelo y las sonrisas de quienes no saben que un mundo mejor es posible. Aprendimos a cercar con bejucos y a construir sin clavos. Nos adaptamos, era necesario.

Reinventando la carreta

En esa Costa Rica, tuvimos la necesidad de reinventar la carreta. Fue necesario adaptarla y no sencillamente adoptarla.

Al pensar en la carreta resuena el golpeteo de las ruedas en el hondón del recuerdo y surge casi la obligación moral de hacer justicia conmemorativa a ese factor fundamental de un hermoso período de nuestra historia.
Guillermo Malavassi

La rueda en Europa había sido perfeccionada, se le pusieron rayos, lo que la hizo más liviana y sencilla de fabricar. Al traer el invento mejorado a nuestros caminos de montañas tropicales, el barro que se metía entre los rayos, la atascaba. Lo que es bueno en unas partes, no lo es en otras.

Los habitantes de aquellas épocas no adoptaron las ruedas, las adaptaron, fue así como volvieron a la rueda sólida, primero de una sola pieza y después en gajos, con las partes más duras de la madera. Cada especie tiene una densidad y dureza distinta, así, cuando la rueda pega contra la piedra, “canta”. Cada carreta lo hace de manera distinta y peculiar, el boyero lo sabe y su familia lo oye llegar desde lejos.

Junto a las ruedas, se fueron diseñando los timones y los cajones, perfectamente adaptados a las necesidades. El boyero aprendió cuánto exigirles a los animales, cuánta fuerza podían hacer, sin ese conocimiento se arrancan lo cachos y el buey que tanto aporta, se le quiere y “chinea”, deja de cumplir su tarea.

Las carretas del valle Central tienen dos ruedas y las halan dos bueyes que juntos pesan más que la carreta cargada. Todas culminan su evolución con distintivos y coloridos diseños, lo útil se combinó con lo hermoso. Todas recorrieron el mismo proceso adaptativo y todas son distintas. La adaptación debe ser una actividad continua, de observación, de prueba y error.

Hábitos enlatados

«Cogito ergo sum»
(“pienso, por lo tanto soy”)
René Descartes

Costa Rica, se metió al mundo, no fue tarea sencilla, no fue producto de la improvisación. Los beneficios son numerosos, pero en muchos casos hemos dejado de adaptar.

La economía de Costa Rica es más pequeña que la de casi todas las ciudades de EE.UU. De los cinco millones de habitantes, un millón (20%) están en situación de pobreza y tal vez un millón (20%) tengan ingresos comparables a los de un ciudadano promedio estadounidense. Eso significa que las reglas del mercado, en muchas actividades, no funcionan en el país. El laissez faire, laissez passer en el ámbito económico, funciona mejor en economías grandes, pues la “mano invisible” se vuelve torpe e inservible en mercados imperfectos.

Las ideas enlatadas son fáciles de adoptar, pero no se ajustan a las particularidades de nuestro país. Algunos ejemplos pueden ayudarnos a comprender mejor.

  1. Los “importadores” de ideas enlatadas, nos quieren convencer de liberar el arroz a la oferta y demanda. Los estudios económicos de la Universidad Nacional, son claros en concluir que la regulación es de gran beneficio, permite producir buena parte del consumo en suelo nacional a precios justos para el productor, al mismo tiempo el consumidor no ha sido sometido ni a carecía ni a carestía. Más bien deberíamos de estudiar el modelo del arroz, para ver la posibilidad de aplicarlo a otros alimentos de la canasta básica.
  2. La producción de leche en Costa Rica, es el resultado del esfuerzo de más de cien años de aprendizaje, selección genética, control de enfermedades, incorporación de tecnología y un empresario capaz. Algunos sin embargo, gritan que el éxito debe ser castigado. Nos dicen que el sistema cooperativo, que consigue distribuir el precio en toda la agrocadena y pagarle al productor más (que el precio que recibe su homólogo en otros países), es pernicioso.
     
    Cuando la etapa de industrialización está desvinculada con la producción, la industria paga lo menos que puede al productor y vende al mayor precio posible al consumidor. ¿Eso queremos para Costa Rica?
  3. Aquí no se privatizaron las empresas estatales, se les puso competencia. Para que la banca estatal compitiera con la privada, se recurrió entre otras cosas, a premiar a los empleados con las ganancias obtenidas. La banca estatal de hoy, mejoró mucho en atención al cliente, es más expedita y obtiene más ganancias. ¿Qué pasó con la adaptación? Tal parece que nos detuvimos.
     
    El Estado Costarricense tiene bancos para intervenir en el mercado financiero. El problema es que la banca estatal dejó a un lado el financiamiento para el desarrollo, para el sector agropecuario y hasta para las tarjetas de crédito. Compite por los negocios financieros más seguros y rentables y soslaya los de mayor interés social. Financia gasto y no inversión.

    La banca estatal debe volver a nacionalizarse y darle el rol de apoyar las políticas públicas del país. Competir en tasas de interés hacia abajo y no buscar un nicho confortable de tasas altas.

  4. Las universidades estatales también deben volver a nacionalizarse. Su matrícula debe responder a la composición de la población del país, por etnias, ingresos y demás variables sociales. No hemos valorado el impacto de los centros universitarios regionales: ¿de verdad ofrecen lo mismo que las sedes centrales?, ¿serán los profesores de las mismas calidades que las sedes centrales?
     
    Stanford University, University of Cambridge, Harvard University, University of Oxford, por citar cuatro universidades de gran prestigio, no tienen ese modelo de agencias. La Universidad de Princeton, contó con los servicios de Albert Einstein, en su sede para sus alumnos, la Universidad de Costa Rica contrató a don Constantino Láscaris, quien dio clases en su sede en Montes de Oca. Los mejores docentes no pueden partirse en pedazos y repartirse.
  5. Luego de las ilusiones vinieron las desilusiones. En medio de la pandemia y en la antesala de un rebrote, no ha sido posible contar con el suero equino. La pandemia sigue su ritmo y la burocracia de la CCSS en una realidad distinta. Sin reactivos “in house”, sin ventiladores “Made in Costa Rica”, sin antivirales … Hemos adoptado tratamientos “enlatados” que hubo que descartar y menospreciado el esfuerzo nacional.

Cada vez se vuelve más necesario adaptar al ICE, INS, CCSS y al resto de la institucionalidad, a las necesidades actuales y al país que deseamos. Lo hicimos con la carreta, hagámoslo con todo lo demás.

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PANDEMIA. El fenómeno salud-enfermedad, es complejo y cuando se escala a una población, se le suman infinidad de nuevas variables, haciéndose todavía más intricado. Poner en palabras simples lo que todavía no termino de comprender, ha sido mi reto durante la pandemia por COVID-19.


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